Acerca de eso que llamamos arte.
Baudelaire escribió: "que una obra hecha no estaba necesariamente terminada y una obra terminada no estaba necesariamente hecha."
Merleau-Ponty agrega: "La obra consumada no es, pues, la que existe en sí como una cosa, sino la que espera su espectador, lo invita a retomar el gesto que la ha creado y, salvando los intermediarios, sin otra guía que un movimiento de línea inventada, un trazo casi incorpóreo, a reencontrar el mundo silencioso proferido y accesible del pintor (artista)"
Es en los otros que la expresión toma su relieve y verdaderamente llega a ser significación."
¡Gracias por aceptar mi invitación! No esperes encontrar multitudes sólo un puñado de seres humanos que se preocupa por no seguir sepultado en las tinieblas de la falta de comprensión y entendimiento por el Otro.
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jueves, 22 de abril de 2010
martes, 7 de julio de 2009
“Tiempo de soledades”
^Página 12- Domingo, 21 de Junio de 2009
“Hay que poner en revisión el diagnóstico de la subjetividad de nuestro tiempo –sostiene el autor–. No creo que todavía podamos hablar de neurosis: acertaríamos más si ubicáramos en el tejido social de nuestra época el predominio de formas narcisistas y perversas.”
Por Luis Vicente Miguelez *
“Incapaces de atrapar
el tiempo por la cola,
persiguen el suyo propio, girando ciegamente en
un solo momento
que abarca toda su vida.
¿Cuánto puede contener,
pues, un momento?”
John Berger
________________________________________
He tomado la cita del libro Un hombre afortunado, donde John Berger realiza una profunda y sentida narración de la vida de un médico rural y del lazo que lo une a la pequeña comunidad en la que ejerce su profesión. Este texto constituye a mi modo de ver un lúcido ensayo sobre el oficio de curar. La manera en que este médico aborda la consulta pone de relieve lo que generalmente ésta evade. Berger comenta que se percibe en él la voluntad férrea del hombre que intenta reconocer al otro, y, aunque a veces fracase, se lo considera un buen médico porque, sobre todo, satisface las tácitas expectativas de fraternidad del enfermo. A lo que se está refiriendo no es, por supuesto, a que se comporte como un hermano real: lo que se le pide implícitamente al médico es que reconozca a su paciente con la certeza de un hermano ideal.
Berger reflexiona sobre un aspecto que excede el dominio de la medicina propiamente y entra en el terreno más amplio de lo clínico. Dice que Sassall, que es el nombre del protagonista, hace algo más que tratarlos cuando están enfermos: es el testigo objetivo de sus vidas. Sassall no es el árbitro último de sus litigios. Le cabe una denominación más humilde: la de archivero, el archivero de su historia. Lo que Sassall archive, sigue relatando Berger, nunca se elevará a una instancia superior: sencillamente mantiene los archivos para que ellos mismos puedan consultarlos.
Manera, a mi entender, sutil y perspicaz de hablar sobre el quehacer clínico. Archivero de la historia es una metáfora que ilumina el lugar reservado al psicoanalista, desde el cual se generan las interpretaciones más logradas, las que no se sostienen en lo sabido sino en lo verdadero que surge del decir sobre lo dicho.
Si he tomado como punto de partida estas reflexiones es porque considero que en nuestra época escasea, por no decir que se va perdiendo irremediablemente, este vínculo con el otro. Expectativas de fraternidad y reconocimiento son, hoy día, más bien asuntos de alguna reflexión filosófica que de la práctica cotidiana.
Pareciera que nuestra época quisiera aferrarse a ese no-tiempo, hacer de él un ideal de vida, donde, mientras todo simula ocurrir a altas velocidades, el tiempo verdaderamente no transcurre y se experimenta una especie de sucesión eternizada sin acontecer.
Se nos ofrece habitar ese notiempo de la imagen perpetuada, exasperada hasta el extremo de su enrarecimiento. El sujeto del siglo XXI estaría bien dispuesto a dejarse acondicionar por una batería de píldoras, implantes y emparches, que se le prometen como amortiguación tecnológica al impacto del vivir, del transcurrir temporal de la existencia.
Considero que, en estos tiempos que nos tocan vivir, un nuevo objeto viene a ocupar el lugar vacío del ideal del yo, distinto de aquellos que anunció Freud: ni el hipnotizador, ni el líder, ni el amado, sino el cuerpo bello y eternamente joven, exhibido a la contemplación del gran ojo social.
El ideal de nuestra época se ha vuelto esencialmente visual, con tal énfasis que está dejando de ser escópico para volverse pornográfico. Una imagen simultáneamente venerada y sustituida prontamente, es decir eternamente descartable, suplanta hoy la producción de relatos, de narración y de historia.
No hace mucho, alguien podía anunciar y saludar el fin de los grandes relatos de la historia, aquellos que, habiendo perdido supuestamente su potencial utópico, encadenaban el existir y el goce del cuerpo a ideales que se fueron convirtiendo en pesados lastres para la vida y para la economía del placer. Me refiero al optimismo posmoderno, que duró unos pocos años; esa esperanza fallida de dar libertad al cuerpo que se suponía, no del todo equivocadamente, prisionero en la cárcel del alma.
Pero, a contramano de lo esperado, de la ilusión de la entronización del deseo y de una vida menos gravosa, encontramos que, junto al culto a la imagen del cuerpo, proliferó la ortopedia farmacológica del bienestar y la pornografía mediática, donde el placer por la actividad compartida fue reemplazado por la orfandad del espejo.
La fábula del Narciso de nuestro tiempo queda bien ilustrada por la vuelta de tuerca que Oscar Wilde hace del mito (citado por Emilio Rodrigué en Gigante por su propia naturaleza):
Narciso era un hermoso joven que todos los días contemplaba su belleza reflejada en el lago. Estaba tan fascinado por su imagen que un día cayó en el lago y murió ahogado. En ese lugar surgió una flor que lleva su nombre. Oscar Wilde dice que, cuando Narciso murió, las flores silvestres se sintieron desconsoladas y le pidieron al lago algunas gotas de agua para llorar por él.
–¡Oh! –exclamó el lago–. Si todas mis gotas de agua fuesen lágrimas, yo no tendría suficientes lágrimas para llorar a Narciso.
–No nos sorprende que llores por Narciso –respondieron las flores silvestres–. El era tan hermoso.
–¿Pero Narciso era bello? –preguntó el lago.
–¿Quién mejor que tú podría saberlo? –exclamaron las flores, sorprendidas–. Era sobre tu margen que él se contemplaba todos los días.
El lago permaneció en silencio por algún tiempo. Por fin dijo:
–Lloro por Narciso pero jamás noté que Narciso fuese bello. Lloro porque todas las veces que él se inclinaba sobre mis márgenes yo podía, en el fondo de sus ojos, ver mi propia belleza reflejada.
Como se puede observar, en esta dimensión del amor, que no es ajena a la de cierta clínica, cada uno cuenta como espejo para el otro. La reciprocidad amorosa no sería más que la de dos espejos enfrentados, destinados a reproducir hasta el infinito la imagen idealizada de uno mismo.
Dioniso era un dios griego diferente. Era el que figuraba al otro, al extranjero. Era el vagabundo, el errante, el viajero que llega a la ciudad de Tebas viniendo de lejos; vuelve a su lugar natal buscando ser aceptado, acogido, queriendo encontrar ahí un lugar de culto para él, pero choca con la incomprensión de una ciudad que no supo establecer un vínculo entre el país y los extranjeros, ni entre los sedentarios y los viajeros, ni entre la identidad consigo mismo y el distinto, el otro. Y cuentan que, entonces, los que rechazaban a lo diferente, los que rechazaban a aquello que podía servirles, que podía convidarlos a echar una mirada distinta sobre ellos mismos, los campeones de la identidad como inmutable, los convencidos de su superioridad, caen en actos de barbarie y de salvajismo: en la monstruosidad, la alteridad absoluta. Pierre Vernant comenta esto con una frase que me parece iluminadora para pensar la hora actual, para entender nuestra cotidianidad: “El horror se proyecta en el rostro de quien no ha sabido hacerle lugar al otro”. Cuando un grupo humano no acepta al otro, se vuelve extraño para sí.
La mirada es una de las formas principales en las que el otro se hace presente. Estamos bajo la mirada del otro y ponemos al otro bajo nuestra propia mirada. Hay miradas que acarician, miradas que constituyen espacios y otras que los niegan, que los ocultan. Donde hay miradas de miradas, se produce la atracción de un objeto evanescente, que no alcanzamos a percibir pero que nos anima, nos llama al deseo.
Cuando se descubre la posibilidad de otra mirada, cuando se produce el encuentro, no tanto con el objeto sino con lo que con éste se da a ver, se descorre la pantalla que esconde al mundo. Alberto Giacometti, ese extraordinario artista plástico del siglo pasado, propone despojarse de esa mirada configurada por los modos de ver instituidos, ir más allá de la pantalla que enceguece. Eso lo lleva en su obra a encontrarse con algo que se le hace difícil de representar y con lo que trabaja artísticamente. Es como si hiciese un agujero en la pantalla que recubre al mundo para que nosotros podamos ver y para poder ver él también, o por lo menos vislumbrar, a través de ese agujero que es su obra, algo de lo real.
Cada época, cada sector social, cada grupo humano participan de una mirada dominante que ordena y determina las maneras de ver las cosas del mundo, que da forma peculiar a los datos: la que hoy es dominante es un poco menos lúcida, más escotomizadora de la realidad y más fijada a la pantalla. El hecho artístico y también el acto psicoanalítico, aunque vayan por diferentes carriles, se hermanan en una función que es la de hacer abrir los ojos, no tanto porque nos provean de cosas nuevas, sino porque permiten ver lo distinto, lo alter, en lo conocido, en lo familiar, en uno mismo. Esto abre verdaderamente las puertas a la posibilidad de un lazo con los otros, más allá de la proyección narcisista que hace del semejante y de uno mismo sólo una imagen consumible o descartable.
Es nuestro prójimo quien puede acercar, a través del excedente que porta su mirar, el descubrimiento jubiloso de que no somos solamente una imagen reflejada en el espejo, y también aquello que ni la fotografía, ni el espejo, ni ningún otro artilugio tecnológico pueden mostrar: que mis ojos, al mirar los ojos de un otro, pueden encontrar, más allá del reflejo de uno mismo, mundos distintos.
Freud, cerca del final de Malestar en la cultura, se pregunta si estaría justificado diagnosticar que muchas culturas, aun la humanidad toda, ha devenido neurótica bajo el influjo de las aspiraciones culturales, es decir, ideales convertidos en mandatos superyoicos, al estilo de: “deberás amar a tu prójimo como a ti mismo”. Hoy, hay que poner en revisión el diagnóstico de la subjetividad de nuestro tiempo. No creo que todavía podamos hablar de neurosis: acertaríamos más si ubicáramos en el tejido social de nuestra época el predominio de formas narcisistas y perversas, en el sentido de un pacto fundado más en la desmentida de lo real que en la desmesura de la exigencia del ideal, y más en la supresión del otro como semejante que en el reconocimiento del impedimento que éste puede provocar a mis aspiraciones.
La desorientación de este tiempo de soledades se hace sentir irremediablemente en los cuerpos. El padecimiento psíquico, que en la época de la neurosis social se manifestaba en síntomas ruidosos, hoy se expresa mayormente en enfermedades silenciosas que no interpelan a nada ni a nadie y que se nutren de píldoras narcotizantes.
La experiencia del análisis puede ser una de las que permiten transformar las preguntas inconmensurables, ¿qué sentido tiene la vida?, ¿vale la pena vivir?, en términos de la experiencia del tiempo: ¿qué valor tiene el momento?, ¿cuánto puede contener, pues, un momento?
* Psicoanalista. Texto extractado del trabajo “La clínica psicoanalítica en tiempos de exclusión”.
“Alberto Giacometti propone ir más allá de la pantalla que enceguece.”
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“Hay que poner en revisión el diagnóstico de la subjetividad de nuestro tiempo –sostiene el autor–. No creo que todavía podamos hablar de neurosis: acertaríamos más si ubicáramos en el tejido social de nuestra época el predominio de formas narcisistas y perversas.”
Por Luis Vicente Miguelez *
“Incapaces de atrapar
el tiempo por la cola,
persiguen el suyo propio, girando ciegamente en
un solo momento
que abarca toda su vida.
¿Cuánto puede contener,
pues, un momento?”
John Berger
________________________________________
He tomado la cita del libro Un hombre afortunado, donde John Berger realiza una profunda y sentida narración de la vida de un médico rural y del lazo que lo une a la pequeña comunidad en la que ejerce su profesión. Este texto constituye a mi modo de ver un lúcido ensayo sobre el oficio de curar. La manera en que este médico aborda la consulta pone de relieve lo que generalmente ésta evade. Berger comenta que se percibe en él la voluntad férrea del hombre que intenta reconocer al otro, y, aunque a veces fracase, se lo considera un buen médico porque, sobre todo, satisface las tácitas expectativas de fraternidad del enfermo. A lo que se está refiriendo no es, por supuesto, a que se comporte como un hermano real: lo que se le pide implícitamente al médico es que reconozca a su paciente con la certeza de un hermano ideal.
Berger reflexiona sobre un aspecto que excede el dominio de la medicina propiamente y entra en el terreno más amplio de lo clínico. Dice que Sassall, que es el nombre del protagonista, hace algo más que tratarlos cuando están enfermos: es el testigo objetivo de sus vidas. Sassall no es el árbitro último de sus litigios. Le cabe una denominación más humilde: la de archivero, el archivero de su historia. Lo que Sassall archive, sigue relatando Berger, nunca se elevará a una instancia superior: sencillamente mantiene los archivos para que ellos mismos puedan consultarlos.
Manera, a mi entender, sutil y perspicaz de hablar sobre el quehacer clínico. Archivero de la historia es una metáfora que ilumina el lugar reservado al psicoanalista, desde el cual se generan las interpretaciones más logradas, las que no se sostienen en lo sabido sino en lo verdadero que surge del decir sobre lo dicho.
Si he tomado como punto de partida estas reflexiones es porque considero que en nuestra época escasea, por no decir que se va perdiendo irremediablemente, este vínculo con el otro. Expectativas de fraternidad y reconocimiento son, hoy día, más bien asuntos de alguna reflexión filosófica que de la práctica cotidiana.
Pareciera que nuestra época quisiera aferrarse a ese no-tiempo, hacer de él un ideal de vida, donde, mientras todo simula ocurrir a altas velocidades, el tiempo verdaderamente no transcurre y se experimenta una especie de sucesión eternizada sin acontecer.
Se nos ofrece habitar ese notiempo de la imagen perpetuada, exasperada hasta el extremo de su enrarecimiento. El sujeto del siglo XXI estaría bien dispuesto a dejarse acondicionar por una batería de píldoras, implantes y emparches, que se le prometen como amortiguación tecnológica al impacto del vivir, del transcurrir temporal de la existencia.
Considero que, en estos tiempos que nos tocan vivir, un nuevo objeto viene a ocupar el lugar vacío del ideal del yo, distinto de aquellos que anunció Freud: ni el hipnotizador, ni el líder, ni el amado, sino el cuerpo bello y eternamente joven, exhibido a la contemplación del gran ojo social.
El ideal de nuestra época se ha vuelto esencialmente visual, con tal énfasis que está dejando de ser escópico para volverse pornográfico. Una imagen simultáneamente venerada y sustituida prontamente, es decir eternamente descartable, suplanta hoy la producción de relatos, de narración y de historia.
No hace mucho, alguien podía anunciar y saludar el fin de los grandes relatos de la historia, aquellos que, habiendo perdido supuestamente su potencial utópico, encadenaban el existir y el goce del cuerpo a ideales que se fueron convirtiendo en pesados lastres para la vida y para la economía del placer. Me refiero al optimismo posmoderno, que duró unos pocos años; esa esperanza fallida de dar libertad al cuerpo que se suponía, no del todo equivocadamente, prisionero en la cárcel del alma.
Pero, a contramano de lo esperado, de la ilusión de la entronización del deseo y de una vida menos gravosa, encontramos que, junto al culto a la imagen del cuerpo, proliferó la ortopedia farmacológica del bienestar y la pornografía mediática, donde el placer por la actividad compartida fue reemplazado por la orfandad del espejo.
La fábula del Narciso de nuestro tiempo queda bien ilustrada por la vuelta de tuerca que Oscar Wilde hace del mito (citado por Emilio Rodrigué en Gigante por su propia naturaleza):
Narciso era un hermoso joven que todos los días contemplaba su belleza reflejada en el lago. Estaba tan fascinado por su imagen que un día cayó en el lago y murió ahogado. En ese lugar surgió una flor que lleva su nombre. Oscar Wilde dice que, cuando Narciso murió, las flores silvestres se sintieron desconsoladas y le pidieron al lago algunas gotas de agua para llorar por él.
–¡Oh! –exclamó el lago–. Si todas mis gotas de agua fuesen lágrimas, yo no tendría suficientes lágrimas para llorar a Narciso.
–No nos sorprende que llores por Narciso –respondieron las flores silvestres–. El era tan hermoso.
–¿Pero Narciso era bello? –preguntó el lago.
–¿Quién mejor que tú podría saberlo? –exclamaron las flores, sorprendidas–. Era sobre tu margen que él se contemplaba todos los días.
El lago permaneció en silencio por algún tiempo. Por fin dijo:
–Lloro por Narciso pero jamás noté que Narciso fuese bello. Lloro porque todas las veces que él se inclinaba sobre mis márgenes yo podía, en el fondo de sus ojos, ver mi propia belleza reflejada.
Como se puede observar, en esta dimensión del amor, que no es ajena a la de cierta clínica, cada uno cuenta como espejo para el otro. La reciprocidad amorosa no sería más que la de dos espejos enfrentados, destinados a reproducir hasta el infinito la imagen idealizada de uno mismo.
Dioniso era un dios griego diferente. Era el que figuraba al otro, al extranjero. Era el vagabundo, el errante, el viajero que llega a la ciudad de Tebas viniendo de lejos; vuelve a su lugar natal buscando ser aceptado, acogido, queriendo encontrar ahí un lugar de culto para él, pero choca con la incomprensión de una ciudad que no supo establecer un vínculo entre el país y los extranjeros, ni entre los sedentarios y los viajeros, ni entre la identidad consigo mismo y el distinto, el otro. Y cuentan que, entonces, los que rechazaban a lo diferente, los que rechazaban a aquello que podía servirles, que podía convidarlos a echar una mirada distinta sobre ellos mismos, los campeones de la identidad como inmutable, los convencidos de su superioridad, caen en actos de barbarie y de salvajismo: en la monstruosidad, la alteridad absoluta. Pierre Vernant comenta esto con una frase que me parece iluminadora para pensar la hora actual, para entender nuestra cotidianidad: “El horror se proyecta en el rostro de quien no ha sabido hacerle lugar al otro”. Cuando un grupo humano no acepta al otro, se vuelve extraño para sí.
La mirada es una de las formas principales en las que el otro se hace presente. Estamos bajo la mirada del otro y ponemos al otro bajo nuestra propia mirada. Hay miradas que acarician, miradas que constituyen espacios y otras que los niegan, que los ocultan. Donde hay miradas de miradas, se produce la atracción de un objeto evanescente, que no alcanzamos a percibir pero que nos anima, nos llama al deseo.
Cuando se descubre la posibilidad de otra mirada, cuando se produce el encuentro, no tanto con el objeto sino con lo que con éste se da a ver, se descorre la pantalla que esconde al mundo. Alberto Giacometti, ese extraordinario artista plástico del siglo pasado, propone despojarse de esa mirada configurada por los modos de ver instituidos, ir más allá de la pantalla que enceguece. Eso lo lleva en su obra a encontrarse con algo que se le hace difícil de representar y con lo que trabaja artísticamente. Es como si hiciese un agujero en la pantalla que recubre al mundo para que nosotros podamos ver y para poder ver él también, o por lo menos vislumbrar, a través de ese agujero que es su obra, algo de lo real.
Cada época, cada sector social, cada grupo humano participan de una mirada dominante que ordena y determina las maneras de ver las cosas del mundo, que da forma peculiar a los datos: la que hoy es dominante es un poco menos lúcida, más escotomizadora de la realidad y más fijada a la pantalla. El hecho artístico y también el acto psicoanalítico, aunque vayan por diferentes carriles, se hermanan en una función que es la de hacer abrir los ojos, no tanto porque nos provean de cosas nuevas, sino porque permiten ver lo distinto, lo alter, en lo conocido, en lo familiar, en uno mismo. Esto abre verdaderamente las puertas a la posibilidad de un lazo con los otros, más allá de la proyección narcisista que hace del semejante y de uno mismo sólo una imagen consumible o descartable.
Es nuestro prójimo quien puede acercar, a través del excedente que porta su mirar, el descubrimiento jubiloso de que no somos solamente una imagen reflejada en el espejo, y también aquello que ni la fotografía, ni el espejo, ni ningún otro artilugio tecnológico pueden mostrar: que mis ojos, al mirar los ojos de un otro, pueden encontrar, más allá del reflejo de uno mismo, mundos distintos.
Freud, cerca del final de Malestar en la cultura, se pregunta si estaría justificado diagnosticar que muchas culturas, aun la humanidad toda, ha devenido neurótica bajo el influjo de las aspiraciones culturales, es decir, ideales convertidos en mandatos superyoicos, al estilo de: “deberás amar a tu prójimo como a ti mismo”. Hoy, hay que poner en revisión el diagnóstico de la subjetividad de nuestro tiempo. No creo que todavía podamos hablar de neurosis: acertaríamos más si ubicáramos en el tejido social de nuestra época el predominio de formas narcisistas y perversas, en el sentido de un pacto fundado más en la desmentida de lo real que en la desmesura de la exigencia del ideal, y más en la supresión del otro como semejante que en el reconocimiento del impedimento que éste puede provocar a mis aspiraciones.
La desorientación de este tiempo de soledades se hace sentir irremediablemente en los cuerpos. El padecimiento psíquico, que en la época de la neurosis social se manifestaba en síntomas ruidosos, hoy se expresa mayormente en enfermedades silenciosas que no interpelan a nada ni a nadie y que se nutren de píldoras narcotizantes.
La experiencia del análisis puede ser una de las que permiten transformar las preguntas inconmensurables, ¿qué sentido tiene la vida?, ¿vale la pena vivir?, en términos de la experiencia del tiempo: ¿qué valor tiene el momento?, ¿cuánto puede contener, pues, un momento?
* Psicoanalista. Texto extractado del trabajo “La clínica psicoanalítica en tiempos de exclusión”.
“Alberto Giacometti propone ir más allá de la pantalla que enceguece.”
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Estamos pensando...
miércoles, 10 de junio de 2009
Tratando de comprender...
Por la emergencia inminente del fascismo, Husserl propondrá para la ciencia un acercamiento al mundo de la vida. La ciencia no es teoría pura. Aparentemente, a las ciencias se les aparece el mundo objetivamente como un universo de hechos. La descripción científica captará la conexión legal entre los hechos.
Lo que Husserl propondrá en primera instancia, es que ese saber del mundo aparentemente objetivo, nace de un mundo precientífico. Eso que se constituirá como objeto de conocimiento para la ciencia, están presentes de antemano en las autocomprensiones de nuestro mundo vital primario.
Hasta aquí, la fenomenología propone una subjetividad dadora de sentido.
Pero luego, Husserl intentará mostrar que esa subjetividad desaparece bajo la apariencia de una autocomprensión objetivista porque, según observa Husserl, las ciencias conservan el peso de los intereses del mundo de la vida.
Ante eso, sólo la fenomenología romperá con la actitud ingenua (supongo que con la epojé) y propone una actitud contemplativa y rigurosa, liberando al conocimiento del interés.
Ahora Husserl equipara esa autorreflexión trascendental, que denominará descripción fenomenológica con la teoría pura. Teoría liberada de los intereses, similar a la platónica: impráctica.
Según Husser, esta teoría "depurada", a la larga orientará la acción. Al ejercitarla, se reconcilia con la práctica"
Esto permitirá que se produzca una praxis nueva, que tiende a elevar la humanidad , mediante la razón científica universal, a normas de verdad; una nueva praxis que trabaja por lograr una nueva humanidad fundamentalmente nueva: apta para la autoresponsabilida absoluta, fundada en perspectivas teóricas absolutas"
Sin embargo, esta apelación a la descripción fenomenológica, no se deja fundamentar.
En todo caso, sólo es un paso necesario para la labor trascendental de la conciencia.
Como diría Kant, sólo describe leyes de razón pura.
Lo valioso de Husserl es su crítica a la ilusión objetivista de la ciencia. Pero:
hacer consciente que la objetuación está sujeta a intereses del mundo práctico, -que hace necesario practicar el recorte de la epojé-, no garantiza la desconexión del saber con los intereses de la vida ni perfecciona la praxis o el obrar.
Por hoy, seguiré rumiando estas ideas que- en definitiva- aparecen sustentando el discurso de los políticos en sus propuestas como candidatos elegibles.
Lo que Husserl propondrá en primera instancia, es que ese saber del mundo aparentemente objetivo, nace de un mundo precientífico. Eso que se constituirá como objeto de conocimiento para la ciencia, están presentes de antemano en las autocomprensiones de nuestro mundo vital primario.
Hasta aquí, la fenomenología propone una subjetividad dadora de sentido.
Pero luego, Husserl intentará mostrar que esa subjetividad desaparece bajo la apariencia de una autocomprensión objetivista porque, según observa Husserl, las ciencias conservan el peso de los intereses del mundo de la vida.
Ante eso, sólo la fenomenología romperá con la actitud ingenua (supongo que con la epojé) y propone una actitud contemplativa y rigurosa, liberando al conocimiento del interés.
Ahora Husserl equipara esa autorreflexión trascendental, que denominará descripción fenomenológica con la teoría pura. Teoría liberada de los intereses, similar a la platónica: impráctica.
Según Husser, esta teoría "depurada", a la larga orientará la acción. Al ejercitarla, se reconcilia con la práctica"
Esto permitirá que se produzca una praxis nueva, que tiende a elevar la humanidad , mediante la razón científica universal, a normas de verdad; una nueva praxis que trabaja por lograr una nueva humanidad fundamentalmente nueva: apta para la autoresponsabilida absoluta, fundada en perspectivas teóricas absolutas"
Sin embargo, esta apelación a la descripción fenomenológica, no se deja fundamentar.
En todo caso, sólo es un paso necesario para la labor trascendental de la conciencia.
Como diría Kant, sólo describe leyes de razón pura.
Lo valioso de Husserl es su crítica a la ilusión objetivista de la ciencia. Pero:
hacer consciente que la objetuación está sujeta a intereses del mundo práctico, -que hace necesario practicar el recorte de la epojé-, no garantiza la desconexión del saber con los intereses de la vida ni perfecciona la praxis o el obrar.
Por hoy, seguiré rumiando estas ideas que- en definitiva- aparecen sustentando el discurso de los políticos en sus propuestas como candidatos elegibles.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
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lunes, 9 de marzo de 2009
Podemos tener otra visión...
Podemos tener otra visión de lo que se denomina Arte.
Pensamos que el arte no puede ser algo tan trivial que se reduzca al objeto de contemplación o embellecimiento de interiores.
Tampoco algo que lleve a la discriminación entre "los conocedores o expertos" y "los insensibles o que padecen de ceguera axiológica"
Visitá
http://www.edu3000.com.ar/estetica/
Pensamos que el arte no puede ser algo tan trivial que se reduzca al objeto de contemplación o embellecimiento de interiores.
Tampoco algo que lleve a la discriminación entre "los conocedores o expertos" y "los insensibles o que padecen de ceguera axiológica"
Visitá
http://www.edu3000.com.ar/estetica/
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sábado, 7 de marzo de 2009
Texto de Josefina Ludmer
Para los que se interesan en las estrategias que inventaron la mujeres para hacerse oir les recomiendo visitar esta web
http://www.mujeresdeempresa.com/sociedad/021002.shtml
Espero que lo disfruten como yo.
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Espero que lo disfruten como yo.
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domingo, 8 de febrero de 2009
Rotundamente cierto
"Los grandes favores no inspiran gratitud sino deseos de venganza" dijo Nietszche.
Demasiado expuesta a la doctrina cristiana desde muy niña, hace que me esmere en hacer favores y, lo que es mucho peor, a veces sin que me lo pidan. Ahí está el error. Porque nadie tiene ganas de tener que agradecer algo que no pidió, y si lo solicitó, bastante peso será el tener que andar con ese favor a cuesta sin saber cómo retribuirlo.
Por eso lo mejor es hacer como que no puedes aunque quieres...
¿Será malo hacer eso? ¿Me asaltará constantemente la idea de no haber tendido la mano cuando alguien la necesitó?
Demasiado expuesta a la doctrina cristiana desde muy niña, hace que me esmere en hacer favores y, lo que es mucho peor, a veces sin que me lo pidan. Ahí está el error. Porque nadie tiene ganas de tener que agradecer algo que no pidió, y si lo solicitó, bastante peso será el tener que andar con ese favor a cuesta sin saber cómo retribuirlo.
Por eso lo mejor es hacer como que no puedes aunque quieres...
¿Será malo hacer eso? ¿Me asaltará constantemente la idea de no haber tendido la mano cuando alguien la necesitó?
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
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sábado, 2 de agosto de 2008
Dilema: el cuerpo femenino, ¿lo soy o lo poseo?
IX JORNADAS DE HISTORIA DE LAS MUJERES
IV CONGRESO IBEROAMERICANO DE ESTUDIOS DE GÉNERO
“Los caminos de la libertad y la igualdad en la diversidad”
30, 31 de julio y 1º de agosto 2008
Eje temático: 9. Culturas, identidades, sexualidades y género
Nombre y Apellidos autor/a : Martha Alicia Lombardelli-
Pertenencia institucional : Facultad de Bellas Artes - UNLP
Nombre y Apellidos Diseño Visual: Eugenia Lenina Párraga
Pertenencia institucional: Facultad de Bellas Artes - UNLP
«El cuerpo es el vehículo de la existencia en el mundo y tener un cuerpo es, para una criatura viva, estar integrado en un entorno definido, para identificar¬se con ciertos proyectos y estar siempre comprometido con ellos»
Palabras claves: Cuerpo como propiedad - cuerpo vivido. cuerpo habitual, cuerpo actual.
(Repertorio latente de capacidades de comportamiento que se ha configurado mediante hábitos adquiridos culturalmente a partir de las posibilidades permitidas por nuestra estructura anátomo-fisiológica)
Este trabajo se inscribe en el marco de la investigación que dirijo desde el 2006 -2009, al interior del Programa Nacional de Incentivos a los Docentes investigadores: MUJER.- DISTINTAS LECTURAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN FEMENINA A TRAVÉS DE LA PERSPECTIVA CRÍTICA DE GÉNERO EN DIVERSOS SOPORTES DISCURSIVOS EN LA ARGENTINA DEL SIGLO XX.
Las preguntas que lo atraviesan se pueden expresar de la siguiente manera: ¿Se posee un cuerpo o se es un cuerpo? ¿La explicación fenomenológica acerca de la percepción del mundo en general y del cuerpo en especial es igualmente válida para el sujeto humano masculino y el femenino? ¿La mujer se vive como cuerpo?
En la actualidad, las normas y leyes sociales, los esquemas familiares ¿le permiten tomar consciencia de eso? Su educación ¿ha variado tanto como para que pueda referirse a sí misma como la responsable de su afectividad? ¿O aún se refugia en el desdoblamiento tradicional de cuerpo y espíritu?
Con este trabajo sé que las preguntas continuarán sin respuestas; sólo trato de visibilizar el tema, la duda que tengo. Por lo tanto, el método de abordaje que utilizo es dialéctico existencial-descriptivo-reflexivo. Me valgo de ideas aportadas por otra/os autora/es para ir anudando descripciones, experiencias personales reflexiones mías y ajenas.
Este tema ha sido tratado ya, pero la particularidad se origina en que, quien hace la pregunta soy yo; una mujer. Eso se convierte en la novedad porque por siglos los hombres construyeron su propia imagen y reflexionaron sin tener en cuenta la perspectiva de género femenino. La imagen y representación hegemónica del hombre, válida para el género humano y para el hombre singular, subsumía en sí, sin diferencias, la imagen de la mujer. Ellas siempre fueron representadas, mencionadas, contadas, por ellos.
Hoy por hoy no es novedad afirmar que mi cuerpo es esa suma de disposiciones culturales y valores simbólicos, que fueron troquelando mi accionar, mis conocimientos y mi sexualidad. Las variaciones históricas que inevitablemente se suceden me atraviesan y me construyen. Nadie niega ya que podemos entender el cuerpo –nuestro propio cuerpo- como un elemento más de las construcciones culturales y de los valores simbólicos con que intentamos organizar el medio ambiente y el mundo. Pero, según Merleau-Ponty, ese saber consciente se origina a partir de un saber subyacente y previo a todo otro saber. Es el saber del cuerpo, y en él concurren “como dos estratos distintos: el del cuerpo habitual y el del cuerpo actual”
“En el primero figuran los gestos de manejo que han desaparecido del segundo la cuestión de saber cómo puedo sentirme provisto de un miembro que ya no tengo equivale, de hecho, a saber como el cuerpo habitual puede hacerse garante del cuerpo actual (…) Correlativamente, es preciso que mi cuerpo sea captado no solamente en una experiencia instantánea, singular, plena, sino también bajo un aspecto de generalidad y como un ser impersonal.” (p.101). En Merleau-Ponty no es nuestro cuerpo físico sino su representación dentro del cuerpo mismo lo que me permite que el cuerpo actúe en el mundo.
Dice Merleau-Ponty: el cuerpo no es un objeto. Y esto que parece tan obvio sin embargo lo sostuvo toda la tradición filosófica. El cuerpo es la condición de posibilidad de los objetos. Antes que nada somos en el mundo y lo somos gracias a nuestro cuerpo. Somos un cuerpo percibiente y por el solo hecho de ser cuerpo en el mundo se da la percepción como la instancia de significación. Dicha percepción no nace de una conciencia reflexiva sino que constituye una dimensión intencional propia de nuestro cuerpo. Esto no quiere decir que el cuerpo actúe mecánicamente al estilo “estímulo-reflejo”. Más bien son soluciones que generamos, para resolver situaciones que nacen de ser- en-el-mundo, ser con los demás.
Construimos nuestro mundo desde esa apertura que vivimos, en tanto somos cuerpo en el mundo, el cuerpo es fundante. Pero al mismo tiempo se nos revela como una ambigüedad porque no lo podemos convertir en objeto de conocimiento. En tanto no podemos afirmar que existimos como cosa o como conciencia, somos una ambigüedad.
Es a raíz de esa consideración del cuerpo: de experimentar y comprobar la manera en que tomamos contacto con nuestro cuerpo, la forma en que lo vivimos, lo sentimos y , por último, lo representamos -e inclusive las maneras que tenemos de auto representarnos situadamente-, que podemos afirmar que esas instancias están atravesadas ineluctablemente por la cultura.
Analicemos esta afirmación y veamos si lo que se ha dicho sobre el individuo incluye o ignora la diferencia de género. Sabemos que todo lo que se viene escribiendo sobre el cuerpo siempre ha tenido como objeto de estudio al individuo hombre. Pero el discurso que versa sobre la corporalidad la afectividad, la sexualidad y todo aquello que tenga que ver con momentos personales e íntimos no se encuentra en paridad de lugares y valoraciones si analizamos comparativamente el cuerpo humano femenino y el masculino.
Me guiaré por lo que los distintos autores: filósofos, psicólogos, psicoanalistas, fenomenólogos, etcétera, han escrito del cuerpo humano en general, y, de esas teorías trataré de desagregar aquello que se corresponda o no con el ser humano mujer. En la mayoría de los casos tendré en cuenta para mi trabajo las aclaraciones que hace el historiador Georges Duby en su libro Mujeres del siglo XII: “Lo que intento mostrar no es lo realmente vivido. Inaccesible. Lo que trato de mostrar son reflejos, lo que reflejan testimonios escritos. Me fío de lo que dicen. Digan la verdad o mientan, lo importante no es eso. Para mí lo importante es la imagen que proporcionan de una mujer (…).”
Por otra parte, sabemos que a lo largo de la historia, en construcciones sociales como la Iglesia, la ciencia, la historia, la filosofía y el derecho, dice Diana Mafia, "los hombres se enuncian pero las mujeres somos dichas, no somos sujetos de enunciación" Es decir, tendré en cuenta la imagen que proporcionan de las mujeres y la relación de éstas con su cuerpo. Apelaré también a discursos especialmente subjetivos para demostrar la distancia que existe entre la percepción del cuerpo como propiedad y la percepción del cuerpo como vivencia reprimida de acuerdo a pautas culturales vigentes.
El texto siguiente está sacado de un libro poco conocido y se denomina “Noche de monjas”. Fue escrito por una mujer en los años setenta pero el hecho que narra ocurrió justo al finalizar la primera mitad del siglo XX. La autora describe su experiencia personal tal como la recuerda.
“(…) Demás está decir que muchas de las virtudes burguesas que poseo: disciplina, perseverancia, concentración, pulcritud, orden y la tendencia al ahorro, las debo a mi estadía -durante dos años- en el colegio "Jesús de Nazareth", en la ciudad de Buenos Aires.
(…)Todos los días cumplíamos con la siguiente rutina: lavarnos la cara y peinarnos; formar fila para que nos entregaran los respectivos guardapolvos y nos prendieran el moño - grande y duro como si fuera de cartón-, en la cabeza; esperar que nos repartieran el velo o mantilla que nos cubriría la cabeza. Todas las niñas rogábamos que nos tocara en suerte una mantilla que fuera más grande que un pañuelo así nos pareceríamos mejor a las Santas de las estampitas. Después de escuchar la Santa Misa, desayunar, devolver los velos y salir -ordenadamente en fila de a dos- para el otro colegio. (…) -justo el día anterior a tomar la Primera Comunión- sucedió algo especial e inolvidable. Las monjas nos adoctrinaban en la idea de vivir sin pecados; todos los días del año. Sabíamos que cumpliendo con todo lo que nos decían, nuestro nombre –escrito en un pedacito de paño lenci rojo- iría subiendo por el corazón de Jesús en la lámina que estaba colgada en una de las paredes del comedor diario. Nuestro objetivo era el estado de pureza total para el día fijado en que tomaríamos -por primera vez- la comunión. La noche de la víspera, las hermanitas nos hicieron formar fila, después del último recreo, para ir a bañarnos. Nunca nos sacábamos ni la bombachita ni la camiseta para recibir el baño. Las monjas nos lavaban con esas prendas puestas. Refregaban nuestros cuerpecitos por encima de ellas. Luego, cuando salíamos de la ducha, otra monja nos envolvía en una gran toalla. Debajo de ella -con la dificultad obvia que ofrece el hecho de tener que sacarse una prenda que se pega al cuerpo-, teníamos que tironear la ropa mojada. Envueltas en la toalla nos mandaban -corriendo por el patio- a la habitación inmensa y llena de camas-cuchetas. Ahí, teníamos que esperar, quietecitas y tapaditas con la ropa de cama, a que nos repartieran nuestras ropas interiores, y luego... limpias y puras, ¡a dormir para el gran día que llegaba! ¡Recibiríamos por primera vez el cuerpo de Jesucristo!
Nuestro cuerpo debía ser un templo apropiado para esa llegada. Meses que nos veníamos preparando para estar listas, puras, santas...Las hermanitas insistían e insistían con la misma cantinela... "Niñas buenas, sin malos pensamientos, obedientes, debíamos ser para que Jesús nos amara..." Algo pasó, sin embargo, que hizo que nunca olvidara ese día. Algo que parecía producto de mentes poseídas más que de niñas de 6 o 7 años... Era diciembre y la noche nos acariciaba cálidamente. Estábamos bastante excitadas por lo que sucedería al día siguiente. (…)
Cuando llegamos a la habitación y vimos que las monjitas encargadas de repartirnos la ropa interior limpia todavía no habían llegado,... nos sacamos las toallas que nos envolvían y nos pusimos a saltar de cama en cama, ¡desnudas! ...¡totalmente desnudas! y... gozando como diablillos de tan inapropiada travesura. ¡Todo se convirtió en gritos y risas...!”
El texto nos habla de la enseñanza que se les daba a las niñas en la primera mitad del siglo XX, sobre el cuerpo propio. Es cierto que se está hablando de un colegio religioso y posiblemente en las escuelas públicas, con una fuerte orientación positivista, no sucediera lo mismo. En ese colegio se enseñaba que el cuerpo era un templo que se poseía; en él habitaba el alma de cada niña durante toda su vida y hasta la muerte. Debía mantenerse limpio físicamente, velado y oculto a las miradas propias y ajenas. Tan oculto que se lo debía bañar sin desvestirlo. Posiblemente -y de acuerdo al desenlace de la narración- todavía no se había internalizado el hábito de ocultar el cuerpo ni se había conscientizado en profundidad la idea del mismo como fuente de pecado. La diversión obedecía más al hecho de andar saltando de cama en cama en lugar de estar acostadas que a la desnudez.
Si durante años y hasta avanzado el siglo XX, la mujer fue preparada para no ostentar su cuerpo, no verlo ni mostrarlo, no tocarlo ni pensarlo, es difícil suponer que le cabe la afirmación de Merleau-Ponty cuando dice: “Hemos aprendido de nuevo a sentir nuestro cuerpo. Hemos reencontrado –bajo el saber objetivo y distante del cuerpo-, este otro saber que del mismo tenemos, porque está siempre con nosotros y porque somos cuerpo”. [Las bastardillas me pertenecen
El autor publica su libro en 1945 y los hechos que se narran en el texto leído nos remite justamente a unos cuatro años más tarde que esa fecha: 1949.
Además, los aportes fenomenológicos de Merleau-Ponty cuestionan el “saber objetivo” ya que en ese tipo de saber, el mundo es puesto por el que conoce ante él mismo y no se tiene en cuenta que el sujeto de conocimiento también está en ese mundo. Estamos ignorando al sujeto de la percepción. Y el sujeto de la percepción es quien moldea la percepción. Por eso quise realizar el análisis sobre la experiencia hecha por una mujer tal como ella la percibió y como la recuerda muchos años después.
Como afirma Nelly Schnaith, todos los a priori de la construcción del percepto: historia personal, profesión, ubicación social operan como determinantes de la percepción en general. A esta lista podríamos agregarle –en especial y fundamentalmente- su pertenencia de género.
La idea de la dicotomía entre mi conciencia y mi cuerpo, -o como lo planteara el pensamiento griego: soma y sema: el cuerpo (soma) es tumba (sema) para el alma- es
fusionado sincréticamente en el Renacimiento con el pensamiento cristiano y lleva a una educación en la que el cuerpo debe negarse para que el alma se salve. Pero es sabido que social y culturalmente, esta educación sólo se mantuvo vigente para la mujer.
Entonces es válido pensar que, si todos los estudios demuestran que desde la perspectiva de género, el cuerpo de la mujer fue reprimido por la educación y la formación social en general, difícilmente podríamos reconocerle la posesión de la “consciencia encarnada”.
Para comprender aquello que motiva este trabajo, nos detendremos en el aspecto que más ha padecido la negación o represión social y moral en la mujer. Nos referimos al cuerpo como ser sexuado, al contexto de la experiencia afectiva para el ser humano en general. Merleau-Ponty hace hincapié en la importancia del cuerpo en la construcción del mundo. El autor compara al ser humano normal con un enfermo y marca las diferencias: En el ser humano normal la sexualidad, el conocimiento y la acción son los tres sectores del comportamiento; y manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral. En este aspecto, es interesante destacar que Merleau-Ponty reivindica el aporte del psicoanálisis freudiano, al descubrir en las funciones que se tenían por 'puramente corpóreas', su relación dialéctica con los demás comportamientos.
Recordemos que cuando mencionamos lo sexual no estamos hablando de lo genital. Cito al autor: "Un espectáculo tiene para mí una significación sexual, no cuando me represento, siquiera confusamente, su relación posible con los órganos sexuales o con los estados de placer, sino cuando existe para mi cuerpo, para esta potencia siempre pronta a trabar los estímulos dados en una situación erótica y ajustar una conducta sexual a la misma. Se da una 'comprensión erótica' que no es del orden del entendimiento, porque el entendimiento comprende advirtiendo una experiencia bajo una idea, mientras que el deseo comprende ciegamente vinculando un cuerpo a un cuerpo. Incluso con la sexualidad que, no obstante, ha pasado mucho tiempo por ser el tipo de la función corpórea, nos enfrentamos, no a un automatismo periférico, sino a una intencionalidad que siga el movimiento general de la existencia y que ceda con ella."
En realidad, nos estamos refiriendo -dice el autor- al “poder general que tiene el sujeto psico-físico de adherirse a unos medios contextuales diferentes, de fijarse mediante experiencias diferentes, de adquirir unas estructuras de conducta” Y lo más importante, afirma, “Es lo que hace que un hombre posea historia”.
En el caso del enfermo, que menciona Merleau-Ponty, la percepción ha perdido la estructura erótica, Sus perturbaciones resultan de una herida circunscrita en la esfera occipital y esa patología altera la estructura de la percepción o de la experiencia erótica. Eso le impide dar valor o significación erótica o sexual a los estímulos exteriores. Dice merleau-Ponty, “lo que ha desaparecido en el enfermo es el poder de proyectar delante de sí un mundo sexual”, un mundo afectivo normal. Esta falta de intencionalidad para el enfermo le impide ponerse en situación sexual, tanto como afectiva o ideológica.
Veamos ahora qué sucede con el comportamiento sexual y, en consecuencia, con el mundo afectivo femenino. Me remitiré para ello al famoso Informe Kinsey, de 1963 . En él se afirma que existe un menor interés de la mujer respecto a las relaciones sexuales; además, que las mujeres tienden a aceptar más fácilmente las formas sociales porque no son tan accesibles como los hombres a los estímulos psíquicos o tan sometidas a reacciones inducidas. Con lo valioso que fue el aporte de ese informe, las conclusiones a las que arriba respecto al comportamiento sexual de las mujeres, según Igor Caruso-, son cuestionables. Para este autor, la cultura de occidente favorece una conducta “femenina” pasiva. Podemos preguntarnos ¿es pasiva por ser femenina o a la inversa, es femenina por ser pasiva?
Sabemos que en la Grecia antigua la homosexualidad era común pero no se la discriminaba y sí se lo hacía respecto a la mujer. Los generales de todos los ejércitos antiguos eran homosexuales, los marineros y los cazadores lo eran también según las estaciones del año. Occidente acentuó la sumisión de la mujer en la Edad Moderna en el mismo momento en que comenzó a discriminar la homosexualidad como contaminación de la amistad viril. Es decir, la discriminación de la homosexualidad es simultánea a la subordinación de la mujer.
Dice Diana Mafia: “(…) pero es con los contractualitas con quienes el discurso universalista nos genera una expectativa a las mujeres que luego se ve decepcionada, y sobre ese trasfondo se hace más visible el prejuicio androcéntrico que genera una ‘ceguera de genero’. Hobbes, Locke y Rousseau no inventan el poder de los varones y la intangibilidad de la familia patriarcal, pero de ellos esperamos al menos que no lo legitimen y lo consagren, y eso no ocurre.”
Ante esa identidad masculina, se decía que las mujeres presentaban un escaso interés y curiosidad sexual en comparación con los hombres.
También se ha dicho que esa pasividad de la mujer se corresponde con el comportamiento de las hembras entre los mamíferos superiores. Por lo tanto, lo convierte en algo biológico. El análisis cuantitativo de los datos que relevó el informe Kinsey avala esta afirmación. Las estadísticas, por auténticas y válidas que sean pueden ser interpretadas erróneamente si no se las contextualizan. Es lo que resulta del informe Kinsey en este aspecto, ya que la disposición de la mujer a reprimir la afectividad y el interés sexual hacia candidatos no aceptados legalmente por la sociedad se relaciona con las normas culturales de tipo patriarcal.
Además, se sumó el hecho de considerarlas menos troqueladas sexualmente que los hombres, por relaciones anteriores. Debemos considerar que la tendencia de la mujer -aun hoy y a pesar de ciertas transformaciones básicas-, favorecida y reforzada por una tradición patriarcal, promueve el tipo de la ‘mujer de un solo amor’, la ‘buena madre para sus hijos’, la ‘esposa femeninamente fiel’. Ella misma por anticipado tiende a racionalizar sus sentimientos de modo tal que se acomoden a los arquetipos propios de esa tradición.
Vayamos a la ejemplificación. El otro texto que extraje del mismo libro es un poema y fue escrito en la segunda mitad del siglo XX, más precisamente en 1977. Nos encontramos en él con una descripción que gira alrededor del cuerpo. Está escrito por la misma persona que escribió el texto anteriormente leído.
Confesión
En esta tu ausencia presente / quiero confesarte cosas...
Cosas que, sin que yo lo quiera, / se me ríen en el cuerpo y en la piel.
Mi cuerpo, / ese que conociste / antes de quedarse huérfano,
parado en una nube,/ como un pájaro triste/ hoy se ve.
Cansado de andar solo, / dueño de sí mismo y del tiempo,
pidiéndome disculpas, / anda buscando un límite.
Se interna en los espacios vitales / de los otros / y anda como los gatos,
de noche bajo la luna, / recorriendo ágil, / uno tras otro, / el aliento de los patios.
Mi cuerpo...ese que conociste... / Lo dejo que se vaya, / como si no fuera mío
que me deje el alma dormida y triste / conmigo.
Por razones ajenas a la pareja, los amantes están separados por más de dos años y la joven lamenta esa separación al mismo tiempo que no puede dejar de confesar el deseo que recorre su joven cuerpo. El nombre mismo del poema, Confesión, nos remite a una institución propia del mundo religioso católico que está gravitando en la exteriorización del sentimiento. El cuerpo es -para la autora- algo que posee y que la lleva por caminos de “perdición”. No puede aceptar en la representación consciente que los deseos tensionen su corporeidad. No puede admitir que ella es su cuerpo y, por lo tanto, no se hace cargo de sus vivencias eróticas. No se lo permite su consciencia y –gracias a su formación en una cultura que reprime el placer sensible en la mujer-, apela al desdoblamiento entre cuerpo y alma. Tanto en el primer ejemplo, el del baño corporal con el cuerpo vestido, experimentado en la primera mitad del siglo XX, como ahora, en la confesión se evidencia la represión de la intencionalidad hacia lo afectivo. Se traduce esto en el desdoblamiento, que como en las tragedias griegas el Deux ex machina viene a solucionar el conflicto.
Retomemos:
En la percepción en general, existe un fenómeno denominado ‘regulación compensatoria’ que tiende a agregar y a corregir en función de la experiencia anterior del sujeto. Esta afirmación está hecha teniendo como objeto de estudio la percepción humana en general.
Cuando esta afirmación es aplicada a la percepción específica de un sujeto femenino, la compensación de lo que percibe siempre obedecerá a las normas culturales pero, -en este caso- serán las que rigen el lugar simbólico específico de la mujer en su cultura. Lugar simbólico éste que nunca respondió a la vivencia personal e individual de la mujer sino a lo que se esperó o se espera históricamente de ella.
Es válido preguntarnos, entonces, ¿desde dónde se opera la mencionada “compensación regulatoria” en el caso de la percepción de un sujeto construido como mujer? Analizando la obras de mujeres artistas, escritoras, plásticas, etcétera, dice Eva Klein Bouzaglo, que las obras de estas mujeres nos interpelan con la pregunta clave que también nosotros nos hacemos acá: ¿pueden las mujeres elaborar una estética del cuerpo cuando tenemos la sospecha -y hasta la certeza diría yo- de que la dominación, la circulación desigual del poder, la marginación laboral y la violencia cotidiana pasan por la forma del discurso y están presentes en la forma misma de la lengua que usamos?
Lo que queremos resaltar es que existe una falacia al suponer la superioridad intrínseca de la experiencia inmediata que postula el realismo ingenuo. Decir: “yo estaba ahí”, “nadie me lo contó” no deja de ser una adaptación de lo observado a los propios esquemas; y en la mayoría de los casos, a los esquemas culturales hegemónicos. Lo que percibo como mujer no es el resultado de una experiencia inmediata. Mi percepción está determinada por mi formación religiosa, moral cultural. La mujer puede destinar horas de su vida a planchar con dedicación la línea del pantalón de su marido o de sus hijos.
Habíamos dicho, siguiendo a Merleau-Ponty que, sexualidad, conocimiento y acción, los tres sectores del comportamiento, manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral. Ahora bien, el dilema se presenta cuando queremos definir la percepción del propio cuerpo en la mujer. Si por siglos la mujer no ha podido hablar por sí misma, convencida de que ella no podía conocerse por sus limitaciones intelectuales, es comprensible que asumiera lo que de ella se dijera, y de esa forma actuara y pensara en consecuencia. Será necesario que la memoria del cuerpo negado se aleje de esa representación internalizada desde su temprana infancia, para que libremente su cuerpo intencione como cuerpo habitual.
Según lo que afirma Roberto Inda simultáneamente con los cambios operados en el rol social de la mujer, se vio afectado el rol del hombre. Poco a poco, éste fue tomando consciencia de no ser “el dueño de la sexualidad, ni del saber.” En la sociedad antropocéntrica, dichos valores apuntalaron la autoestima del varón y permitieron la construcción de una identidad humana hegemónica y dominante. Pero es evidente que la pareja humana es una unidad fundamental, sus dos mitades se necesitan mutuamente tanto desde lo biológico como desde lo social. Dice Simone de Beauvoir, “(…) al interior de esta unidad, para el hombre, la mujer es el Otro, en cambio, para la mujer, ella es el Otro en el interior de esa totalidad cuyos dos términos se necesitan. La mujer se percibe como lo otro del hombre por lo tanto, ella es el Otro doblemente.” Tocamos acá un sentido de la alteridad como un absoluto “a pesar de que la necesidad biológica pone al macho bajo la dependencia de la hembra” Según la autora, hay una tendencia de la mujer a continuar siendo el otro porque en definitiva porque aspirar a ser sujeto conlleva un riesgo económico y –lo que es más importante- implica el riesgo metafísico de tener que justificar su existencia, inventar sus propios fines.
Nunca seré mi cuerpo si no puedo ser yo la que decido o no qué hacer conmigo misma. Después de la Declaración de los Derechos Humanos donde leemos en el Artículo 2, inciso l, que todas las personas tienen los derechos y libertades proclamados en esa Declaración sin distinción alguna de raza, color, sexo, (la bastardilla es nuestra), idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, habrá que seguir bregando para que las declaraciones no se queden en los papeles. “Dice Tere Saez: “Es como una negación constante de una realidad: la de que las personas se relacionan y comunican entre sí, también con el cuerpo (…).
BIBLIOGRAFÍA
Merleau-Ponty, Maurice (1945) Fenomenología de la Percepción. Ed. Península. Barcelona.1975. Primera parte. El cuerpo. P. 100
op .cit. P.101
op .cit. P. 11
op. cit. P. 14.
op. cit. P 222
Schnaith, Nelly: Los códigos de la percepción, del saber y de la representación en una cultura visual, en Rev. TipoGráfica 4, Pp.26-29. 1987
Merleau-Ponty, M. op. cit P.173
Merleau-Ponty, M.: op. cit. PS 174 y 175
op. cit. P. 174
Informe Kinsey (1963) publicado en castellano en 2 volúmenes, por Siglo XX, en 1967 con el nombre El comportamiento sexual de la mujer
Merleau-Ponty, M.: op.cit. P 220.
Mafia, Diana: http://agendadelasmujeres.com.ar/notadesplegada.php?id=1105 Ciudadanía y participación política de las mujeres. Sin fecha.
Eva Klein Bouzaglo en Rev. Electrónica Verbigracia, ideas, artes y letras. Caracas Año V. Nº 24. 16 de marzo 2002
Vinculo: http://www.varones.com.ar/redaccion.htm#1 Roberto Inda: licenciado en psicología de la UBA e investigador en temas de género de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
de Beauvoir, Simone (1949): El segundo sexo. Tomo I. Ed. Siglo XX. Buenos Aires.1984. P.16 y ss.
Tere Sáez, Técnica de Igualdad. : De Londres a Paris, pasando por el juzgado en
http://www.e-leusis.net/Monograficos/opinion_ver.asp?id_monografico=655.
RESEÑA BIOGRÁFICA
LOMBARDELLI, Martha Alicia
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA- FACULTAD DE BELLAS ARTES (Diag. 78. nº 680)
- Licenciada. Docente Investigadora en UNLP. Categoría III
- Integrante del Banco de evaluadores de Proyectos de Extensión de la UNLP
- Directora del Proyecto de Investigación: Imagen de la mujer en la Argentina en el siglo XX. Código B – 184. Período 2006/9
- Co-directora del Proyecto de Investigación: Innovación en la enseñanza de los
lenguajes artísticos. Código 0 151-Períod9 2005-2008
- Directora de tesis de maestría . UN de MENDOZA
- Profesora en Filosofía. Egresada de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP.
- Profesora Adjunta Ordinaria Teoría de la Práctica Artística, Facultad de Bellas Artes- Universidad Nacional de La Plata (UNLP)
- Profesora Titular Estética-Fundamentos Filosóficos, Facultad de Bellas Artes- UNLP-
Consejera Académica en Facultad de Bellas Artes de la UNLP en el período 2003-6
- Co directora del Curso de Postgrado http://www.edu3000.com.ar/estetica/
- Autora del blog: Pensamiento crítico. http://lombardellimarthalicia.blogspot.com/
“ “ Algo para pensar. http://lombardellimarthaalicia.blogspot.com/
Artículos publicados: Nacionales e Internacionales- Ponencias
Revista electrónica Debate Cultural.-VENEZUELA http://www.debatecultural.com/Observatorio/MarthaLombardelli2.htm
Lombardelli, Martha Alicia: A raíz de una consulta hecha por una alumna - Sobre el pensamiento de Rodolfo Kusch, 2007
Lombardelli, Martha Alicia: La estética de lo tenebroso en Rodolfo Kusch, octubre de 2006
Estética y pertinencia cultural del sujeto. Rev. Perspectivas de la Educación. El siglo XXI desde México y América Latina. Rev. Cuatrimestral. Año 12. Nº 2-Enero-abril 2006- MÉXICO
Apuntes para una nueva concepción de la estética en Rev. Perspectivas de la Educación. El siglo XXI desde México y América Latina. Rev. cuatrimestral. Año 11, Nº 1 nº-sep.-dic-2005- MÉXICO
El largo camino hacia el estatus de sujeto de la mujer. Ciclo de Conferencias de Verano- Monte Hermoso-Prov. BS.AS. Argentina enero 2008
Nacimiento del artista en Occidente. Ciclo de Conferencias de Verano. Monte Hermoso. Prov. Buenos Aires. Argentina . enero 18 2007
Imagen de la mujer en la obra de un escritor de la Generación del 80’. Eugenio Cambaceres. PROGRAMA IBEROAMERICANO DE ESTUDIOS SOBRE IMAGINARIOS – IDEI- I º Encuentro de Investigadores del Programa Congreso Internacional de investigadores de imaginarios IDEI - 22,23 y 24 de noviembre de 2006 La Plata- Argentina
Mujer y arte público: prácticas de denuncia social en Rev. Arte, Educación y Cultura contemporáneas en Latinoamérica. UNLP. Argentina 2006
Apuntes para una nueva concepción de la Estética. En CD producido por Secretaría de ciencia y Técnica de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. ARGENTINA, agosto 2005
Metodología de la investigación en ciencias sociales: La huella de la memoria en los espacios públicos. En CD Producido por Secr. Ciencia y Técnica de Facultad Bellas Artes. La Plata- ARGENTINA agosto 2005
Cultura y Arte, en Rev. del Inst. de Investig. Estéticas. Facultad de Artes. Univ. Nac. Tucumán. 1995 ARGENTINA
La enseñanza de Estética en las Facultades de Arte. Rev. Arte e Investigación .Nº 1 -UNLP-1996 ARGENTINA
Las nuevas imágenes y el arte. Rev. Arte e Investig. Nº 4, - UNLP-1999
Dinámicas alternativas entre el Estado y la sociedad civil. Rev. Búsquedas. Asociación Docentes Universitarios. La Plata. Argentina. 2000. ARGENTINA
Ha presentado en el 2005, en la 31º Feria Internacional del Libro de Bs. As., su libro "Cuentos, sueños y poesías". Editorial Al Margen. La Plata –ARGENTINA
Párraga, Eugenia Lenina:
Diseñadora en Comunicación Visual. Miembro del Equipo de investigación dirigido por Lombardelli, Martha Alicia: Imagen de la mujer en la Argentina en el siglo XX. Código B – 184. Período 2006/9
Ayudante Diplomada de la Cátedra Estética-Fundamentos
IV CONGRESO IBEROAMERICANO DE ESTUDIOS DE GÉNERO
“Los caminos de la libertad y la igualdad en la diversidad”
30, 31 de julio y 1º de agosto 2008
Eje temático: 9. Culturas, identidades, sexualidades y género
Nombre y Apellidos autor/a : Martha Alicia Lombardelli-
Pertenencia institucional : Facultad de Bellas Artes - UNLP
Nombre y Apellidos Diseño Visual: Eugenia Lenina Párraga
Pertenencia institucional: Facultad de Bellas Artes - UNLP
«El cuerpo es el vehículo de la existencia en el mundo y tener un cuerpo es, para una criatura viva, estar integrado en un entorno definido, para identificar¬se con ciertos proyectos y estar siempre comprometido con ellos»
Palabras claves: Cuerpo como propiedad - cuerpo vivido. cuerpo habitual, cuerpo actual.
(Repertorio latente de capacidades de comportamiento que se ha configurado mediante hábitos adquiridos culturalmente a partir de las posibilidades permitidas por nuestra estructura anátomo-fisiológica)
Este trabajo se inscribe en el marco de la investigación que dirijo desde el 2006 -2009, al interior del Programa Nacional de Incentivos a los Docentes investigadores: MUJER.- DISTINTAS LECTURAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN FEMENINA A TRAVÉS DE LA PERSPECTIVA CRÍTICA DE GÉNERO EN DIVERSOS SOPORTES DISCURSIVOS EN LA ARGENTINA DEL SIGLO XX.
Las preguntas que lo atraviesan se pueden expresar de la siguiente manera: ¿Se posee un cuerpo o se es un cuerpo? ¿La explicación fenomenológica acerca de la percepción del mundo en general y del cuerpo en especial es igualmente válida para el sujeto humano masculino y el femenino? ¿La mujer se vive como cuerpo?
En la actualidad, las normas y leyes sociales, los esquemas familiares ¿le permiten tomar consciencia de eso? Su educación ¿ha variado tanto como para que pueda referirse a sí misma como la responsable de su afectividad? ¿O aún se refugia en el desdoblamiento tradicional de cuerpo y espíritu?
Con este trabajo sé que las preguntas continuarán sin respuestas; sólo trato de visibilizar el tema, la duda que tengo. Por lo tanto, el método de abordaje que utilizo es dialéctico existencial-descriptivo-reflexivo. Me valgo de ideas aportadas por otra/os autora/es para ir anudando descripciones, experiencias personales reflexiones mías y ajenas.
Este tema ha sido tratado ya, pero la particularidad se origina en que, quien hace la pregunta soy yo; una mujer. Eso se convierte en la novedad porque por siglos los hombres construyeron su propia imagen y reflexionaron sin tener en cuenta la perspectiva de género femenino. La imagen y representación hegemónica del hombre, válida para el género humano y para el hombre singular, subsumía en sí, sin diferencias, la imagen de la mujer. Ellas siempre fueron representadas, mencionadas, contadas, por ellos.
Hoy por hoy no es novedad afirmar que mi cuerpo es esa suma de disposiciones culturales y valores simbólicos, que fueron troquelando mi accionar, mis conocimientos y mi sexualidad. Las variaciones históricas que inevitablemente se suceden me atraviesan y me construyen. Nadie niega ya que podemos entender el cuerpo –nuestro propio cuerpo- como un elemento más de las construcciones culturales y de los valores simbólicos con que intentamos organizar el medio ambiente y el mundo. Pero, según Merleau-Ponty, ese saber consciente se origina a partir de un saber subyacente y previo a todo otro saber. Es el saber del cuerpo, y en él concurren “como dos estratos distintos: el del cuerpo habitual y el del cuerpo actual”
“En el primero figuran los gestos de manejo que han desaparecido del segundo la cuestión de saber cómo puedo sentirme provisto de un miembro que ya no tengo equivale, de hecho, a saber como el cuerpo habitual puede hacerse garante del cuerpo actual (…) Correlativamente, es preciso que mi cuerpo sea captado no solamente en una experiencia instantánea, singular, plena, sino también bajo un aspecto de generalidad y como un ser impersonal.” (p.101). En Merleau-Ponty no es nuestro cuerpo físico sino su representación dentro del cuerpo mismo lo que me permite que el cuerpo actúe en el mundo.
Dice Merleau-Ponty: el cuerpo no es un objeto. Y esto que parece tan obvio sin embargo lo sostuvo toda la tradición filosófica. El cuerpo es la condición de posibilidad de los objetos. Antes que nada somos en el mundo y lo somos gracias a nuestro cuerpo. Somos un cuerpo percibiente y por el solo hecho de ser cuerpo en el mundo se da la percepción como la instancia de significación. Dicha percepción no nace de una conciencia reflexiva sino que constituye una dimensión intencional propia de nuestro cuerpo. Esto no quiere decir que el cuerpo actúe mecánicamente al estilo “estímulo-reflejo”. Más bien son soluciones que generamos, para resolver situaciones que nacen de ser- en-el-mundo, ser con los demás.
Construimos nuestro mundo desde esa apertura que vivimos, en tanto somos cuerpo en el mundo, el cuerpo es fundante. Pero al mismo tiempo se nos revela como una ambigüedad porque no lo podemos convertir en objeto de conocimiento. En tanto no podemos afirmar que existimos como cosa o como conciencia, somos una ambigüedad.
Es a raíz de esa consideración del cuerpo: de experimentar y comprobar la manera en que tomamos contacto con nuestro cuerpo, la forma en que lo vivimos, lo sentimos y , por último, lo representamos -e inclusive las maneras que tenemos de auto representarnos situadamente-, que podemos afirmar que esas instancias están atravesadas ineluctablemente por la cultura.
Analicemos esta afirmación y veamos si lo que se ha dicho sobre el individuo incluye o ignora la diferencia de género. Sabemos que todo lo que se viene escribiendo sobre el cuerpo siempre ha tenido como objeto de estudio al individuo hombre. Pero el discurso que versa sobre la corporalidad la afectividad, la sexualidad y todo aquello que tenga que ver con momentos personales e íntimos no se encuentra en paridad de lugares y valoraciones si analizamos comparativamente el cuerpo humano femenino y el masculino.
Me guiaré por lo que los distintos autores: filósofos, psicólogos, psicoanalistas, fenomenólogos, etcétera, han escrito del cuerpo humano en general, y, de esas teorías trataré de desagregar aquello que se corresponda o no con el ser humano mujer. En la mayoría de los casos tendré en cuenta para mi trabajo las aclaraciones que hace el historiador Georges Duby en su libro Mujeres del siglo XII: “Lo que intento mostrar no es lo realmente vivido. Inaccesible. Lo que trato de mostrar son reflejos, lo que reflejan testimonios escritos. Me fío de lo que dicen. Digan la verdad o mientan, lo importante no es eso. Para mí lo importante es la imagen que proporcionan de una mujer (…).”
Por otra parte, sabemos que a lo largo de la historia, en construcciones sociales como la Iglesia, la ciencia, la historia, la filosofía y el derecho, dice Diana Mafia, "los hombres se enuncian pero las mujeres somos dichas, no somos sujetos de enunciación" Es decir, tendré en cuenta la imagen que proporcionan de las mujeres y la relación de éstas con su cuerpo. Apelaré también a discursos especialmente subjetivos para demostrar la distancia que existe entre la percepción del cuerpo como propiedad y la percepción del cuerpo como vivencia reprimida de acuerdo a pautas culturales vigentes.
El texto siguiente está sacado de un libro poco conocido y se denomina “Noche de monjas”. Fue escrito por una mujer en los años setenta pero el hecho que narra ocurrió justo al finalizar la primera mitad del siglo XX. La autora describe su experiencia personal tal como la recuerda.
“(…) Demás está decir que muchas de las virtudes burguesas que poseo: disciplina, perseverancia, concentración, pulcritud, orden y la tendencia al ahorro, las debo a mi estadía -durante dos años- en el colegio "Jesús de Nazareth", en la ciudad de Buenos Aires.
(…)Todos los días cumplíamos con la siguiente rutina: lavarnos la cara y peinarnos; formar fila para que nos entregaran los respectivos guardapolvos y nos prendieran el moño - grande y duro como si fuera de cartón-, en la cabeza; esperar que nos repartieran el velo o mantilla que nos cubriría la cabeza. Todas las niñas rogábamos que nos tocara en suerte una mantilla que fuera más grande que un pañuelo así nos pareceríamos mejor a las Santas de las estampitas. Después de escuchar la Santa Misa, desayunar, devolver los velos y salir -ordenadamente en fila de a dos- para el otro colegio. (…) -justo el día anterior a tomar la Primera Comunión- sucedió algo especial e inolvidable. Las monjas nos adoctrinaban en la idea de vivir sin pecados; todos los días del año. Sabíamos que cumpliendo con todo lo que nos decían, nuestro nombre –escrito en un pedacito de paño lenci rojo- iría subiendo por el corazón de Jesús en la lámina que estaba colgada en una de las paredes del comedor diario. Nuestro objetivo era el estado de pureza total para el día fijado en que tomaríamos -por primera vez- la comunión. La noche de la víspera, las hermanitas nos hicieron formar fila, después del último recreo, para ir a bañarnos. Nunca nos sacábamos ni la bombachita ni la camiseta para recibir el baño. Las monjas nos lavaban con esas prendas puestas. Refregaban nuestros cuerpecitos por encima de ellas. Luego, cuando salíamos de la ducha, otra monja nos envolvía en una gran toalla. Debajo de ella -con la dificultad obvia que ofrece el hecho de tener que sacarse una prenda que se pega al cuerpo-, teníamos que tironear la ropa mojada. Envueltas en la toalla nos mandaban -corriendo por el patio- a la habitación inmensa y llena de camas-cuchetas. Ahí, teníamos que esperar, quietecitas y tapaditas con la ropa de cama, a que nos repartieran nuestras ropas interiores, y luego... limpias y puras, ¡a dormir para el gran día que llegaba! ¡Recibiríamos por primera vez el cuerpo de Jesucristo!
Nuestro cuerpo debía ser un templo apropiado para esa llegada. Meses que nos veníamos preparando para estar listas, puras, santas...Las hermanitas insistían e insistían con la misma cantinela... "Niñas buenas, sin malos pensamientos, obedientes, debíamos ser para que Jesús nos amara..." Algo pasó, sin embargo, que hizo que nunca olvidara ese día. Algo que parecía producto de mentes poseídas más que de niñas de 6 o 7 años... Era diciembre y la noche nos acariciaba cálidamente. Estábamos bastante excitadas por lo que sucedería al día siguiente. (…)
Cuando llegamos a la habitación y vimos que las monjitas encargadas de repartirnos la ropa interior limpia todavía no habían llegado,... nos sacamos las toallas que nos envolvían y nos pusimos a saltar de cama en cama, ¡desnudas! ...¡totalmente desnudas! y... gozando como diablillos de tan inapropiada travesura. ¡Todo se convirtió en gritos y risas...!”
El texto nos habla de la enseñanza que se les daba a las niñas en la primera mitad del siglo XX, sobre el cuerpo propio. Es cierto que se está hablando de un colegio religioso y posiblemente en las escuelas públicas, con una fuerte orientación positivista, no sucediera lo mismo. En ese colegio se enseñaba que el cuerpo era un templo que se poseía; en él habitaba el alma de cada niña durante toda su vida y hasta la muerte. Debía mantenerse limpio físicamente, velado y oculto a las miradas propias y ajenas. Tan oculto que se lo debía bañar sin desvestirlo. Posiblemente -y de acuerdo al desenlace de la narración- todavía no se había internalizado el hábito de ocultar el cuerpo ni se había conscientizado en profundidad la idea del mismo como fuente de pecado. La diversión obedecía más al hecho de andar saltando de cama en cama en lugar de estar acostadas que a la desnudez.
Si durante años y hasta avanzado el siglo XX, la mujer fue preparada para no ostentar su cuerpo, no verlo ni mostrarlo, no tocarlo ni pensarlo, es difícil suponer que le cabe la afirmación de Merleau-Ponty cuando dice: “Hemos aprendido de nuevo a sentir nuestro cuerpo. Hemos reencontrado –bajo el saber objetivo y distante del cuerpo-, este otro saber que del mismo tenemos, porque está siempre con nosotros y porque somos cuerpo”. [Las bastardillas me pertenecen
El autor publica su libro en 1945 y los hechos que se narran en el texto leído nos remite justamente a unos cuatro años más tarde que esa fecha: 1949.
Además, los aportes fenomenológicos de Merleau-Ponty cuestionan el “saber objetivo” ya que en ese tipo de saber, el mundo es puesto por el que conoce ante él mismo y no se tiene en cuenta que el sujeto de conocimiento también está en ese mundo. Estamos ignorando al sujeto de la percepción. Y el sujeto de la percepción es quien moldea la percepción. Por eso quise realizar el análisis sobre la experiencia hecha por una mujer tal como ella la percibió y como la recuerda muchos años después.
Como afirma Nelly Schnaith, todos los a priori de la construcción del percepto: historia personal, profesión, ubicación social operan como determinantes de la percepción en general. A esta lista podríamos agregarle –en especial y fundamentalmente- su pertenencia de género.
La idea de la dicotomía entre mi conciencia y mi cuerpo, -o como lo planteara el pensamiento griego: soma y sema: el cuerpo (soma) es tumba (sema) para el alma- es
fusionado sincréticamente en el Renacimiento con el pensamiento cristiano y lleva a una educación en la que el cuerpo debe negarse para que el alma se salve. Pero es sabido que social y culturalmente, esta educación sólo se mantuvo vigente para la mujer.
Entonces es válido pensar que, si todos los estudios demuestran que desde la perspectiva de género, el cuerpo de la mujer fue reprimido por la educación y la formación social en general, difícilmente podríamos reconocerle la posesión de la “consciencia encarnada”.
Para comprender aquello que motiva este trabajo, nos detendremos en el aspecto que más ha padecido la negación o represión social y moral en la mujer. Nos referimos al cuerpo como ser sexuado, al contexto de la experiencia afectiva para el ser humano en general. Merleau-Ponty hace hincapié en la importancia del cuerpo en la construcción del mundo. El autor compara al ser humano normal con un enfermo y marca las diferencias: En el ser humano normal la sexualidad, el conocimiento y la acción son los tres sectores del comportamiento; y manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral. En este aspecto, es interesante destacar que Merleau-Ponty reivindica el aporte del psicoanálisis freudiano, al descubrir en las funciones que se tenían por 'puramente corpóreas', su relación dialéctica con los demás comportamientos.
Recordemos que cuando mencionamos lo sexual no estamos hablando de lo genital. Cito al autor: "Un espectáculo tiene para mí una significación sexual, no cuando me represento, siquiera confusamente, su relación posible con los órganos sexuales o con los estados de placer, sino cuando existe para mi cuerpo, para esta potencia siempre pronta a trabar los estímulos dados en una situación erótica y ajustar una conducta sexual a la misma. Se da una 'comprensión erótica' que no es del orden del entendimiento, porque el entendimiento comprende advirtiendo una experiencia bajo una idea, mientras que el deseo comprende ciegamente vinculando un cuerpo a un cuerpo. Incluso con la sexualidad que, no obstante, ha pasado mucho tiempo por ser el tipo de la función corpórea, nos enfrentamos, no a un automatismo periférico, sino a una intencionalidad que siga el movimiento general de la existencia y que ceda con ella."
En realidad, nos estamos refiriendo -dice el autor- al “poder general que tiene el sujeto psico-físico de adherirse a unos medios contextuales diferentes, de fijarse mediante experiencias diferentes, de adquirir unas estructuras de conducta” Y lo más importante, afirma, “Es lo que hace que un hombre posea historia”.
En el caso del enfermo, que menciona Merleau-Ponty, la percepción ha perdido la estructura erótica, Sus perturbaciones resultan de una herida circunscrita en la esfera occipital y esa patología altera la estructura de la percepción o de la experiencia erótica. Eso le impide dar valor o significación erótica o sexual a los estímulos exteriores. Dice merleau-Ponty, “lo que ha desaparecido en el enfermo es el poder de proyectar delante de sí un mundo sexual”, un mundo afectivo normal. Esta falta de intencionalidad para el enfermo le impide ponerse en situación sexual, tanto como afectiva o ideológica.
Veamos ahora qué sucede con el comportamiento sexual y, en consecuencia, con el mundo afectivo femenino. Me remitiré para ello al famoso Informe Kinsey, de 1963 . En él se afirma que existe un menor interés de la mujer respecto a las relaciones sexuales; además, que las mujeres tienden a aceptar más fácilmente las formas sociales porque no son tan accesibles como los hombres a los estímulos psíquicos o tan sometidas a reacciones inducidas. Con lo valioso que fue el aporte de ese informe, las conclusiones a las que arriba respecto al comportamiento sexual de las mujeres, según Igor Caruso-, son cuestionables. Para este autor, la cultura de occidente favorece una conducta “femenina” pasiva. Podemos preguntarnos ¿es pasiva por ser femenina o a la inversa, es femenina por ser pasiva?
Sabemos que en la Grecia antigua la homosexualidad era común pero no se la discriminaba y sí se lo hacía respecto a la mujer. Los generales de todos los ejércitos antiguos eran homosexuales, los marineros y los cazadores lo eran también según las estaciones del año. Occidente acentuó la sumisión de la mujer en la Edad Moderna en el mismo momento en que comenzó a discriminar la homosexualidad como contaminación de la amistad viril. Es decir, la discriminación de la homosexualidad es simultánea a la subordinación de la mujer.
Dice Diana Mafia: “(…) pero es con los contractualitas con quienes el discurso universalista nos genera una expectativa a las mujeres que luego se ve decepcionada, y sobre ese trasfondo se hace más visible el prejuicio androcéntrico que genera una ‘ceguera de genero’. Hobbes, Locke y Rousseau no inventan el poder de los varones y la intangibilidad de la familia patriarcal, pero de ellos esperamos al menos que no lo legitimen y lo consagren, y eso no ocurre.”
Ante esa identidad masculina, se decía que las mujeres presentaban un escaso interés y curiosidad sexual en comparación con los hombres.
También se ha dicho que esa pasividad de la mujer se corresponde con el comportamiento de las hembras entre los mamíferos superiores. Por lo tanto, lo convierte en algo biológico. El análisis cuantitativo de los datos que relevó el informe Kinsey avala esta afirmación. Las estadísticas, por auténticas y válidas que sean pueden ser interpretadas erróneamente si no se las contextualizan. Es lo que resulta del informe Kinsey en este aspecto, ya que la disposición de la mujer a reprimir la afectividad y el interés sexual hacia candidatos no aceptados legalmente por la sociedad se relaciona con las normas culturales de tipo patriarcal.
Además, se sumó el hecho de considerarlas menos troqueladas sexualmente que los hombres, por relaciones anteriores. Debemos considerar que la tendencia de la mujer -aun hoy y a pesar de ciertas transformaciones básicas-, favorecida y reforzada por una tradición patriarcal, promueve el tipo de la ‘mujer de un solo amor’, la ‘buena madre para sus hijos’, la ‘esposa femeninamente fiel’. Ella misma por anticipado tiende a racionalizar sus sentimientos de modo tal que se acomoden a los arquetipos propios de esa tradición.
Vayamos a la ejemplificación. El otro texto que extraje del mismo libro es un poema y fue escrito en la segunda mitad del siglo XX, más precisamente en 1977. Nos encontramos en él con una descripción que gira alrededor del cuerpo. Está escrito por la misma persona que escribió el texto anteriormente leído.
Confesión
En esta tu ausencia presente / quiero confesarte cosas...
Cosas que, sin que yo lo quiera, / se me ríen en el cuerpo y en la piel.
Mi cuerpo, / ese que conociste / antes de quedarse huérfano,
parado en una nube,/ como un pájaro triste/ hoy se ve.
Cansado de andar solo, / dueño de sí mismo y del tiempo,
pidiéndome disculpas, / anda buscando un límite.
Se interna en los espacios vitales / de los otros / y anda como los gatos,
de noche bajo la luna, / recorriendo ágil, / uno tras otro, / el aliento de los patios.
Mi cuerpo...ese que conociste... / Lo dejo que se vaya, / como si no fuera mío
que me deje el alma dormida y triste / conmigo.
Por razones ajenas a la pareja, los amantes están separados por más de dos años y la joven lamenta esa separación al mismo tiempo que no puede dejar de confesar el deseo que recorre su joven cuerpo. El nombre mismo del poema, Confesión, nos remite a una institución propia del mundo religioso católico que está gravitando en la exteriorización del sentimiento. El cuerpo es -para la autora- algo que posee y que la lleva por caminos de “perdición”. No puede aceptar en la representación consciente que los deseos tensionen su corporeidad. No puede admitir que ella es su cuerpo y, por lo tanto, no se hace cargo de sus vivencias eróticas. No se lo permite su consciencia y –gracias a su formación en una cultura que reprime el placer sensible en la mujer-, apela al desdoblamiento entre cuerpo y alma. Tanto en el primer ejemplo, el del baño corporal con el cuerpo vestido, experimentado en la primera mitad del siglo XX, como ahora, en la confesión se evidencia la represión de la intencionalidad hacia lo afectivo. Se traduce esto en el desdoblamiento, que como en las tragedias griegas el Deux ex machina viene a solucionar el conflicto.
Retomemos:
En la percepción en general, existe un fenómeno denominado ‘regulación compensatoria’ que tiende a agregar y a corregir en función de la experiencia anterior del sujeto. Esta afirmación está hecha teniendo como objeto de estudio la percepción humana en general.
Cuando esta afirmación es aplicada a la percepción específica de un sujeto femenino, la compensación de lo que percibe siempre obedecerá a las normas culturales pero, -en este caso- serán las que rigen el lugar simbólico específico de la mujer en su cultura. Lugar simbólico éste que nunca respondió a la vivencia personal e individual de la mujer sino a lo que se esperó o se espera históricamente de ella.
Es válido preguntarnos, entonces, ¿desde dónde se opera la mencionada “compensación regulatoria” en el caso de la percepción de un sujeto construido como mujer? Analizando la obras de mujeres artistas, escritoras, plásticas, etcétera, dice Eva Klein Bouzaglo, que las obras de estas mujeres nos interpelan con la pregunta clave que también nosotros nos hacemos acá: ¿pueden las mujeres elaborar una estética del cuerpo cuando tenemos la sospecha -y hasta la certeza diría yo- de que la dominación, la circulación desigual del poder, la marginación laboral y la violencia cotidiana pasan por la forma del discurso y están presentes en la forma misma de la lengua que usamos?
Lo que queremos resaltar es que existe una falacia al suponer la superioridad intrínseca de la experiencia inmediata que postula el realismo ingenuo. Decir: “yo estaba ahí”, “nadie me lo contó” no deja de ser una adaptación de lo observado a los propios esquemas; y en la mayoría de los casos, a los esquemas culturales hegemónicos. Lo que percibo como mujer no es el resultado de una experiencia inmediata. Mi percepción está determinada por mi formación religiosa, moral cultural. La mujer puede destinar horas de su vida a planchar con dedicación la línea del pantalón de su marido o de sus hijos.
Habíamos dicho, siguiendo a Merleau-Ponty que, sexualidad, conocimiento y acción, los tres sectores del comportamiento, manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral. Ahora bien, el dilema se presenta cuando queremos definir la percepción del propio cuerpo en la mujer. Si por siglos la mujer no ha podido hablar por sí misma, convencida de que ella no podía conocerse por sus limitaciones intelectuales, es comprensible que asumiera lo que de ella se dijera, y de esa forma actuara y pensara en consecuencia. Será necesario que la memoria del cuerpo negado se aleje de esa representación internalizada desde su temprana infancia, para que libremente su cuerpo intencione como cuerpo habitual.
Según lo que afirma Roberto Inda simultáneamente con los cambios operados en el rol social de la mujer, se vio afectado el rol del hombre. Poco a poco, éste fue tomando consciencia de no ser “el dueño de la sexualidad, ni del saber.” En la sociedad antropocéntrica, dichos valores apuntalaron la autoestima del varón y permitieron la construcción de una identidad humana hegemónica y dominante. Pero es evidente que la pareja humana es una unidad fundamental, sus dos mitades se necesitan mutuamente tanto desde lo biológico como desde lo social. Dice Simone de Beauvoir, “(…) al interior de esta unidad, para el hombre, la mujer es el Otro, en cambio, para la mujer, ella es el Otro en el interior de esa totalidad cuyos dos términos se necesitan. La mujer se percibe como lo otro del hombre por lo tanto, ella es el Otro doblemente.” Tocamos acá un sentido de la alteridad como un absoluto “a pesar de que la necesidad biológica pone al macho bajo la dependencia de la hembra” Según la autora, hay una tendencia de la mujer a continuar siendo el otro porque en definitiva porque aspirar a ser sujeto conlleva un riesgo económico y –lo que es más importante- implica el riesgo metafísico de tener que justificar su existencia, inventar sus propios fines.
Nunca seré mi cuerpo si no puedo ser yo la que decido o no qué hacer conmigo misma. Después de la Declaración de los Derechos Humanos donde leemos en el Artículo 2, inciso l, que todas las personas tienen los derechos y libertades proclamados en esa Declaración sin distinción alguna de raza, color, sexo, (la bastardilla es nuestra), idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, habrá que seguir bregando para que las declaraciones no se queden en los papeles. “Dice Tere Saez: “Es como una negación constante de una realidad: la de que las personas se relacionan y comunican entre sí, también con el cuerpo (…).
BIBLIOGRAFÍA
Merleau-Ponty, Maurice (1945) Fenomenología de la Percepción. Ed. Península. Barcelona.1975. Primera parte. El cuerpo. P. 100
op .cit. P.101
op .cit. P. 11
op. cit. P. 14.
op. cit. P 222
Schnaith, Nelly: Los códigos de la percepción, del saber y de la representación en una cultura visual, en Rev. TipoGráfica 4, Pp.26-29. 1987
Merleau-Ponty, M. op. cit P.173
Merleau-Ponty, M.: op. cit. PS 174 y 175
op. cit. P. 174
Informe Kinsey (1963) publicado en castellano en 2 volúmenes, por Siglo XX, en 1967 con el nombre El comportamiento sexual de la mujer
Merleau-Ponty, M.: op.cit. P 220.
Mafia, Diana: http://agendadelasmujeres.com.ar/notadesplegada.php?id=1105 Ciudadanía y participación política de las mujeres. Sin fecha.
Eva Klein Bouzaglo en Rev. Electrónica Verbigracia, ideas, artes y letras. Caracas Año V. Nº 24. 16 de marzo 2002
Vinculo: http://www.varones.com.ar/redaccion.htm#1 Roberto Inda: licenciado en psicología de la UBA e investigador en temas de género de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).
de Beauvoir, Simone (1949): El segundo sexo. Tomo I. Ed. Siglo XX. Buenos Aires.1984. P.16 y ss.
Tere Sáez, Técnica de Igualdad. : De Londres a Paris, pasando por el juzgado en
http://www.e-leusis.net/Monograficos/opinion_ver.asp?id_monografico=655.
RESEÑA BIOGRÁFICA
LOMBARDELLI, Martha Alicia
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA- FACULTAD DE BELLAS ARTES (Diag. 78. nº 680)
- Licenciada. Docente Investigadora en UNLP. Categoría III
- Integrante del Banco de evaluadores de Proyectos de Extensión de la UNLP
- Directora del Proyecto de Investigación: Imagen de la mujer en la Argentina en el siglo XX. Código B – 184. Período 2006/9
- Co-directora del Proyecto de Investigación: Innovación en la enseñanza de los
lenguajes artísticos. Código 0 151-Períod9 2005-2008
- Directora de tesis de maestría . UN de MENDOZA
- Profesora en Filosofía. Egresada de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP.
- Profesora Adjunta Ordinaria Teoría de la Práctica Artística, Facultad de Bellas Artes- Universidad Nacional de La Plata (UNLP)
- Profesora Titular Estética-Fundamentos Filosóficos, Facultad de Bellas Artes- UNLP-
Consejera Académica en Facultad de Bellas Artes de la UNLP en el período 2003-6
- Co directora del Curso de Postgrado http://www.edu3000.com.ar/estetica/
- Autora del blog: Pensamiento crítico. http://lombardellimarthalicia.blogspot.com/
“ “ Algo para pensar. http://lombardellimarthaalicia.blogspot.com/
Artículos publicados: Nacionales e Internacionales- Ponencias
Revista electrónica Debate Cultural.-VENEZUELA http://www.debatecultural.com/Observatorio/MarthaLombardelli2.htm
Lombardelli, Martha Alicia: A raíz de una consulta hecha por una alumna - Sobre el pensamiento de Rodolfo Kusch, 2007
Lombardelli, Martha Alicia: La estética de lo tenebroso en Rodolfo Kusch, octubre de 2006
Estética y pertinencia cultural del sujeto. Rev. Perspectivas de la Educación. El siglo XXI desde México y América Latina. Rev. Cuatrimestral. Año 12. Nº 2-Enero-abril 2006- MÉXICO
Apuntes para una nueva concepción de la estética en Rev. Perspectivas de la Educación. El siglo XXI desde México y América Latina. Rev. cuatrimestral. Año 11, Nº 1 nº-sep.-dic-2005- MÉXICO
El largo camino hacia el estatus de sujeto de la mujer. Ciclo de Conferencias de Verano- Monte Hermoso-Prov. BS.AS. Argentina enero 2008
Nacimiento del artista en Occidente. Ciclo de Conferencias de Verano. Monte Hermoso. Prov. Buenos Aires. Argentina . enero 18 2007
Imagen de la mujer en la obra de un escritor de la Generación del 80’. Eugenio Cambaceres. PROGRAMA IBEROAMERICANO DE ESTUDIOS SOBRE IMAGINARIOS – IDEI- I º Encuentro de Investigadores del Programa Congreso Internacional de investigadores de imaginarios IDEI - 22,23 y 24 de noviembre de 2006 La Plata- Argentina
Mujer y arte público: prácticas de denuncia social en Rev. Arte, Educación y Cultura contemporáneas en Latinoamérica. UNLP. Argentina 2006
Apuntes para una nueva concepción de la Estética. En CD producido por Secretaría de ciencia y Técnica de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. ARGENTINA, agosto 2005
Metodología de la investigación en ciencias sociales: La huella de la memoria en los espacios públicos. En CD Producido por Secr. Ciencia y Técnica de Facultad Bellas Artes. La Plata- ARGENTINA agosto 2005
Cultura y Arte, en Rev. del Inst. de Investig. Estéticas. Facultad de Artes. Univ. Nac. Tucumán. 1995 ARGENTINA
La enseñanza de Estética en las Facultades de Arte. Rev. Arte e Investigación .Nº 1 -UNLP-1996 ARGENTINA
Las nuevas imágenes y el arte. Rev. Arte e Investig. Nº 4, - UNLP-1999
Dinámicas alternativas entre el Estado y la sociedad civil. Rev. Búsquedas. Asociación Docentes Universitarios. La Plata. Argentina. 2000. ARGENTINA
Ha presentado en el 2005, en la 31º Feria Internacional del Libro de Bs. As., su libro "Cuentos, sueños y poesías". Editorial Al Margen. La Plata –ARGENTINA
Párraga, Eugenia Lenina:
Diseñadora en Comunicación Visual. Miembro del Equipo de investigación dirigido por Lombardelli, Martha Alicia: Imagen de la mujer en la Argentina en el siglo XX. Código B – 184. Período 2006/9
Ayudante Diplomada de la Cátedra Estética-Fundamentos
martes, 24 de junio de 2008
Por fin un estudio estadístico: Mujeres conduciendo
Las mujeres argentinas causan menos accidentes de tráfico que los hombres
martes 24 de junio, 10:51 AM
Buenos Aires, 24 jun (EFE).- Las mujeres son menos peligrosas al volante en Argentina, ya que causan solo el 3,2 por ciento de los accidentes graves, mientras que los hombres son los responsables del 96,8 por ciento de estos hechos, según un informe privado difundido hoy por la prensa local.
El estudio del que proceden los datos, relativos a accidentes en los que se han producido muertos o lesionados, se realizó desde 1996 hasta este año y analizó 5.000 accidentes en autopistas y zonas urbanas del país.
Aún teniendo en cuenta que en Argentina solo el 25 por ciento de las mujeres son conductoras, el informe revela que "su conducta más respetuosa de las normas de tránsito y menos temeraria de las maniobras de alto riesgo redunda en un notable beneficio para la seguridad vial y en una baja ostensible de su participación en accidentes graves".
El Centro de Experimentación de Seguridad Vial también estudió el comportamiento de los conductores argentinos en las autopistas y dedujo que la mujer (un 37 por ciento) es más paciente que el hombre (47 por ciento) si tiene un coche delante que circula a 110 kilómetros por hora en el carril rápido.
En este caso, el 12 por ciento de los hombres gesticuló, insultó o amedrentó al conductor del automóvil precedente, mientras que solo el 6 por ciento de las mujeres reaccionó de similar manera.
Además, el 80,1 por ciento de las mujeres hace uso del cinturón de seguridad, mientras que en el caso de los hombres es el 72,6 por ciento el porcentaje que se preocupa de abrochárselo.
Según datos del Registro Nacional de Accidentes de Tránsito de Argentina, al año se producen unas 8.000 muertes en las carreteras, en promedio 22 muertos por día y casi uno por hora, y un millón de accidentes. EFE
martes 24 de junio, 10:51 AM
Buenos Aires, 24 jun (EFE).- Las mujeres son menos peligrosas al volante en Argentina, ya que causan solo el 3,2 por ciento de los accidentes graves, mientras que los hombres son los responsables del 96,8 por ciento de estos hechos, según un informe privado difundido hoy por la prensa local.
El estudio del que proceden los datos, relativos a accidentes en los que se han producido muertos o lesionados, se realizó desde 1996 hasta este año y analizó 5.000 accidentes en autopistas y zonas urbanas del país.
Aún teniendo en cuenta que en Argentina solo el 25 por ciento de las mujeres son conductoras, el informe revela que "su conducta más respetuosa de las normas de tránsito y menos temeraria de las maniobras de alto riesgo redunda en un notable beneficio para la seguridad vial y en una baja ostensible de su participación en accidentes graves".
El Centro de Experimentación de Seguridad Vial también estudió el comportamiento de los conductores argentinos en las autopistas y dedujo que la mujer (un 37 por ciento) es más paciente que el hombre (47 por ciento) si tiene un coche delante que circula a 110 kilómetros por hora en el carril rápido.
En este caso, el 12 por ciento de los hombres gesticuló, insultó o amedrentó al conductor del automóvil precedente, mientras que solo el 6 por ciento de las mujeres reaccionó de similar manera.
Además, el 80,1 por ciento de las mujeres hace uso del cinturón de seguridad, mientras que en el caso de los hombres es el 72,6 por ciento el porcentaje que se preocupa de abrochárselo.
Según datos del Registro Nacional de Accidentes de Tránsito de Argentina, al año se producen unas 8.000 muertes en las carreteras, en promedio 22 muertos por día y casi uno por hora, y un millón de accidentes. EFE
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Estamos pensando...
sábado, 14 de junio de 2008
Soy consciente de que esto sucede hoy día.
Las relaciones humanas con los animales no humanos, se alimentan obsesivamente de una razón instrumental que elimina todo valor del animal por sí mismo convirtiéndolo en un mero medio o recurso al servicio de fines exclusivamente humanos. En la actual sociedad de consumo los animales domésticos pasan de ser objetos productivos a objetos mercantiles de disfrute y valorados por su utilidad hedonista. Es lo que llamamos mascotización, que en realidad es una forma de antropocentrismo que anula la consideración del animal doméstico como sujeto en sí mismo y como ser moralmente significativo y valioso. La mascota asume las cualidades de un simple objeto más de consumo y hace del animal vivo un simple producto del mercado que puede sufrir todos los usos propios de nuestra mentalidad consumista: el “usar y tirar”, la distinción social que da la adquisición de lo exótico, lo escaso y lo extinguible, la manía coleccionista, y el sobre-consumo. Para subvertir estos procesos de explotación sobre seres vivos sintientes es preciso redefinir nuestras concepciones y relaciones con los animales a partir del reconocimiento de la valía moral de los mismos. Debemos dejar de criar y usar animales domésticos y salvajes como simples medios para fines humanos hedonistas.
Palabras de David Hammerstein
http://www.davidhammerstein.com/article-5723555.html
Palabras de David Hammerstein
http://www.davidhammerstein.com/article-5723555.html
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Estamos pensando...
sábado, 17 de mayo de 2008

--"Por cortesía no nos corresponde a nosotras hablar primero, ¿no es verdad? --dijo la rosa--. pero ya me estaba yo preguntando cuándo ibas a hablar de una vez, pues me decía: «por la cara que tiene, a esta chica no debe faltarle el seso, aunque no parezca tampoco muy inteligente». De todas formas tienes el color adecuado y eso es, después de todo, lo que más importa." (de Alicia a Través del Espejo)
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Estamos pensando...
sábado, 16 de febrero de 2008
miércoles, 26 de diciembre de 2007
Origen de las imágenes negativas
Los amantes de René Magritte


Las imágenes negativas que ciertos grupos humanos proyectan sobre otros grupos humanos, nunca son casuales o accidentales. Tampoco obedecen a la ignorancia o el azar.
Normalmente, esas imágenes negativas van asociadas a la discriminación, a la explotación o sirven como argumentación para eliminar al contrario. También pueden deberse al miedo que produce el otro.
Es importante destacar que la imagen negativa será más intensa cuanto más necesaria se haga su explotación. Las mujeres fueron comprendidas como poco inteligentes pero astutas. El hombre siempre se sintió amenazado por la inteligencia de la mujer aunque no ignoró su carácter de astuta.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Estamos pensando...
lunes, 10 de diciembre de 2007
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