miércoles, 9 de julio de 2008

Tomado de Músicos y relojeros, de Alicia Steimberg

"Para ilustrar estos conceptos, cuando estuve en edad, mamá puso en mis manos una nutrida bibliografía. Eran libros que habían estado en boga en su juventud, en los albores de la educación sexual.
En uno de ellos decía:
"En el hombre el ejercicio de las funciones sexuales se reduce a la satisfacción de una necesdad orgánica que se revela`por las imperiosas exigencias del instinto de propagación, con sus sentimientos, y a un fenómenocomplejo de secreción yu excreción que tiene lugar en condiciones especiales.
"En la mujer puede más el sentimiento que el instinto reproductor, más el amor que los deseos; el hombre solicita, la mujer acepta (si es estúpida, che, acotaban las fieras), predominando en ella las ilusiones inherentes a los deberes de la maternidad." Dr. Francisco Otero, Higiene General, Buenos Aires, 1919.

Había mujeres, decían las fieras (así llama la persona que narra a las hermanas de la madre) a quienes les gustaba eso. Eran unas locas de mierda, buscaban a los hombres sin distinción de estado civil, y eran un peligro constante para los hogares decentes. Entre estas mujeres que "no tenían nada que perder" figuraban las actrices, las bailarinas, las enfermeras, las mucamas y las empleadas de Correos. Entre las decentes figuraban las maestras, las farmacéuticas, las bibliotecarias y las amas de casa con hijitos, salvo, por supuesto, algún raro desvío en uno u otro caso."