lunes, 7 de septiembre de 2009

Ideas fijas...


Fotografía de Joel Peter Witkin

No quiero seguir pensando en todo aquéllo. Pero me cuesta apartarlo de la mente. Algunas veces pienso que mi otro yo fabuló toda esa historia para entretenerse. Pero, también aparece otra idea que refuta lo anterior. Entonces me doy cuenta que tiene el mismo peso, gravita de la misma forma una u otra de las dos posibilidades. Y ese es el gran dilema. Si nunca hubiera sucedido ¿por qué es tan claro su recuerdo, por qué hasta revivo la sensación del miedo que sentí a que nos atraparan con eso en el bául? Además, odio la complicidad que se estableció con mi hermano porque sin su ayuda nunca hubiera participado en algo así. La mayoría de las veces me siento más motivada cuando trabajo en grupo o en equipo. Pero, después de revivir la intensidad de esa vivencia, respiro y me digo, ¡vamos, si eso no sucedió nunca! Si todo fue el producto de tu imaginación o el contenido de uno de los tantos sueños-pesadilla que por esa época me atormentaban. Era una época de muerte y terror...
Cuando estábamos entre amigos, sólamente en esos momentos, nos animábamos a comentar lo que sabíamos: quienes habían escapado, quienes habian "sido boleta" quienes habián sido "chupados",... Y si sabíamos algo muy serio, hasta optábamos por hacer como el perro que se comió los chorizos del asado. Desde esa época ,me quedó la inclinación por una proposición que dice: Más vale callar y pasar por tonto que hablar y despejar las dudas. Algo mencionábamos como si estuviéramos hablando de un buen libro que habíamos terminado de leer.
En fín, esos momentos funcionaban como descansos de la tensión permanente en que nos hacía vivir el miedo. Pero el descanso duraba poco, siempre duraba muy poco. Pegado al último beso y abrazo de la despedida, se nos ganaba nuevamente en el alma el dolor que produce el miedo intenso.
Recuerdo que costó un gran esfuerzo hacerlo entrar en el baúl del coche.
Pesaba y se nos escapaba de las manos, ¡agarralo fuerte! ¡que se te cae otra vez! ¡por favor, apurate! ¡no doy más, tengo miedo!

Después salgo de ese pozo oscuro; me alejo de la sombra de ese recuerdo,... No existe nada de todo eso que aparece en mi mente; nunca existió; nunca lo comenté ni siquiera con la persona que aparece como mi cómplice.
Ahora me pregunto: ¿por qué uso ese término: "cómplice"? ¿Es que realmente hubo algo donde alguien me ayudó o fui yo quien ayudó?
Tampoco puedo ir por la vida preguntando a mis amistades si en el pasado me ví envuelta en algo parecido a un crimen... ¿Quién puede hacer eso? Nadie.
Es cierto que dos o tres años después del tiempo de hierro y horror, yo caí en una histeria, padecí amnesias parciales,... y decidí iniciar un tratamiento psiquiátrico.
El tiempo como una gasa pesada fue velando capa tras capa, el pasado.

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