martes, 24 de mayo de 2011

Dilema

Tradicionalmente se ha dicho que la mujer no tenía deseos sexuales. Las infidelidades masculinas eran disculpadas porque el hombre -según se aceptó históricamente-, experimenta deseos sexuales con más intensidad; le es inevitable escapar a sus demandas.




Dice Merleau-Ponty (1945): "Un espectáculo tiene para mí una significación sexual, no cuando me represento, siquiera confusamente, su relación posible con los órganos sexuales o con los estados de placer, sino cuando existe para mi cuerpo, para esta potencia siempre pronta a trabar los estímulos dados en una situación erótica y ajustar una conducta sexual a la misma. Se da una 'comprensión erótica' que no es del orden del entendimiento, porque el entendimiento comprende advirtiendo una experiencia bajo una idea, mientras que el deseo comprende ciegamente vinculando un cuerpo a un cuerpo. Incluso con la sexualidad que, no obstante, ha pasado mucho tiempo por ser el tipo de la función corpórea, nos enfrentamos, no a un automatismo periférico, sino a una intencionalidad que siga el movimiento general de la existencia y que ceda con ella." ( Fenomenología de la Percepción. Ed. Península. Barcelona.1975. Cap-V. El cuerpo como ser sexuado.Pág. 173)




El autor compara al ser humano normal con un enfermo: Schneider. En él , la percepción ha perdido la estructura erótica. Leyendo su pensamiento se me ocurrió relacionar lo que afirma en ese texto con la conocida afirmación referente al deseo sexual en las mujeres mencionado.


Sexualidad, conocimiento y acción, los tres sectores del comportamientos, manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral.


En este aspecto, reivindica el aporte del psicoanálisis freudiano, al descubrir en las funciones que se tenían por 'puramente corpóreas', su relación dialéctica con los demás comportamientos.


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