domingo, 3 de agosto de 2008

LA MUJER EN LA OBRA DE EUGENIO CAMBACERES, ESCRITOR DE FINES DE SIGLO XIX (1843-1888)

PROGRAMA IBEROAMERICANO DE ESTUDIOS
SOBRE IMAGINARIOS – IDEI- I º Encuentro de Investigadores del Programa IDEI- 22,23 y 24 de noviembre de 2006 La Plata- Argentina


Tomamos arbitrariamente, la imagen de mujer que, -finalizando el siglo XIX- aparecía en la obra de uno de los escritores de mayor nombradía que inauguró la novelística en la República Argentina. Me refiero a Eugenio Cambaceres, representante de la corriente literaria naturalista y reconocido como exponente inconfundible de la “generación del 80”
Dice Francine Masiello: “En la Argentina de esos años, el discurso liberal se reformula para explicar la problemática de la modernidad en relación con el trabajo y el vicio. Aquí el protagonista es el dinero, su cómplice la mujer. Los textos canónicos de la generación del 80 –pienso en las novelas de Cambaceres, Martel, y Sicardi– ya representan la «maldad» femenina ligada con los cambios sociales de la modernidad. Temerosos de la mujer independiente, de la que defiende sus derechos al trabajo, al cuerpo, y al placer, los intelectuales de la generación del 80 forjan un discurso sobre los excesos femeninos, sobre el delito de la prostitución, y el cáncer de la delincuencia. De ahí que el cuerpo de la mujer moderna ocupe un lugar en los textos como objeto de las fantasías paranoicas de una clase dirigente amenazada; también se le designa como fuente de la mentira y de la productividad textual.1”


Antes de continuar debo decir que su libro Sin rumbo es el testimonio de la visión que mi antiguo profesor de filosofía – Ezequiel de Olaso- presenta en “Notas para una discusión sobre la cultura del ochenta” : “pensar que la élite ilustrada de la generación del ochenta se dio como proyecto hacer de la Argentina una nación moderna y rica, es una simple fantasía.” Ese proyecto -según de Olaso- no existió nunca.
En particular, la forma de vida del protagonista de Sin rumbo como el de Potpurri
(Potpourri Silbidos de un vago / 1882



En el cap. III de esta novela, hay una descripción de un desilusionado . Primeros párrafos:

“Llevado por mi carácter habitualmente jovial, preparábame a pasar un buen rato encarando a la humanidad por su lado alegre y ridículo, cuando de súbito se produjo en mí uno de esos cambios bruscos que inconscientemente suelen experimentar los hombres que, habiendo agotado la vida, mucho han gozado y también mucho han sufrido.
El recuerdo del placer que empalaga y del dolor que harta, trae aparejado un desencanto profundo y, como consecuencia de él, se despiertan sentimientos de perversidad que espantan y producen el horror de uno mismo, luego que la ofuscación pasa.
Hallábame en uno de esos momentos fatales; el demonio de la murmuración aguijoneaba mi espíritu.
Sentía despertarse en mí, viva, punzante, la índole del mal; hubiera llegado hasta clavar mis dientes para desgarrar con ellos la blanca túnica de la virgen, y, al través de esa verdadera rabia de dañar que me asaltaba, todo me parecía revestir las formas más odiosas.”

Esta forma de sentir -muy parecida a distintos personajes de la literatura de la época-, pareciera dar argumentos a favor de la ausencia de ese proyecto de país. Más bien se evidencia una generación que piensa en sí misma, en sus intereses de clase

Eugenio Cambaceres, perteneció a una familia adinerada, dueña de tierras. Estudio en el Colegio Nacional, se graduó en la Facultad de Derecho, fue diputado de la ciudad de Buenos Aires y luego elegido diputado nacional. Murió en Francia a los 45 años.

Con sus obras se inicia el naturalismo en la Argentina. Corriente ésta que despertó encendidas polémicas para terminar imponiéndose sobre la novela romántica. Se puede decir que el naturalismo argentino adoptó más los mecanismos y las técnicas zolianas que sus objetivos fundamentales. Zola atacaba a la clase dirigente de la burguesía francesa en cambio los naturalistas argentinos terminaron por defender la clase dominante a la cual pertenecían.
Los cultivadores de esta corriente literaria en Argentina son, por lo general, miembros de la burguesía más conservadora y conciben sus creaciones como una vía más de canalización de su ideología política. El debate naturalista sobre la adecuación del individuo al medio sirve aquí para reavivar viejas polémicas locales, como la contraposición entre americanismo y europeísmo o entre civilización y barbarie, que había planteado Sarmiento tiempo atrás.

El grupo de escritores conocido hoy en día como Generación del 80, fecha alusiva a la federalización de Buenos Aires y la consiguiente ciudad nacional Los miembros de esta generación pertenecen a la alta burguesía criolla, son de ideología conservadora y fieles seguidores de la cultura y las modas europeas. Su pensamiento se nutre a partes iguales de los aportes de los teóricos positivistas del viejo continente y de los intelectuales argentinos de la época anterior, como Echeverría, Alberdi o Sarmiento.
De hecho, en los tratados teóricos y en las obras de creación de estos hombres del 80 se desarrolla con cierta amplitud la mencionada dicotomía sarmientina civilización/barbarie. y se identifica habitualmente esta última instancia con la gran masa de población inculta, que no tiene capacidad de pensar ni de decidir por si misma.

En el libro de Cambaceres, Sin rumbo, aparecen tres imágenes de mujeres, las cuales intento mostrar a partir de las palabras que utiliza el escritor. Como dice Georges Duby: “Para mí lo importante es la imagen que proporcionan de una mujer y, a través de esa imagen, de las mujeres en general, la imagen que el autor del texto se hacía de ellas y que quiso entregar a quienes lo escucharon”
Es evidente que el autor reduce la mujer a su cuerpo; la mujer es un cuerpo cuya finalidad es la de excitar visualmente al hombre. La mujer es un objeto de placer:
“La limitación estrecha de sus facultades, los escasos alcances de su inteligencia incapaz de penetrar en el dominio profundo de la ciencia, rebelde a las concepciones sublimes de las artes; la pobreza de su ser moral, refractario a todas las altas nociones de justicia y de deber; el aspecto mismo de su cuerpo, su falta de nervio y de vigor, la molicie de sus formas, la delicadeza de sus líneas, la suavidad de su piel, la morbidez de su carne ¿no revelaban claramente su destino, la misión que la naturaleza le había dado, no estaban diciendo a gritos que era un ser consagrado al amor esencialmente, casi un simple instrumento de placer, creado en vista de la propagación sucesiva y creciente de la especie?)

Marieta Amorini :
Cambaceres la introduce describiendo su aparición espectacular:
“Era la prima donna, la célebre Amorini que triunfalmente hacía su entrada envuelta en pieles y terciopelo.”
No nos interesa saber si es extranjera o nativa, como mujer-objeto, impondrá la moda entre ciertas mujeres de la alta sociedad.
“Alta, morena, esbelta, linda, sus ojos hoscos y como engarzados en el fondo de las órbitas, despedían un brillo intenso y sombrío; el surco de dos ojeras profundas los bordeaba revelando todo el fuego de su sangre de romana. Desnuda, se adivinaba en ella la garra de una leona y el cuerpo de una culebra.”
La descripción avanza sobre las manos y los pies de la prima donna.
Me detengo en estas descripciones porque ellas referencian los distintos tipos de mujer que el autor pone en la novela.

“(...) y le alargó la mano, una mano cargada de sortijas, afilada, carnosa, suave.”
“Los ojos de aquél se detuvieron entonces en el pie de la prima donna, cuyos dedos se dibujaban calzados por los dedos de seda de la media, en la inflexión elegante de su pierna, a la vez esbelta y gruesa, que el recogido de su pollera de Aída descubría hasta más arriba de la rodilla.”

Donata:
La otra mujer que aparece en Sin rumbo, será Donata, la “chinita”. Ella, como la tierra, es cálida y está destinada a dar vida, para la sobrevivencia de la especie.
Cito nuevamente:
“El óvalo de almendra de sus ojos negros y calientes, de esos ojos que brillan siendo un misterio la fuente de su luz, las líneas de su nariz ñata y graciosa, el dibujo tosco, pero provocante y lascivo de su boca mordiendo nerviosa el labio inferior y mostrando una doble fila de dientes blancos como granos de mazamorra, las facciones todas de su rostro, parecían adquirir mayor prestigio en el tono de su tez de china, lisa, lustrosa y suave como un bronce de Barbedienne!.”

Es evidente la transferencia de lo que el protagonista siente a la descripción de esta mujer. La anterior descripción era distante, fría, a pesar de la relación amorosa que el personaje mantiene con la cantante de ópera.
La descripción de Donata, en cambio, está cargada de la sensualidad que nace del deseo del protagonista.
El autor pone en boca del mayordomo Villalba –figura mediadora entre el patrón y los peones- las siguientes palabras caracterizando la clase de mujeres a la que pertenece Donata:
“Si estas, patrón, son como hacienda, (...) conforme cualquiera las atropella, ahí no más se echan”

Andrea
Hay una tercera mujer, Andrea. Leamos cómo describe el efecto que produce esta mujer en el protagonista:
“Ella, en fin, su genio bienhechor, la hechicera cuyo mágico poder de encantamiento había tenido el prodigioso don de transformarlo, de convertir sus odios en un amor infinito, amor a los hombres, a los animales, a las cosas, a él, al mundo, ¡a todo!”

Esta mujer/niña nacida de la violación de Donata por parte del protagonista, encarna al ángel bueno o la hechicera benévola que opera la conversión del mal en bien.
La mirada positiva que observamos sobre esta mujer, no es ajena al hecho de que Andrea sea la hija del protagonista; además, el bien que prodiga Andrea no es intencional, ya que, si así fuera, se le estaría otorgando una subjetividad, la cual en toda la novela es monopolio del hombre.

Conclusión
Me he detenido a analizar las tres imágenes de mujer presentes en esta novela del siglo XIX porque aparecen al interior de una corriente literaria -el naturalismo-, que recién se instala en nuestro país, dejando atrás la novela romántica. Además pertenecen a un autor que se considera el fundador de ese tipo de novela si bien no deja de ser una copia de la novela naturalista francesa de Zola.
Esas imágenes presentan contornos esquemáticos, reducidos y parciales. En sus descripciones observamos que la minuciosidad desplegada en la generosa descripción del protagonista, disminuye intencionalmente cuando se refiere a personajes femeninos.
Transcribo un párrafo en el que el autor se expresa acerca del protagonista:
“Abandonado Andrés a su negro pesimismo, minada el alma por la zapa de los grandes demoledores humanos, abismado el espíritu en el glacial y terrible “nada” de las doctrinas nuevas, prestigiadas a sus ojos por el triste caudal de su experiencia, penosamente arrastraba su vida en la soledad y el aislamiento.”
Por eso mismo esas imágenes de mujeres no llegan a referenciar un ser humano-sujeto-femenino, un par del ser humano-sujeto-masculino.
Este tipo de percepción y descripción de los personajes femeninos podríamos decir que es muy parecido o que expresa muy pocas variaciones en otros escritores de la época.
En casi todos ellos está presente un pensamiento positivista que, por su acentuada valoración de lo racional, lo mensurable, lo verificable, tendrá en menos los sentimientos, los pensamientos religiosos que nacen de las creencias, las intuiciones y los impulsos que de ellos nacen. Todo eso que es considerado como ininteligible es lo que caracterizará el género femenino.

No obstante ser un caso singular, el de Eugenio Cambaceres, considero que me permitirá tener un punto de partida para el siguiente estudio de la imagen femenina perteneciente ya a la literatura del siglo XX en la Argentina. Me refiero a la obra de Manuel Gálvez: Nacha Regules,


Bibliografía y notas aclaratorias
1) Masiello Francine: Voces de(l) Plata: dinero, lenguaje y oficio literario en la literatura femenina de fin de siglo. .En AAVV: Mujeres y cultura en la Argentina del siglo xix. Ed Feminaria Editoria. 1994. pág. 39
2) Cfr.: de Olaso, Ezequiel en La Argentina: del Ochenta al Centenario (comp.), Bs.As. Sudamericana 1980, p.697
3) Cambaceres, Eugenio: (Potpourri Silbidos de un vago / 1882 Fuente: Tercera edición, Librería Española y Americana, E. Denné, París, 1883. Cap.III
4) Ver Nota al final
5) Cfr. Mujeres del siglo XII de G. Duby.
6)Cambaceres, Eugenio (1883): Sin rumbo. Editorial Beybe. Bs. As. 2º ed. 1944,pág.130
7) ob.cit. : pág. 53 , ss.
8) Op. cit. pág. 25


NOTA
Características que identificaron a la “Generación del 80”:
En lo económico, la inserción de nuestro país en la división internacional del trabajo a partir de la producción de materias primas y alimentos y la importación de la mayor parte de los productos elaborados que se consumían en el mercado interno. En lo social, el tratar de cambiar usos nativos a través de la inmigración de mano de obra y tratando de europeizar nuestras costumbres. En lo político, la conformación de un estado moderno a partir de instituciones a imitación de la Europa de fin de siglo con el propósito de ofrecer garantías a los capitales extranjeros que invertían en nuestro país. Por otra parte Europa tiene necesidad de colocar un excedente de producción y de población, asimismo necesita de alimentos y de materias primas. Para asegurar la ansiada meta del progreso, los distintos sectores le atribuían a la educación una relevancia singular queriendo alfabetizar a la masa de argentinos que vivían bajo un índice de analfabetización extraordinario, pero más necesaria fue la educación de la elite dirigente que debía pasar por la universidad si quería acceder a una posición destacada dentro de la carrera política para alcanzar el poder. Esta generación aprendió que la libertad individual era el valor supremo que el Estado debía defender y que el librecambio comercial era el sustento de toda política económica, pero no advirtió que esa libertad era privilegio de los fuertes y en la Argentina los fuertes no fueron precisamente los nativos, que el librecambio solo servía para consolidar al capital extranjero y que los sagrados derechos y garantías eran solamente excusas para amparar a las compañías extranjeras cuando buscaban eludir los impuestos nacionales o no querían someterse a las leyes justas de la Nación. La ideología que adoptó esta generación fue el reflejo de los sentimientos e intereses de los terratenientes, su gobierno fue el gobierno de los selectos y de los iluminados. Bajo su influjo Buenos Aires dejó de ser la gran aldea para transformarse en una urbe cosmopolita de carácter, como ya dijimos, europeizante ya que la educación universitaria a la que nos referimos anteriormente tenía que venir de Londres y Paris. El positivismo fue su filosofía: orden y progreso. Este lema, que se lo debemos a Comte, fue la bandera de su accionar. Progreso significó crecimiento y modernización. Orden consistía en crear las condiciones de tranquilidad en las cuales debía encontrarse el pueblo para permitir la proyección del progreso sin pausa.
La segunda mitad del Siglo XIX trae el triunfo del capitalismo industrial y con ello el aumento de la demanda de materias primas. La mejora en los transportes permiten el traslado de millones de inmigrantes que van a satisfacer la creciente demanda de mayor producción. En este mundo de progreso y cambio se inserta la Argentina a través de la expansión de su producción agropecuaria produciéndose entonces el fenómeno de un extraordinario crecimiento en su economía pero para ello fue preciso conquistar la Pampa Húmeda expulsando al indio y sometiendo todo el territorio nacional a la voluntad del gobierno central, de esta manera indios y gauchos fueron sacrificados en beneficio del sistema. La riqueza generada se derrocharía en la construcción de palacios, monumentos y lujo a la europea.
Esta generación fue un fenómeno cultural trascendente, fruto de la política educacional liberal, querido y logrado por un plan meditado. Sus hombres oscilaban en los 30 años de edad en consecuencia no habían vivido la época del federalismo. Conocieron como una única realidad nacional la de los gobiernos liberales posteriores a Pavón y se formaron en los Colegios Nacionales lo que les permitió pertenecer a los grupos privilegiados convirtiéndose en ilustrados a la europea y aptos para integrarse a la política, a la burocracia y al ejercicio de las profesiones liberales ocupando los mejores cargos. Sin trabas morales para sus ambiciones dejaron de lado los principios éticos de sus antecesores y las costumbres tradicionales creando un nuevo estilo de vida, aprovecharon los empréstitos, los juegos de la Bolsa, el hipódromo y los naipes, que se hicieron sus costumbres y le otorgaron dinero fácil que les permitió acceder al despilfarro, a las viviendas más suntuosas, a la vestimenta europea y gozar de todos los lujos.
Con ellos comenzó la corrupción fenómeno nuevo en el país, salvo algunos pocos casos anteriores. Esta generación fue ajena al sentir nacional, inescrupulosa, dilapidó la riqueza de la Nación empobreciendo al país y exaltando como únicos valores culturales los propios de Europa, logrando también imponer en el país el respeto sagrado al capital extranjero.

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