¡Gracias por aceptar mi invitación! No esperes encontrar multitudes sólo un puñado de seres humanos que se preocupa por no seguir sepultado en las tinieblas de la falta de comprensión y entendimiento por el Otro.
sábado, 26 de enero de 2008
Leer "Sobre sujeto y género" de María Luisa Femenías
Páginas 18 y ss. Toca el tema que estoy trabajando sobre el cuerpo femenino como vivencia y como propiedad. Editorial Catálogos
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Autora: Martha Alicia Lombardelli
domingo, 13 de enero de 2008
Hypatia
Hypatia de Alejandría (370-415)
En un mundo de fanáticos, misóginos y temerosos, no es facil ser mujer que piensa y expresa lo que siente.
En un mundo de fanáticos, misóginos y temerosos, no es facil ser mujer que piensa y expresa lo que siente. En última instancia, siempre se termina ubicada en un espacio que no se eligió voluntariamente.
Hoy no te desollarían,... pero serías vista como la mujer a la que no hay que acercarse porque es "brava"
Una se pregunta qué es ser "brava"? Ser brava significa tomar el destino entre las manos y darle un sentido.
El sentido que una elige y se esfuerza por lograr...
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Mala femina
sábado, 5 de enero de 2008
En la Edad Media...
"Una muchacha sin pudor no es sólo culpable ante ella misma, sino también ante sus padres y su parentela. Por eso has de tener a tus hijas bajo llave, como culpables convictas, y como imprevisoras, a fin de evitar las mordeduras de víbora", dirá Kekaumenos en las postrimerías del siglo XI.En los palacios, en el siglo XI, existían los "apartamento para mujeres" (gynaikonitis), donde se las segregaba.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Mala femina
martes, 1 de enero de 2008
La comedia musical.
Cuando llegamos a la esquina, Marcos y yo, vimos el cartel. “¡Prueba de actores para la futura comedia musical de Pepe Rocha!” Días antes, habíamos ido a tomar mate a la casa de Argelia Chávez y ella nos había comentado acerca de esa prueba. A nosotros nos pareció tentador, pero los dos pensamos que la cantidad de gente que se presentaría, -no por el deseo de actuar, sino más bien por la posibilidad de tener un trabajo-, nos haría encontrar largas colas de hombres y mujeres esperando y soñando con ser seleccionado. Eran tiempos de gran desocupación. En el país se habían implementado las recetas económicas del Fondo Monetario Internacional y habíamos logrado desprendernos de todas las empresas del Estado que, al decir de los economistas de turno, sólo sirven para mantener vagos a costa del erario público. Esta apreciación fue divulgada y asimilada por las almas tiernas.
No nos habíamos equivocado. Estaba lleno de gente mirando el cartel. Además, algunas personas trataban de poner algo de orden y se esforzaban en persuadir a los otros para que aceptaran esperar formando una fila respetando el orden de llegada. También comprobamos que muchos se resistían a alinearse y pugnaban por ocupar el primer lugar. Nos encontramos con Kafka y eso nos alegró. Siempre nos ponía de buen humor cuándo lo veíamos. Tenía una forma de ver la vida tan positiva y una manera de contagiarnos su estado de ánimo que hacía que termináramos agradeciéndole que fuera nuestro amigo.
Como era habitual en él, nos alentó a someternos a la prueba. Nos convenció de que no perderíamos nada con hacerlo. Lo peor que nos podía suceder era ínfimo comparado con el hecho de no tener ni un centavo en el bolsillo por meses y meses. Teniendo que esperar que alguien nos recomendara alguna ONG donde ir a comer a cambio de la promesa de ir a colaborar en la preparación de la comida, o en la búsqueda de alimentos que los pequeños comerciantes de los barrios entregaban diariamente para esos comedores.
-Si son rechazados, -decía Kafka- sólo les quedará la sensación de estar marginados, de palpar una vez más en forma explícita la pesada verdad de vuestras existencias gratuitas.
Recordamos que en el Canal de Televisión del Estado se hacía propaganda para reafirmar lo que decía el cartel. Aparecía Pepe Rocha hablando de que nunca se había defraudado a nadie cuando él se propuso hacer una obra. Las pruebas eran transparentes y no había forma de entrar sin que se aprobaran auténticamente a los aspirantes. Con un poco de autoestima que habíamos logrado infundirnos mutuamente alcanzó para decidirnos a presentarnos. Ambos pensamos que tendríamos que ser muy torpes si no lográbamos un lugar en la obra.
La puerta de la oficina ante la cual estábamos parados seguía cerrada y pudimos encontrar un lugar en la fila cuando los que esperaban aceptaron la propuesta de alinearnos. Rápidamente, Marcos me tomo de la mano y nos ubicamos antes de que la fila concluyera de formarse. Fuimos nosotros mismos, -los que esperábamos- quienes construimos la forma de esperar. La fila fue creciendo y pronto llegó a la otra esquina. Desde ahí siguió creciendo después de haber dibujado un ángulo de 90 grados y recorrer la cuadra perpendicular a la primera. Nosotros perdimos de vista la continuación de la fila. Fue porque de pronto descubrimos a algunos amigos que hacía mucho que no veíamos. Allí estaba Gladys, Viviana y Pablo. Todavía no se habían visto entre ellos pero pronto lo harían y también nos verían a nosotros. No podíamos acercarnos porque corríamos el peligro de quedar fuera de la fila que a esa altura presentaba un aspecto compacto, sin grietas. Así que tuvimos que conformarnos con saludarnos de lejos aunque hubiéramos querido ir a un bar y tomarnos un cafecito caliente con crema o cortado y además unos tostaditos que de sólo imaginarlos se nos hacía agua la boca.
La mano de Marcos se iba enfriando y me di cuenta que la mía también. No alcanzaba el calor que nos habíamos transmitido cuando decidimos quedarnos allí.
Pasados los primeros minutos, divisamos una pequeña familia formada por el padre, la madre y dos adolescentes. Nos preguntábamos si los adultos estarían allí para acompañar a sus dos hijos o porque tenían intención de postularse también ellos dos.
Mientras estábamos tratando de adivinar quien o quienes de todos los que estaban presentes quedarían, notamos que ya había pasado medio día y estábamos transitando las horas de la siesta. Alguien se puso a cantar acompañado por la guitarra que llevaba un pelirrojo. Una joven no muy delgada comenzó bailar sola, pero rápidamente fue imitada por un grupo de cinco personas: una pareja de ancianos, otra de unos cuarenta o cuarenta y cinco años y una niñita. Parecía que entre ellos había una estrecha relación porque no vacilaban en tomarse de las manos y saltar mientras la rueda que habían formado daba vueltas y más vueltas, primero en una dirección y luego en la contraria. Batían palmas y se abrazaban con afecto mientras reían felices.
Cuando quise acordarme de porqué estábamos ahí, noté que eran las cinco de la tarde. Marcos tenía el rostro pálido y cansado. Durante todo el tiempo había estado fumando a pesar de las protestas de muchos de los que estaban en la fila: ¡que no se podía respirar; que alguien sufría de asma y el humo le hacía mucho daño! Marcos optaba por alejarse unos pasos hasta terminar cada cigarrillo y luego volvía a mi lado.
Para distraernos entre nosotros dos le comenté a Marcos qué pensaba hacer con lo que ganáramos en esa obra. Me respondió que era para aguantar unos cuantos días más sin tener que ir a los comedores públicos porque eso lo hacía sentir muy mal. Comprendí que con la poca edad, -en realidad ¿era poca?- que teníamos no era para sentirnos orgullosos tener que depender de la caridad. Tanto su familia como la mía, si bien habían sido gente muy pobre, siempre se ganaron su sustento y el de sus hijos. En cambio nosotros, ni habíamos querido tener hijos porque dudábamos de poder mantenerlos y educarlos. Éramos tantos los que andábamos dando vueltas por la calle, buscando algún trabajito por hora que nos sacara del paso por un día al menos... Además de la penosa sensación de andar buscando trabajo, estaba el tema del clima: el calor extremo o el frío podían llegar a ser un plus de tortura meteorológica. La lluvia y la neblina llegaban a constituir un bello reflejo del estado del alma cuando los días eran grises o cuando no se podía huir de la tempestad o de los humildes chaparrones. El clima se empeñaba en estar presente en nuestros pensamientos cada despertar de cada día.
Ya cuando creíamos que nada iba a pasar y que todo había sido un mal entendido, llegó un coche y estacionó frente a la puerta de la oficina. Bajó un hombre de unos 45 o 50 años y una mujer detrás con un bibliorato y un portafolio. El hombre abrió en forma decidida la puerta después de habernos hecho una breve inclinación de cabeza a modo de saludo vago. La joven entró y a los pocos minutos volvió a salir para decirnos que sólo podía atender una hora, a lo sumo, dos, pero que no nos preocupáramos porque al día siguiente empezarían la prueba a primera hora de la mañana. Esta noticia corrió a lo largo de toda la fila, como un viento entre los árboles. A su paso, las personas que estaban desde muy temprano esperando se iban poniendo de muy mal humor.
Algunos empezaron a vociferar contra todo el mundo y en especial contra aquellos que no vacilaban en burlarse de la gente. Otros, mansamente comenzaron a despedirse asegurando que al día siguiente vendrían temprano para ocupar un lugar más cercano a la puerta de la oficina. No faltaron los que se despedían pero sin ánimos de presentarse nuevamente. Nosotros no sabíamos qué hacer, nos miramos sin hablarnos para ver cada uno en el rostro de la otra persona, alguna señal que indicara qué haría y así poder asentir sin haberse comprometido... Pero esa actitud no sirvió porque tanto Marcos como yo estábamos agotados, con el cuerpo dolorido, con hambre y también frío.
Sin decir palabra, cada uno empezó a caminar sin mirar al otro. Pronto me di cuenta que estaba sola, que ya Marcos se había perdido en el montón de gente que se dispersaba con gestos de ira. No quise esperar para ver si Marcos me alcanzaba, aunque me di vuelta varias veces pero, al no divisarlo ni cerca ni lejos, seguí caminando con paso cada vez más rápido…
No nos habíamos equivocado. Estaba lleno de gente mirando el cartel. Además, algunas personas trataban de poner algo de orden y se esforzaban en persuadir a los otros para que aceptaran esperar formando una fila respetando el orden de llegada. También comprobamos que muchos se resistían a alinearse y pugnaban por ocupar el primer lugar. Nos encontramos con Kafka y eso nos alegró. Siempre nos ponía de buen humor cuándo lo veíamos. Tenía una forma de ver la vida tan positiva y una manera de contagiarnos su estado de ánimo que hacía que termináramos agradeciéndole que fuera nuestro amigo.
Como era habitual en él, nos alentó a someternos a la prueba. Nos convenció de que no perderíamos nada con hacerlo. Lo peor que nos podía suceder era ínfimo comparado con el hecho de no tener ni un centavo en el bolsillo por meses y meses. Teniendo que esperar que alguien nos recomendara alguna ONG donde ir a comer a cambio de la promesa de ir a colaborar en la preparación de la comida, o en la búsqueda de alimentos que los pequeños comerciantes de los barrios entregaban diariamente para esos comedores.
-Si son rechazados, -decía Kafka- sólo les quedará la sensación de estar marginados, de palpar una vez más en forma explícita la pesada verdad de vuestras existencias gratuitas.
Recordamos que en el Canal de Televisión del Estado se hacía propaganda para reafirmar lo que decía el cartel. Aparecía Pepe Rocha hablando de que nunca se había defraudado a nadie cuando él se propuso hacer una obra. Las pruebas eran transparentes y no había forma de entrar sin que se aprobaran auténticamente a los aspirantes. Con un poco de autoestima que habíamos logrado infundirnos mutuamente alcanzó para decidirnos a presentarnos. Ambos pensamos que tendríamos que ser muy torpes si no lográbamos un lugar en la obra.
La puerta de la oficina ante la cual estábamos parados seguía cerrada y pudimos encontrar un lugar en la fila cuando los que esperaban aceptaron la propuesta de alinearnos. Rápidamente, Marcos me tomo de la mano y nos ubicamos antes de que la fila concluyera de formarse. Fuimos nosotros mismos, -los que esperábamos- quienes construimos la forma de esperar. La fila fue creciendo y pronto llegó a la otra esquina. Desde ahí siguió creciendo después de haber dibujado un ángulo de 90 grados y recorrer la cuadra perpendicular a la primera. Nosotros perdimos de vista la continuación de la fila. Fue porque de pronto descubrimos a algunos amigos que hacía mucho que no veíamos. Allí estaba Gladys, Viviana y Pablo. Todavía no se habían visto entre ellos pero pronto lo harían y también nos verían a nosotros. No podíamos acercarnos porque corríamos el peligro de quedar fuera de la fila que a esa altura presentaba un aspecto compacto, sin grietas. Así que tuvimos que conformarnos con saludarnos de lejos aunque hubiéramos querido ir a un bar y tomarnos un cafecito caliente con crema o cortado y además unos tostaditos que de sólo imaginarlos se nos hacía agua la boca.
La mano de Marcos se iba enfriando y me di cuenta que la mía también. No alcanzaba el calor que nos habíamos transmitido cuando decidimos quedarnos allí.
Pasados los primeros minutos, divisamos una pequeña familia formada por el padre, la madre y dos adolescentes. Nos preguntábamos si los adultos estarían allí para acompañar a sus dos hijos o porque tenían intención de postularse también ellos dos.
Mientras estábamos tratando de adivinar quien o quienes de todos los que estaban presentes quedarían, notamos que ya había pasado medio día y estábamos transitando las horas de la siesta. Alguien se puso a cantar acompañado por la guitarra que llevaba un pelirrojo. Una joven no muy delgada comenzó bailar sola, pero rápidamente fue imitada por un grupo de cinco personas: una pareja de ancianos, otra de unos cuarenta o cuarenta y cinco años y una niñita. Parecía que entre ellos había una estrecha relación porque no vacilaban en tomarse de las manos y saltar mientras la rueda que habían formado daba vueltas y más vueltas, primero en una dirección y luego en la contraria. Batían palmas y se abrazaban con afecto mientras reían felices.
Cuando quise acordarme de porqué estábamos ahí, noté que eran las cinco de la tarde. Marcos tenía el rostro pálido y cansado. Durante todo el tiempo había estado fumando a pesar de las protestas de muchos de los que estaban en la fila: ¡que no se podía respirar; que alguien sufría de asma y el humo le hacía mucho daño! Marcos optaba por alejarse unos pasos hasta terminar cada cigarrillo y luego volvía a mi lado.
Para distraernos entre nosotros dos le comenté a Marcos qué pensaba hacer con lo que ganáramos en esa obra. Me respondió que era para aguantar unos cuantos días más sin tener que ir a los comedores públicos porque eso lo hacía sentir muy mal. Comprendí que con la poca edad, -en realidad ¿era poca?- que teníamos no era para sentirnos orgullosos tener que depender de la caridad. Tanto su familia como la mía, si bien habían sido gente muy pobre, siempre se ganaron su sustento y el de sus hijos. En cambio nosotros, ni habíamos querido tener hijos porque dudábamos de poder mantenerlos y educarlos. Éramos tantos los que andábamos dando vueltas por la calle, buscando algún trabajito por hora que nos sacara del paso por un día al menos... Además de la penosa sensación de andar buscando trabajo, estaba el tema del clima: el calor extremo o el frío podían llegar a ser un plus de tortura meteorológica. La lluvia y la neblina llegaban a constituir un bello reflejo del estado del alma cuando los días eran grises o cuando no se podía huir de la tempestad o de los humildes chaparrones. El clima se empeñaba en estar presente en nuestros pensamientos cada despertar de cada día.
Ya cuando creíamos que nada iba a pasar y que todo había sido un mal entendido, llegó un coche y estacionó frente a la puerta de la oficina. Bajó un hombre de unos 45 o 50 años y una mujer detrás con un bibliorato y un portafolio. El hombre abrió en forma decidida la puerta después de habernos hecho una breve inclinación de cabeza a modo de saludo vago. La joven entró y a los pocos minutos volvió a salir para decirnos que sólo podía atender una hora, a lo sumo, dos, pero que no nos preocupáramos porque al día siguiente empezarían la prueba a primera hora de la mañana. Esta noticia corrió a lo largo de toda la fila, como un viento entre los árboles. A su paso, las personas que estaban desde muy temprano esperando se iban poniendo de muy mal humor.
Algunos empezaron a vociferar contra todo el mundo y en especial contra aquellos que no vacilaban en burlarse de la gente. Otros, mansamente comenzaron a despedirse asegurando que al día siguiente vendrían temprano para ocupar un lugar más cercano a la puerta de la oficina. No faltaron los que se despedían pero sin ánimos de presentarse nuevamente. Nosotros no sabíamos qué hacer, nos miramos sin hablarnos para ver cada uno en el rostro de la otra persona, alguna señal que indicara qué haría y así poder asentir sin haberse comprometido... Pero esa actitud no sirvió porque tanto Marcos como yo estábamos agotados, con el cuerpo dolorido, con hambre y también frío.
Sin decir palabra, cada uno empezó a caminar sin mirar al otro. Pronto me di cuenta que estaba sola, que ya Marcos se había perdido en el montón de gente que se dispersaba con gestos de ira. No quise esperar para ver si Marcos me alcanzaba, aunque me di vuelta varias veces pero, al no divisarlo ni cerca ni lejos, seguí caminando con paso cada vez más rápido…
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Producción pesonal
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Origen de las imágenes negativas
Los amantes de René Magritte


Las imágenes negativas que ciertos grupos humanos proyectan sobre otros grupos humanos, nunca son casuales o accidentales. Tampoco obedecen a la ignorancia o el azar.
Normalmente, esas imágenes negativas van asociadas a la discriminación, a la explotación o sirven como argumentación para eliminar al contrario. También pueden deberse al miedo que produce el otro.
Es importante destacar que la imagen negativa será más intensa cuanto más necesaria se haga su explotación. Las mujeres fueron comprendidas como poco inteligentes pero astutas. El hombre siempre se sintió amenazado por la inteligencia de la mujer aunque no ignoró su carácter de astuta.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Estamos pensando...
sábado, 22 de diciembre de 2007
22 de diciembre de 2007
Los seres humanos terminan por odiar las reglas que se imponen. Para encontrarme con José María debía engañar a Ronald: "estuvimos tomando un café en el bar de la esquina."
El bar era un cuarto prestado en alguna casa que nunca más reconoceré; era un abrazo entre los brazos del deseo; era la felicidad que se encuentra en la calidez de dos cuerpos que se demandan; la juventud de nuestras esperanzas decapitadas por algún tabú.
La tibieza de una mano suave aferrando mi cuerpo en la sorpresiva elección de fragmentos ansiosos de caricias.Un lamentar la prisa del reloj empañado por nuestro aliento mientras nos vestíamos de pronta despedida.
Como troncos que alguien amontona intentamos ejercitar la libertad.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
dolores_c_ceres.JPG
lunes, 10 de diciembre de 2007
Estamos pensando...

La otra y yo pensamos que podemos mantener una cordial relación si cada una de nosotras se cuida de no trasvasar su propio espacio en perjuicio del Otro. Es cierto que por momentos no hay nada que haga pensar que somos dos personas, pero otras veces, las diferencias son claras e inocultables. Una recuerda una fecha y la otra sólo tiene presente hechos un poco traumáticos. Tampoco se puede decir que nos complementemos. Nada de eso.
Una carga con la responsabilidad y la otra con la culpa de no se sabe qué.
Se que coincidimos en muchas cosas y que nunca terminaremos por absolutizarnos. La dualidad nos vuelve equilibradas y evita el egocentrismo. Nos da en la unidad, una actitud tolerante y tendiente a ser ecuánime para el Otro.
miércoles, 5 de diciembre de 2007
El crimen pasional, ¿tiene atenuantes siempre?
A la luz del candil
Música: Carlos Vicente Geroni Flores Letra: Julio Navarrine
¿Me da su permiso, señor comisario?
Disculpe si vengo tan mal entrazao,
yo soy forastero y he caido al Rosario,
trayendo en los tientos un güen entripao.
Acaso usted piense que soy un matrero,
yo soy gaucho honrado a carta cabal,
no soy un borracho ni soy un cuatrero;
¡Señor comisario... yo soy criminal!...
¡Arrésteme, sargento, y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente, que me perdone Dios!
Yo he sido un criollo güeno,
me llamo Alberto Arenas.
¡Señor... me traicionaban,
y los maté a los dos!
Mi china fue malvada,
mi amigo era un sotreta;
cuando me fui a otro pago
me basureó la infiel.
Las pruebas de la infamia
las traigo en la maleta:
¡las trenzas de mi china
y el corazón de él!
¡Párese, sargento, que no me retobo!...
Yo quiero que sepan la verdad de a mil...
La noche era oscura como boca'e lobo;
Testigo, solito, la luz de un candil.
Total, casi nada: un beso en la sombra...
Dos cuerpos cayeron, y una maldición;
y allí, comisario, si usted no se asombra,
yo encontré dos vainas para mi facón.
¡Arrésteme, sargento, y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente, que me perdone Dios!
Música: Carlos Vicente Geroni Flores Letra: Julio Navarrine
¿Me da su permiso, señor comisario?
Disculpe si vengo tan mal entrazao,
yo soy forastero y he caido al Rosario,
trayendo en los tientos un güen entripao.
Acaso usted piense que soy un matrero,
yo soy gaucho honrado a carta cabal,
no soy un borracho ni soy un cuatrero;
¡Señor comisario... yo soy criminal!...
¡Arrésteme, sargento, y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente, que me perdone Dios!
Yo he sido un criollo güeno,
me llamo Alberto Arenas.
¡Señor... me traicionaban,
y los maté a los dos!
Mi china fue malvada,
mi amigo era un sotreta;
cuando me fui a otro pago
me basureó la infiel.
Las pruebas de la infamia
las traigo en la maleta:
¡las trenzas de mi china
y el corazón de él!
¡Párese, sargento, que no me retobo!...
Yo quiero que sepan la verdad de a mil...
La noche era oscura como boca'e lobo;
Testigo, solito, la luz de un candil.
Total, casi nada: un beso en la sombra...
Dos cuerpos cayeron, y una maldición;
y allí, comisario, si usted no se asombra,
yo encontré dos vainas para mi facón.
¡Arrésteme, sargento, y póngame cadenas!...
¡Si soy un delincuente, que me perdone Dios!
De qué hablamos cuando hablamos de ciudadanía?...
Interesante aporte de la Dra. Diana Maffia:
"Como dice Seyla Benhabib: “las teorías morales universalistas de la tradición occidental desde Hobbes hasta Rawls son sustitucionalistas en el sentido de que el universalismo que defienden es definido subrepticiamente al identificar las experiencias de un grupo específico de sujetos como el caso paradigmático de los humanos como tales. Estos sujetos invariablemente son adultos blancos y varones, propietarios o al menos profesionales.
Quiero distinguir el universalismo sustitucionalista del universalismo interactivo. El universalismo interactivo reconoce la pluralidad de modos
de ser humano, y diferencia entre los humanos, sin inhabilitar la validez moral y política de todas estas pluralidades y diferencias. Aunque está de acuerdo en que las disputas normativas se pueden llevar a cabo de manera racional, y que la justicia, la reciprocidad y algún procedimiento de universalizabilidad son condiciones necesarias, es decir son constituyentes del punto de vista moral, el universalismo interactivo considera que la diferencia es un punto de partida para la reflexión y para la acción.
En este sentido la ‘universalidad’ es un ideal regulativo que no niega nuestra identidad incardinada y arraigada, sino que tiende a desarrollar actitudes morales y a alentar transformaciones políticas que puedan conducir a un punto de vista aceptable para todos” (Benhabib, 1990: 127).
Así, la crítica feminista al liberalismo contemporáneo impugna la trampa que
encierra el ideal abstracto de ciudadanía, construido a la medida justa de quienes ‘casualmente’ participaron en su definición."
Lo que está en negrita nos pertenece.M.A.L.
"Como dice Seyla Benhabib: “las teorías morales universalistas de la tradición occidental desde Hobbes hasta Rawls son sustitucionalistas en el sentido de que el universalismo que defienden es definido subrepticiamente al identificar las experiencias de un grupo específico de sujetos como el caso paradigmático de los humanos como tales. Estos sujetos invariablemente son adultos blancos y varones, propietarios o al menos profesionales.
Quiero distinguir el universalismo sustitucionalista del universalismo interactivo. El universalismo interactivo reconoce la pluralidad de modos
de ser humano, y diferencia entre los humanos, sin inhabilitar la validez moral y política de todas estas pluralidades y diferencias. Aunque está de acuerdo en que las disputas normativas se pueden llevar a cabo de manera racional, y que la justicia, la reciprocidad y algún procedimiento de universalizabilidad son condiciones necesarias, es decir son constituyentes del punto de vista moral, el universalismo interactivo considera que la diferencia es un punto de partida para la reflexión y para la acción.
En este sentido la ‘universalidad’ es un ideal regulativo que no niega nuestra identidad incardinada y arraigada, sino que tiende a desarrollar actitudes morales y a alentar transformaciones políticas que puedan conducir a un punto de vista aceptable para todos” (Benhabib, 1990: 127).
Así, la crítica feminista al liberalismo contemporáneo impugna la trampa que
encierra el ideal abstracto de ciudadanía, construido a la medida justa de quienes ‘casualmente’ participaron en su definición."
Lo que está en negrita nos pertenece.M.A.L.
Función de la autobiografía femenina
Dice Carmen Hernández en:
Representando las diferencias. Fotografía y feminismo en el cruce de siglos
Publicado en Revista Extracámara. Revista de fotografía, N° 20, Caracas, CONAC, enero de 2003, pp. 49-55.
"Eva Klein ha abordado el panorama teórico de la autorrepresentación como una estrategia desestabilizadora. Para ella, la autobiografía es “un acto de lenguaje: un discurso que juega a..., o que se las arregla, mediante juegos retóricos, tropos y figuras de lectura, para parecer fundado en una realidad. De repente la autobiografía ya no es la narración de la verdad, sino la simulación, la máscara, la impostura. Así, autobiografía y ficción, en lugar de oponerse se solapan”[3]. Coincido con Klein cuando reconoce que la funcionalidad de la autorrepresentación se presenta como “un posicionamiento social” que estimula una relación dialógica entre un yo en acto de conocimiento (referencialmente múltiple) y el yo del texto. De ahí su índole inestable pero estratégicamente creativa en su deseo de rediseñar representaciones identitarias, ya sean sexuales, políticas o sociales. La elección de lo autobiográfico puede ser desenmascarador si se asume como un acto performativo en el cual se manifiesta un yo que se autorreconoce en conflicto de representación."
[3]. Eva Klein (2000): Simulacro e inestabilidad (Modalidades y estrategias de (auto) representación), tesis doctoral, Doctorado en Literatura Latinoamericana, Universidad Simón Bolívar, p. 17.
Representando las diferencias. Fotografía y feminismo en el cruce de siglos
Publicado en Revista Extracámara. Revista de fotografía, N° 20, Caracas, CONAC, enero de 2003, pp. 49-55.
"Eva Klein ha abordado el panorama teórico de la autorrepresentación como una estrategia desestabilizadora. Para ella, la autobiografía es “un acto de lenguaje: un discurso que juega a..., o que se las arregla, mediante juegos retóricos, tropos y figuras de lectura, para parecer fundado en una realidad. De repente la autobiografía ya no es la narración de la verdad, sino la simulación, la máscara, la impostura. Así, autobiografía y ficción, en lugar de oponerse se solapan”[3]. Coincido con Klein cuando reconoce que la funcionalidad de la autorrepresentación se presenta como “un posicionamiento social” que estimula una relación dialógica entre un yo en acto de conocimiento (referencialmente múltiple) y el yo del texto. De ahí su índole inestable pero estratégicamente creativa en su deseo de rediseñar representaciones identitarias, ya sean sexuales, políticas o sociales. La elección de lo autobiográfico puede ser desenmascarador si se asume como un acto performativo en el cual se manifiesta un yo que se autorreconoce en conflicto de representación."
[3]. Eva Klein (2000): Simulacro e inestabilidad (Modalidades y estrategias de (auto) representación), tesis doctoral, Doctorado en Literatura Latinoamericana, Universidad Simón Bolívar, p. 17.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Mala femina
jueves, 29 de noviembre de 2007
Confesión
En ésta tu ausencia presente
quiero confesarte cosas...
Cosas que, sin que yo lo quiera,
se me ríen en el cuerpo y en la piel.
Mi cuerpo,
ése que conociste
antes de quedarse huérfano,
parado en una nube,
como un pájaro triste
hoy se ve.
Cansado de andar solo,
dueño de sí mismo y del tiempo,
pidiéndome disculpas,
anda buscando un límite.
Se interna en los espacios vitales
de los otros
y anda como los gatos,
de noche bajo la luna,
recorriendo ágil,
uno tras otro,
el aliento de los patios.
Mi cuerpo... ese que conociste...
Lo dejo que se vaya,
como si no fuera mío,
que me deje el alma dormida y triste
conmigo.
21 de septiembre de 1978
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Producción personal
Periodismo femenino
"...Iniciaremos nuestro trabajo exhortando a los hombres a la calma de sus pasiones. Nuestro país, destinado por la naturaleza a ser una mansión de delicias, está convertido en un campo de batalla. Los militares, por lo general, gente turbulenta e inquieta, lo han puesto en este estado. Ejercen en las provincias del interior un despotismo inaudito, y es muy singular (que) cubran sus atentados con el pretexto de constituir el país.
Jamás hemos oído que los legisladores de un pueblo sean los fusiles, las espadas y las lanzas. La constitución, como todas las cosas, es buena y duradera mientras se quiere. Más por la fuerza, nadie hasta ahora se ha hecho amar".
El editorial transcripto corresponde al primer periódico, La Argentina, editado en Buenos Aires por mujeres hace 173 años, en octubre de 1830.
Jamás hemos oído que los legisladores de un pueblo sean los fusiles, las espadas y las lanzas. La constitución, como todas las cosas, es buena y duradera mientras se quiere. Más por la fuerza, nadie hasta ahora se ha hecho amar".
El editorial transcripto corresponde al primer periódico, La Argentina, editado en Buenos Aires por mujeres hace 173 años, en octubre de 1830.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Mala femina
lunes, 26 de noviembre de 2007
En la Edad Media...

En ninguna época fue la mujer más insultada, burlada y despreciada como en la Edad Media. Teólogos, poetas, novelistas, juglares y predicadores se encargaban de acusarlas de falsas, hipócritas, coquetas y descaradas.
En el Roman de la Rose encontramos una larga lista que nos alerta sobre la fragilidad, versatilidad e impudencia de las mujeres. Hay menos mujeres buenas que cuervos blancos. Perlas de esa época son: el cinturón de castidad, el derecho de pernada, la persecución de las brujas y el famoso Concilio del año 585, en el cual se debatió calurosamente -entre hombres-, si la mujer poseía o no alma.
En el Roman de la Rose encontramos una larga lista que nos alerta sobre la fragilidad, versatilidad e impudencia de las mujeres. Hay menos mujeres buenas que cuervos blancos. Perlas de esa época son: el cinturón de castidad, el derecho de pernada, la persecución de las brujas y el famoso Concilio del año 585, en el cual se debatió calurosamente -entre hombres-, si la mujer poseía o no alma.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Mala femina
La Monja Alférez: Doña Catalina de Erauso

Nació en 1592. Escapó del convento cuando aún era novicia. Eligió disfrazarse de hombre toda su vida. Recorrió tierras americanas sirviendo como soldado. Algunos dicen que cometió algunos crímenes obligada por la circunstancia de tener que salvar su vida. Sin embargo, el rey Felipe parece que la condecoró y le concedió una pensión vitalicia por los servicios prestados a la Corona y al Papa. Además le permitió seguir usando ropa de hombre.
Yo me pregunto si lo que hizo no fue lo más ajustado que la época le ofrecía a un espíritu inquieto y aventurero como el de ella. Hay una imagen que saqué de Wikimedia que la muestra así.
El fumador de opio, Thomás de Quincey, escribió una novela sobre ella traducida al castellano por el peruano Luis de Loayza y publicada por Barral Editores, Barcelona.
Mi amigo y filósofo, Pablo Viola, que hace años reside en Italia, me la regaló en 1979.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Historia de mujeres
sábado, 24 de noviembre de 2007
Pensamiento crítico: Mujeres en la historia

Pensamiento crítico: Mujeres en la historia
Tomado de Pan y Rosas:
Juana Azurduy
"Feroz y decidida, montó a caballo con la pequeña Luisa y, juntas, se zambullieron en el río. Lograron llegar con vida a la otra orilla. La hija recién nacida quedó a cargo de Anastasia Mamani, una india que la cuidó durante el resto de los años en que su madre continuó luchando por la independencia americana. En 1816 Juana y su esposo, quienes tenían bajo sus ordenes 6000 indios, sitiaron por segunda vez la ciudad de Chuquisaca. Los realistas lograron poner fin al cerco, y en Tinteros, Manuel Ascencio Padilla encontró la muerte. Manuel Belgrano, en un hecho inédito, envió una carta donde la nombraba teniente coronel. La cabeza de Padilla fue exhibida en la plaza pública durante meses, ésta se convirtió en un símbolo de la resistencia. El 15 de mayo de 1817 Juana al frente de cientos de cholos la recuperó."
Tomado de Pan y Rosas:
Juana Azurduy
"Feroz y decidida, montó a caballo con la pequeña Luisa y, juntas, se zambullieron en el río. Lograron llegar con vida a la otra orilla. La hija recién nacida quedó a cargo de Anastasia Mamani, una india que la cuidó durante el resto de los años en que su madre continuó luchando por la independencia americana. En 1816 Juana y su esposo, quienes tenían bajo sus ordenes 6000 indios, sitiaron por segunda vez la ciudad de Chuquisaca. Los realistas lograron poner fin al cerco, y en Tinteros, Manuel Ascencio Padilla encontró la muerte. Manuel Belgrano, en un hecho inédito, envió una carta donde la nombraba teniente coronel. La cabeza de Padilla fue exhibida en la plaza pública durante meses, ésta se convirtió en un símbolo de la resistencia. El 15 de mayo de 1817 Juana al frente de cientos de cholos la recuperó."
jueves, 22 de noviembre de 2007
Sor Inocencia

Ella se dio cuenta que había elegido desde la vaciedad de su existencia. Ser monja la ponía a resguardo de los avateres de la vida; la emparentaba con el hijo de Dios -es decir- Jesús. Pero el que era al mismo tiempo Dios, padre y Espíritu Santo.
Entonces lo poca cosa que significaba ante su padre porque al no poder darle una buena dote y sí sólo un apellido respetable, hacía que nadie la mirara como posible candidata a un casamiento. Esto hizo que su padre le agradeciera sin palabras la decisión de ingresar al convento. Esa fue la triste historia de Sor Inocencia.
Etiquetas:
Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Historia de vida
miércoles, 21 de noviembre de 2007
La mujer castigada
«La mujer de Lot miró atrás y se convirtió en estatua de sal» (Génesis 19,26).
¿Era necesario castigar a la mujer de Lot?
¿Se puede castigar el sentimiento que nos obliga a mirar hacia atrás?
Si lo que hemos vivido nos constituye, ¿por qué clausurar el pasado sin una mirada sobre él?
¿Era necesario castigar a la mujer de Lot?
¿Se puede castigar el sentimiento que nos obliga a mirar hacia atrás?
Si lo que hemos vivido nos constituye, ¿por qué clausurar el pasado sin una mirada sobre él?
Etiquetas:
Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Mala femina
Mujeres en la historia


Admira la rebuscada displicencia de la mujer ante tu mirada.
Y Magritte se divierte cuando juega con el féretro ocupando el lugar de Madame Recamier.
¿Es la imagen ideal de una época o la contradictoria expresión de la burguesía?
Ella se expone incómodamente entre la gran burguesía y la aristocracia francesa de 1795 a 1804.Es sencilla pero ostenta el buen gusto.
Sus pies desnudos en un decorado antiguo la liberan de toda responsabilidad en el presente.
Es un espacio que se beneficia de la fortuna burguesa y la jerarquía aristocrática.
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