Existe una matriz unitaria que permite establecer el juego dinámico de correspondencias entre el yo, la comunidad y el cosmos. Ella permite que la propuestas particulares de identidad humana puedan adquirir una validez general, dice José Jiménez. Y agrega: Esa matriz unitaria está constituida por el cuerpo humano. Estructura biológica común a toda la especie y depósito de todas la proyecciones simbólicas que el ser humano despliega en su dinamica cultural. Esta función del cuerpo, lo había desarrollado ya Merleau-Ponty (1945) "El cuerpo es quien da a nuestra vida la forma de la generalidad y quien prolonga en disposiciones estables nuestros actos personales." El cuerpo lejos de aislarnos en la pura individualidad constituye la posibilidad de la experiencia del mundo,"nos permite la comunicación con el mundo. Pero no el mundo como suma de objetos determinados sino como horizonte latente de nuestra experiencia"
Gracias al cuerpo franqueamos las barreras de nuestra individualidad , y nos abrimos al universo de símbolos de la cultura, un universo desarrollado y compartido por los demás cuerpos humanos, agrega José Jiménez. Esto le permite diferenciar el cuerpo con la consciencia. Hablamos de un conjunto de significaciones vividas que avanza hacia su equilibrio; pero un equilibrio siempre precario que se alcanza en el universo de loa signos, en el espacio simbólico de las representaciones.
El juego de correspondencias establecido entre el cuerpo individual, el cuerpo social y el cuerpo cósmico, constituye la médula común de toda imagen.
¡Gracias por aceptar mi invitación! No esperes encontrar multitudes sólo un puñado de seres humanos que se preocupa por no seguir sepultado en las tinieblas de la falta de comprensión y entendimiento por el Otro.
lunes, 19 de abril de 2010
AUTOCRÍTICA
Estuve leyendo una serie de artículos de una mujer que admiro desde que -en el 2006- leí en Página12 algunos escritos de ella. Me refiero a Sandra Russo. Admiro la claridad que tiene para analizar o describir temas o situaciones. Coincido con su ideología.
Por suerte ahora está en 678, programa que desasna a los que todavía no pueden develar la verdad que se oculta en los noticieros y en las declaraciones de los que se alinean en "la oposición". Los invitados se quedan con la boca abierta cuando en el programa televisivo 678 pasan archivos donde -los que están en el tapete en la actualidad- decían cosas totalmente distintas. Ejemplo: Cobos, Duhalde, Martín Redrado, etcétera.
Todos los integrantes de la mesa de ese programa son buenos pero algunos poseen más claridad y precisión en sus análisis: Sandra Russo y Barone se destacan. El joven que conduce también aporta con certeza.
La autocrítica que me hago es por no mantener en mi blog un poco más de unidad de textos. Me parece que me disperso demasiado.
Por suerte ahora está en 678, programa que desasna a los que todavía no pueden develar la verdad que se oculta en los noticieros y en las declaraciones de los que se alinean en "la oposición". Los invitados se quedan con la boca abierta cuando en el programa televisivo 678 pasan archivos donde -los que están en el tapete en la actualidad- decían cosas totalmente distintas. Ejemplo: Cobos, Duhalde, Martín Redrado, etcétera.
Todos los integrantes de la mesa de ese programa son buenos pero algunos poseen más claridad y precisión en sus análisis: Sandra Russo y Barone se destacan. El joven que conduce también aporta con certeza.
La autocrítica que me hago es por no mantener en mi blog un poco más de unidad de textos. Me parece que me disperso demasiado.
domingo, 28 de marzo de 2010
Relación con el cuerpo y su presencia en la poética.
«El cuerpo es el vehículo de la existencia en el mundo y tener un cuerpo es, para una criatura viva, estar integrado en un entorno definido, para identificar¬se con ciertos proyectos y estar siempre comprometido con ellos» Merleau- Ponty
Palabras claves: Cuerpo como propiedad - cuerpo vivido. (Repertorio latente de capacidades de comportamiento que se ha configurado mediante hábitos adquiridos culturalmente a partir de las posibilidades permitidas por nuestra estructura anátomo-fisiológica)
Este trabajo se inscribe en el marco de la investigación que dirijo desde el 2006 al interior del Programa Nacional de Incentivos a los Docentes investigadores: MUJER.- DISTINTAS LECTURAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN FEMENINA A TRAVÉS DE LA PERSPECTIVA CRÍTICA DE GÉNERO EN DIVERSOS SOPORTES DISCURSIVOS EN LA ARGENTINA DEL SIGLO XX.
Las preguntas que lo atraviesan se pueden expresar de la siguiente manera: ¿Se posee un cuerpo o se es un cuerpo? ¿La explicación fenomenológica acerca de la percepción del mundo en general y del cuerpo en especial es igualmente válida para el sujeto humano masculino y el femenino? ¿La mujer se vive como cuerpo?
En la actualidad, las normas y leyes sociales, los esquemas familiares ¿le permiten tomar consciencia de eso? Su educación ¿ha variado tanto como para que pueda referirse a sí misma como la responsable de su afectividad? ¿O aún se refugia en el desdoblamiento tradicional de cuerpo y espíritu?
Con este trabajo sé que las preguntas continuarán sin respuestas; sólo trato de visibilizar el tema, la duda que tengo. Por lo tanto, el método de abordaje que utilizo es dialéctico existencial-descriptivo-reflexivo. Me valgo de ideas aportadas por otra/os autora/es para ir anudando descripciones, experiencias personales reflexiones mías y ajenas
Este tema ha sido tratado ya, pero la particularidad se origina en que, quien hace la pregunta soy yo; una mujer. Eso se convierte en la novedad porque por siglos los hombres construyeron su propia imagen y reflexionaron sin tener en cuenta la perspectiva de género femenino. La imagen y representación hegemónica del hombre, válida para el género humano y para el hombre singular, subsumía en sí, sin diferencias, la imagen de la mujer. Ellas siempre fueron representadas, mencionadas, contadas, por ellos.
Hoy por hoy no es novedad afirmar que mi cuerpo es esa suma de disposiciones culturales y valores simbólicos, que fueron troquelando mi accionar, mis conocimientos y mi sexualidad. Las variaciones históricas que inevitablemente se suceden me atraviesan y me construyen. Nadie niega ya que podemos entender el cuerpo –nuestro propio cuerpo- como un elemento más de las construcciones culturales y de los valores simbólicos con que intentamos organizar el medio ambiente y el mundo. Pero, según Merleau-Ponty, ese saber consciente se origina a partir de un saber subyacente y previo a todo otro saber. Es el saber del cuerpo, y en él concurren “como dos estratos distintos: el del cuerpo habitual y el del cuerpo actual”
“En el primero figuran los gestos de manejo que han desaparecido del segundo la cuestión de saber cómo puedo sentirme provisto de un miembro que ya no tengo equivale, de hecho, a saber como el cuerpo habitual puede hacerse garante del cuerpo actual (…) Correlativamente, es preciso que mi cuerpo sea captado no solamente en una experiencia instantánea, singular, plena, sino también bajo un aspecto de generalidad y como un ser impersonal.” (p.101). En Merleau-Ponty no es nuestro cuerpo físico sino su representación dentro del cuerpo mismo lo que me permite que el cuerpo actúe en el mundo.
Dice Merleau-Ponty: el cuerpo no es un objeto. Y esto que parece tan obvio sin embargo lo sostuvo toda la tradición filosófica. El cuerpo es la condición de posibilidad de los objetos. Antes que nada somos en el mundo y lo somos gracias a nuestro cuerpo. Somos un cuerpo percibiente y por el solo hecho de ser cuerpo en el mundo se da la percepción como la instancia de significación. Dicha percepción no nace de una conciencia reflexiva sino que constituye una dimensión intencional propia de nuestro cuerpo. Esto no quiere decir que el cuerpo actúe mecánicamente al estilo “estímulo-reflejo”. Más bien son soluciones que generamos, para resolver situaciones que nacen de ser- en-el-mundo, ser con los demás.
Construimos nuestro mundo desde esa apertura que vivimos, en tanto somos cuerpo en el mundo, el cuerpo es fundante. Pero al mismo tiempo se nos revela como una ambigüedad porque no lo podemos convertir en objeto de conocimiento. En tanto no podemos afirmar que existimos como cosa o como conciencia, somos una ambigüedad.
Es a raíz de esa consideración del cuerpo: de experimentar y comprobar la manera en que tomamos contacto con nuestro cuerpo, la forma en que lo vivimos, lo sentimos y , por último, lo representamos -e inclusive las maneras que tenemos de auto representarnos situadamente-, que podemos afirmar que esas instancias están atravesadas ineluctablemente por la cultura.
Analicemos esta afirmación y veamos si lo que se ha dicho sobre el individuo incluye o ignora la diferencia de género. Sabemos que todo lo que se viene escribiendo sobre el cuerpo siempre ha tenido como objeto de estudio al individuo hombre. Pero el discurso que versa sobre la corporalidad la afectividad, la sexualidad y todo aquello que tenga que ver con momentos personales e íntimos no se encuentra en paridad de lugares y valoraciones si analizamos comparativamente el cuerpo humano femenino y el masculino.
Me guiaré por lo que los distintos autores: filósofos, psicólogos, psicoanalistas, fenomenólogos, etcétera, han escrito del cuerpo humano en general, y, de esas teorías trataré de desagregar aquello que se corresponda o no con el ser humano mujer. En la mayoría de los casos tendré en cuenta para mi trabajo las aclaraciones que hace el historiador Georges Duby en su libro Mujeres del siglo XII: “Lo que intento mostrar no es lo realmente vivido. Inaccesible. Lo que trato de mostrar son reflejos, lo que reflejan testimonios escritos. Me fío de lo que dicen. Digan la verdad o mientan, lo importante no es eso. Para mí lo importante es la imagen que proporcionan de una mujer (…).”
Por otra parte, sabemos que a lo largo de la historia, en construcciones sociales como la Iglesia, la ciencia, la historia, la filosofía y el derecho, dice Diana Mafia, "los hombres se enuncian pero las mujeres somos dichas, no somos sujetos de enunciación" Es decir, tendré en cuenta la imagen que proporcionan de las mujeres y la relación de éstas con su cuerpo. Apelaré también a discursos especialmente subjetivos para demostrar la distancia que existe entre la percepción del cuerpo como propiedad y la percepción del cuerpo como vivencia reprimida de acuerdo a pautas culturales vigentes.
El texto siguiente está sacado de un libro poco conocido y se denomina “Noche de monjas”. Fue escrito por una mujer en los años setenta pero el hecho que narra ocurrió justo al finalizar la primera mitad del siglo XX. La autora describe su experiencia personal tal como la recuerda
“(…) Demás está decir que muchas de las virtudes burguesas que poseo: disciplina, perseverancia, concentración, pulcritud, orden y la tendencia al ahorro, las debo a mi estadía -durante dos años- en el colegio "Jesús de Nazareth", en la ciudad de Buenos Aires.
(…)Todos los días cumplíamos con la siguiente rutina: lavarnos la cara y peinarnos; formar fila para que nos entregaran los respectivos guardapolvos y nos prendieran el moño - grande y duro como si fuera de cartón-, en la cabeza; esperar que nos repartieran el velo o mantilla que nos cubriría la cabeza. Todas las niñas rogábamos que nos tocara en suerte una mantilla que fuera más grande que un pañuelo así nos pareceríamos mejor a las Santas de las estampitas. Después de escuchar la Santa Misa, desayunar, devolver los velos y salir -ordenadamente en fila de a dos- para el otro colegio. (…) -justo el día anterior a tomar la Primera Comunión- sucedió algo especial e inolvidable. Las monjas nos adoctrinaban en la idea de vivir sin pecados; todos los días del año. Sabíamos que cumpliendo con todo lo que nos decían, nuestro nombre –escrito un pedacito de paño lenci rojo- iría subiendo por el corazón de Jesús en la lámina que estaba colgada en una de las paredes del comedor diario. Nuestro objetivo era el estado de pureza total para el día fijado en que tomaríamos -por primera vez- la comunión. La noche de la víspera, las hermanitas nos hicieron formar fila, después del último recreo, para ir a bañarnos. Nunca nos sacábamos ni la bombachita ni la camiseta para recibir el baño. Las monjas nos lavaban con esas prendas puestas. Refregaban nuestros cuerpecitos por encima de ellas. Luego, cuando salíamos de la ducha, otra monja nos envolvía en una gran toalla. Debajo de ella -con la dificultad obvia que ofrece el hecho de tener que sacarse una prenda que se pega al cuerpo-, teníamos que tironear la ropa mojada. Envueltas en la toalla nos mandaban -corriendo por el patio- a la habitación inmensa y llena de camas-cuchetas. Ahí, teníamos que
esperar, quietecitas y tapaditas con la ropa de cama, a que nos repartieran nuestras ropas interiores, y luego... limpias y puras, ¡a dormir para el gran día que llegaba! ¡Recibiríamos por primera vez el cuerpo de Jesucristo!
Nuestro cuerpo debía ser un templo apropiado para esa llegada. Meses que nos veníamos preparando para estar listas, puras, santas...Las hermanitas insistían e insistían con la misma cantinela... "Niñas buenas, sin malos pensamientos, obedientes, debíamos ser para que Jesús nos amara..." Algo pasó, sin embargo, que hizo que nunca olvidara ese día. Algo que parecía producto de mentes poseídas más que de niñas de 6 o 7 años... Era diciembre y la noche nos acariciaba cálidamente. Estábamos bastante excitadas por lo que sucedería al día siguiente. (…)
Cuando llegamos a la habitación y vimos que las monjitas encargadas de repartirnos la ropa interior limpia todavía no habían llegado,... nos sacamos las toallas que nos envolvían y nos pusimos a saltar de cama en cama, ¡desnudas! ...¡totalmente desnudas! y... gozando como diablillos de tan inapropiada travesura. ¡Todo se convirtió en gritos y risas...!”
El texto nos habla de la enseñanza que se les daba a las niñas en la primera mitad del siglo XX, sobre el cuerpo propio. Es cierto que se está hablando de un colegio religioso y posiblemente en las escuelas públicas, con una fuerte orientación positivista, no sucediera lo mismo. En ese colegio se enseñaba que el cuerpo era un templo que se poseía; en él habitaba el alma de cada niña durante toda su vida y hasta la muerte. Debía mantenerse limpio físicamente, velado y oculto a las miradas propias y ajenas. Tan oculto que se lo debía bañar sin desvestirlo. Posiblemente -y de acuerdo al desenlace de la narración- todavía no se había internalizado el hábito de ocultar el cuerpo ni se había conscientizado en profundidad la idea del mismo como fuente de pecado. La diversión obedecía más al hecho de andar saltando de cama en cama en lugar de estar acostadas que a la desnudez.
Si durante años y hasta avanzado el siglo XX, la mujer fue preparada para no ostentar su cuerpo, no verlo ni mostrarlo, no tocarlo ni pensarlo, es difícil suponer que le cabe la afirmación de Merleau-Ponty cuando dice: “Hemos aprendido de nuevo a sentir nuestro cuerpo. Hemos reencontrado –bajo el saber objetivo y distante del cuerpo-, este otro saber que del mismo tenemos, porque está siempre con nosotros y porque somos cuerpo”. [Las bastardillas me pertenecen
El autor publica su libro en 1945 y los hechos que se narran en el texto leído nos remite justamente a unos cuatro años más tarde que esa fecha: 1949.
Además, los aportes fenomenológicos de Merleau-Ponty cuestionan el “saber objetivo” ya que en ese tipo de saber, el mundo es puesto por el que conoce ante él mismo y no se tiene en cuenta que el sujeto de conocimiento también está en ese mundo. Estamos ignorando al sujeto de la percepción. Y el sujeto de la percepción es quien moldea la percepción. Por eso quise realizar el análisis sobre la experiencia hecha por una mujer tal como ella la percibió y como la recuerda muchos años después.
Como afirma Nelly Schnaith, todos los a priori de la construcción del percepto: historia personal, profesión, ubicación social operan como determinantes de la percepción en general. A esta lista podríamos agregarle –en especial y fundamentalmente- su pertenencia de género.
La idea de la dicotomía entre mi conciencia y mi cuerpo, -o como lo planteara el pensamiento griego: soma y sema: el cuerpo (soma) es tumba
(sema) para el alma- es fusionado sincréticamente en el Renacimiento con el pensamiento cristiano y lleva a una educación en la que el cuerpo debe
negarse para que el alma se salve. Pero es sabido que social y culturalmente, esta educación sólo se mantuvo vigente para la mujer.
Entonces es válido pensar que, si todos los estudios demuestran que desde la perspectiva de género, el cuerpo de la mujer fue reprimido por la educación y la formación social en general, difícilmente podríamos reconocerle la posesión de la “consciencia encarnada”.
Para comprender aquello que motiva este trabajo, nos detendremos en el aspecto que más ha padecido la negación o represión social y moral en la mujer. Nos referimos al cuerpo como ser sexuado, al contexto de la experiencia afectiva para el ser humano en general. Merleau-Ponty hace hincapié en la importancia del cuerpo en la construcción del mundo. El autor compara al ser humano normal con un enfermo y marca las diferencias: En el ser humano normal la sexualidad, el conocimiento y la acción son los tres sectores del comportamiento; y manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral. En este aspecto, es interesante destacar que Merleau-Ponty reivindica el aporte del psicoanálisis freudiano, al descubrir en las funciones que se tenían por 'puramente corpóreas', su relación dialéctica con los demás comportamientos.
Recordemos que cuando mencionamos lo sexual no estamos hablando de lo genital. Cito al autor: "Un espectáculo tiene para mí una significación sexual, no cuando me represento, siquiera confusamente, su relación posible con los órganos sexuales o con los estados de placer, sino cuando existe para mi cuerpo, para esta potencia siempre pronta a trabar los
estímulos dados en una situación erótica y ajustar una conducta sexual a la
misma. Se da una 'comprensión erótica' que no es del orden del entendimiento, porque el entendimiento comprende advirtiendo una experiencia bajo una idea, mientras que el deseo comprende ciegamente vinculando un cuerpo a un cuerpo. Incluso con la sexualidad que, no obstante, ha pasado mucho tiempo por ser el tipo de la función corpórea, nos enfrentamos, no a un automatismo periférico, sino a una intencionalidad que siga el movimiento general de la existencia y que ceda con ella."
En realidad, nos estamos refiriendo -dice el autor- al “poder general que tiene el sujeto psico-físico de adherirse a unos medios contextuales diferentes, de fijarse mediante experiencias diferentes, de adquirir unas estructuras de conducta” Y lo más importante, afirma, “Es lo que hace que un hombre posea historia” . En el caso del enfermo, que menciona Merleau-Ponty, la percepción ha perdido la estructura erótica, Sus perturbaciones resultan de una herida circunscrita en la esfera occipital y esa patología altera la estructura de la percepción o de la experiencia erótica. Eso le impide dar valor o significación erótica o sexual a los estímulos exteriores. Dice merleau-Ponty, “lo que ha desaparecido en el enfermo es el poder de proyectar delante de sí un mundo sexual”, un mundo afectivo normal. Esta falta de intencionalidad para el enfermo le impide ponerse en situación sexual, tanto como afectiva o ideológica.
Veamos ahora qué sucede con el comportamiento sexual y, en consecuencia, con el mundo afectivo femenino. Me remitiré para ello al famoso Informe Kinsey, de 1963 . En él se afirma que existe un menor interés de la mujer respecto a las relaciones sexuales; además, que las mujeres tienden a aceptar más fácilmente las formas sociales porque no
son tan accesibles como los hombres a los estímulos psíquicos o no son tan sometidas como ellos a reacciones inducidas. Con lo valioso que fue el aporte de ese informe, las conclusiones a las que arriba respecto al comportamiento sexual de las mujeres, según Igor Caruso-, son cuestionables. Para este autor, la cultura de occidente favorece una conducta “femenina” pasiva. Podemos preguntarnos ¿es pasiva por ser femenina o a la inversa, es femenina por ser pasiva?
Sabemos que en la Grecia antigua la homosexualidad era común pero no se la discriminaba y, en cambio, sí se lo hacía respecto a la mujer. Los generales de todos los ejércitos antiguos eran homosexuales, los marineros y los cazadores lo eran también según las estaciones del año. Occidente acentuó la sumisión de la mujer en la Edad Moderna en el mismo momento en que comenzó a discriminar la homosexualidad como contaminación de la amistad viril. Es decir, la discriminación de la homosexualidad es simultánea a la subordinación de la mujer.
Dice Diana Mafia: “(…) pero es con los contractualitas con quienes el discurso universalista nos genera una expectativa a las mujeres que luego se ve decepcionada, y sobre ese trasfondo se hace más visible el prejuicio androcéntrico que genera una ‘ceguera de genero’. Hobbes, Locke y Rousseau no inventan el poder de los varones y la intangibilidad de la familia patriarcal, pero de ellos esperamos al menos que no lo legitimen y lo consagren, y eso no ocurre.”
Ante esa identidad masculina, se decía que las mujeres presentaban un escaso interés y curiosidad sexual en comparación con los hombres.
También se ha dicho que esa pasividad de la mujer se corresponde con el comportamiento de las hembras entre los mamíferos superiores. Por lo tanto, lo convierte en algo biológico. El análisis cuantitativo de los datos que relevó el informe Kinsey avala esta afirmación. Las estadísticas, por auténticas y válidas que sean pueden ser interpretadas erróneamente si no se las contextualizan. Es lo que resulta del informe Kinsey en este aspecto, ya que la disposición de la mujer a reprimir la afectividad y el interés sexual hacia candidatos no aceptados legalmente por la sociedad se relaciona con las normas culturales de tipo patriarcal.
Además, se sumó el hecho de considerarlas menos troqueladas sexualmente que los hombres, por relaciones anteriores. Debemos considerar que la tendencia de la mujer -aun hoy y a pesar de ciertas transformaciones básicas-, favorecida y reforzada por una tradición patriarcal, promueve el tipo de la ‘mujer de un solo amor’, la ‘buena madre para sus hijos’, la ‘esposa femeninamente fiel’. Ella misma por anticipado tiende a racionalizar sus sentimientos de modo tal que se acomoden a los arquetipos propios de esa tradición.
Vayamos a la ejemplificación. El otro texto que extraje del mismo libro es un poema y fue escrito en la segunda mitad del siglo XX, más precisamente en 1977. Nos encontramos en él con una descripción que gira alrededor del cuerpo. Está escrito por la misma persona que escribió el texto anteriormente leído.
Confesión
En esta tu ausencia presente
quiero confesarte cosas...
Cosas que, sin que yo lo quiera,
se me ríen en el cuerpo y en la piel.
Mi cuerpo,
ese que conociste
antes de quedarse huérfano,
parado en una nube,
como un pájaro triste
hoy se ve.
Cansado de andar solo,
dueño de sí mismo y del tiempo,
pidiéndome disculpas,
anda buscando un límite.
Se interna en los espacios vitales
de los otros
y anda como los gatos,
de noche bajo la luna,
recorriendo ágil,
uno tras otro,
el aliento de los patios.
Mi cuerpo...ese que conociste...
Lo dejo que se vaya,
como si no fuera mío
que me deje el alma dormida y triste
conmigo.
Por razones ajenas a la pareja, los amantes están separados por más de dos años y la joven lamenta esa separación al mismo tiempo que no puede dejar de confesar el deseo que recorre su joven cuerpo. El nombre mismo del poema, Confesión, nos remite a una institución propia del mundo religioso católico que está gravitando en la exteriorización del sentimiento. El cuerpo es -para la autora- algo que posee y que la lleva por caminos de “perdición”. No puede aceptar en la representación consciente que los deseos tensionen su corporeidad. No puede admitir que ella es su cuerpo y, por lo tanto, no se hace cargo de sus vivencias eróticas. No se lo permite su consciencia y –gracias a su formación en una cultura que reprime el placer sensible en la mujer-, apela al desdoblamiento entre cuerpo y alma. Tanto en el primer ejemplo, el del baño corporal con el cuerpo vestido, experimentado en la primera mitad del siglo XX, como ahora, en la confesión se evidencia la represión de la intencionalidad hacia lo afectivo. Se traduce esto en el desdoblamiento, que como en las tragedias griegas el Deux ex machina viene a solucionar el conflicto.
Retomemos:
En la percepción en general, existe un fenómeno denominado ‘regulación compensatoria’ que tiende a agregar y a corregir en función de la experiencia anterior del sujeto. Esta afirmación está hecha teniendo como objeto de estudio la percepción humana en general.
Cuando esta afirmación es aplicada a la percepción específica de un sujeto femenino, la compensación de lo que percibe siempre obedecerá a las normas culturales pero, -en este caso- serán las que rigen el lugar simbólico específico de la mujer en su cultura. Lugar simbólico éste que nunca respondió a la vivencia personal e individual de la mujer sino a lo que se esperó o se espera históricamente de ella.
Es válido preguntarnos, entonces, ¿desde dónde se opera la mencionada “compensación regulatoria” en el caso de la percepción de un sujeto construido como mujer? Analizando la obras de mujeres artistas, escritoras, plásticas, etcétera, dice Eva Klein Bouzaglo, que las obras de estas mujeres nos interpelan con la pregunta clave que también nosotros nos hacemos acá: ¿pueden las mujeres elaborar una estética del cuerpo cuando tenemos la sospecha -y hasta la certeza diría yo- de que la dominación, la circulación desigual del poder, la marginación laboral y la violencia cotidiana pasan por la forma del discurso y están presentes en la forma misma de la lengua que usamos?
Lo que queremos resaltar es que existe una falacia al suponer la superioridad intrínseca de la experiencia inmediata que postula el realismo ingenuo. Decir: “yo estaba ahí”, “nadie me lo contó” no deja de ser una adaptación de lo observado a los propios esquemas; y en la mayoría de los casos, a los esquemas culturales hegemónicos. Lo que percibo como mujer no es el resultado de una experiencia inmediata. Mi percepción está determinada por mi formación religiosa, moral cultural. La mujer puede destinar horas de su vida a planchar con dedicación la línea del pantalón de su marido o de sus hijos.
Habíamos dicho, siguiendo a Merleau-Ponty que, sexualidad, conocimiento y acción, los tres sectores del comportamiento, manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral. Ahora bien, el dilema se presenta cuando queremos definir la percepción del propio cuerpo en la mujer. Si por siglos la mujer no ha podido hablar por sí misma, convencida de que ella no podía conocerse por sus limitaciones intelectuales, es comprensible que asumiera lo que de ella se dijera, y de esa forma actuara
y pensara en consecuencia. Será necesario que la memoria del cuerpo
negado se aleje de esa representación internalizada desde su temprana infancia, para que libremente su cuerpo intencione como cuerpo habitual.
Según lo que afirma Roberto Inda simultáneamente con los cambios operados en el rol social de la mujer, se vio afectado el rol del hombre. Poco a poco, éste fue tomando consciencia de no ser “el dueño de la sexualidad, ni del saber.” En la sociedad antropocéntrica, dichos valores apuntalaron la autoestima del varón y permitieron la construcción de una identidad humana hegemónica y dominante. Pero es evidente que la pareja humana es una unidad fundamental, sus dos mitades se necesitan mutuamente tanto desde lo biológico como desde lo social. Dice Simone de Beauvoir, “(…) al interior de esta unidad, para el hombre, la mujer es el Otro, en cambio, para la mujer, ella es el Otro en el interior de esa totalidad cuyos dos términos se necesitan. La mujer se percibe como lo otro del hombre por lo tanto, ella es el Otro doblemente.” Tocamos acá un sentido de la alteridad como un absoluto “a pesar de que la necesidad biológica pone al macho bajo la dependencia de la hembra” Según la autora, hay una tendencia de la mujer a continuar siendo el otro porque en definitiva aspirar a ser sujeto conlleva un riesgo económico y –lo que es más importante- implica el riesgo metafísico de tener que justificar su existencia, inventar sus propios fines.
Nunca seré mi cuerpo si no puedo ser yo la que decido o no qué hacer conmigo misma. Después de la Declaración de los Derechos Humanos donde leemos en el Artículo 2, inciso l, que todas las personas tienen los derechos y libertades proclamados en esa Declaración sin distinción alguna de raza, color, sexo,( la bastardilla es nuestra), idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, habrá que seguir bregando para que las declaraciones no se queden en los papeles.
Palabras claves: Cuerpo como propiedad - cuerpo vivido. (Repertorio latente de capacidades de comportamiento que se ha configurado mediante hábitos adquiridos culturalmente a partir de las posibilidades permitidas por nuestra estructura anátomo-fisiológica)
Este trabajo se inscribe en el marco de la investigación que dirijo desde el 2006 al interior del Programa Nacional de Incentivos a los Docentes investigadores: MUJER.- DISTINTAS LECTURAS DE LA CONSTRUCCIÓN DE LA IMAGEN FEMENINA A TRAVÉS DE LA PERSPECTIVA CRÍTICA DE GÉNERO EN DIVERSOS SOPORTES DISCURSIVOS EN LA ARGENTINA DEL SIGLO XX.
Las preguntas que lo atraviesan se pueden expresar de la siguiente manera: ¿Se posee un cuerpo o se es un cuerpo? ¿La explicación fenomenológica acerca de la percepción del mundo en general y del cuerpo en especial es igualmente válida para el sujeto humano masculino y el femenino? ¿La mujer se vive como cuerpo?
En la actualidad, las normas y leyes sociales, los esquemas familiares ¿le permiten tomar consciencia de eso? Su educación ¿ha variado tanto como para que pueda referirse a sí misma como la responsable de su afectividad? ¿O aún se refugia en el desdoblamiento tradicional de cuerpo y espíritu?
Con este trabajo sé que las preguntas continuarán sin respuestas; sólo trato de visibilizar el tema, la duda que tengo. Por lo tanto, el método de abordaje que utilizo es dialéctico existencial-descriptivo-reflexivo. Me valgo de ideas aportadas por otra/os autora/es para ir anudando descripciones, experiencias personales reflexiones mías y ajenas
Este tema ha sido tratado ya, pero la particularidad se origina en que, quien hace la pregunta soy yo; una mujer. Eso se convierte en la novedad porque por siglos los hombres construyeron su propia imagen y reflexionaron sin tener en cuenta la perspectiva de género femenino. La imagen y representación hegemónica del hombre, válida para el género humano y para el hombre singular, subsumía en sí, sin diferencias, la imagen de la mujer. Ellas siempre fueron representadas, mencionadas, contadas, por ellos.
Hoy por hoy no es novedad afirmar que mi cuerpo es esa suma de disposiciones culturales y valores simbólicos, que fueron troquelando mi accionar, mis conocimientos y mi sexualidad. Las variaciones históricas que inevitablemente se suceden me atraviesan y me construyen. Nadie niega ya que podemos entender el cuerpo –nuestro propio cuerpo- como un elemento más de las construcciones culturales y de los valores simbólicos con que intentamos organizar el medio ambiente y el mundo. Pero, según Merleau-Ponty, ese saber consciente se origina a partir de un saber subyacente y previo a todo otro saber. Es el saber del cuerpo, y en él concurren “como dos estratos distintos: el del cuerpo habitual y el del cuerpo actual”
“En el primero figuran los gestos de manejo que han desaparecido del segundo la cuestión de saber cómo puedo sentirme provisto de un miembro que ya no tengo equivale, de hecho, a saber como el cuerpo habitual puede hacerse garante del cuerpo actual (…) Correlativamente, es preciso que mi cuerpo sea captado no solamente en una experiencia instantánea, singular, plena, sino también bajo un aspecto de generalidad y como un ser impersonal.” (p.101). En Merleau-Ponty no es nuestro cuerpo físico sino su representación dentro del cuerpo mismo lo que me permite que el cuerpo actúe en el mundo.
Dice Merleau-Ponty: el cuerpo no es un objeto. Y esto que parece tan obvio sin embargo lo sostuvo toda la tradición filosófica. El cuerpo es la condición de posibilidad de los objetos. Antes que nada somos en el mundo y lo somos gracias a nuestro cuerpo. Somos un cuerpo percibiente y por el solo hecho de ser cuerpo en el mundo se da la percepción como la instancia de significación. Dicha percepción no nace de una conciencia reflexiva sino que constituye una dimensión intencional propia de nuestro cuerpo. Esto no quiere decir que el cuerpo actúe mecánicamente al estilo “estímulo-reflejo”. Más bien son soluciones que generamos, para resolver situaciones que nacen de ser- en-el-mundo, ser con los demás.
Construimos nuestro mundo desde esa apertura que vivimos, en tanto somos cuerpo en el mundo, el cuerpo es fundante. Pero al mismo tiempo se nos revela como una ambigüedad porque no lo podemos convertir en objeto de conocimiento. En tanto no podemos afirmar que existimos como cosa o como conciencia, somos una ambigüedad.
Es a raíz de esa consideración del cuerpo: de experimentar y comprobar la manera en que tomamos contacto con nuestro cuerpo, la forma en que lo vivimos, lo sentimos y , por último, lo representamos -e inclusive las maneras que tenemos de auto representarnos situadamente-, que podemos afirmar que esas instancias están atravesadas ineluctablemente por la cultura.
Analicemos esta afirmación y veamos si lo que se ha dicho sobre el individuo incluye o ignora la diferencia de género. Sabemos que todo lo que se viene escribiendo sobre el cuerpo siempre ha tenido como objeto de estudio al individuo hombre. Pero el discurso que versa sobre la corporalidad la afectividad, la sexualidad y todo aquello que tenga que ver con momentos personales e íntimos no se encuentra en paridad de lugares y valoraciones si analizamos comparativamente el cuerpo humano femenino y el masculino.
Me guiaré por lo que los distintos autores: filósofos, psicólogos, psicoanalistas, fenomenólogos, etcétera, han escrito del cuerpo humano en general, y, de esas teorías trataré de desagregar aquello que se corresponda o no con el ser humano mujer. En la mayoría de los casos tendré en cuenta para mi trabajo las aclaraciones que hace el historiador Georges Duby en su libro Mujeres del siglo XII: “Lo que intento mostrar no es lo realmente vivido. Inaccesible. Lo que trato de mostrar son reflejos, lo que reflejan testimonios escritos. Me fío de lo que dicen. Digan la verdad o mientan, lo importante no es eso. Para mí lo importante es la imagen que proporcionan de una mujer (…).”
Por otra parte, sabemos que a lo largo de la historia, en construcciones sociales como la Iglesia, la ciencia, la historia, la filosofía y el derecho, dice Diana Mafia, "los hombres se enuncian pero las mujeres somos dichas, no somos sujetos de enunciación" Es decir, tendré en cuenta la imagen que proporcionan de las mujeres y la relación de éstas con su cuerpo. Apelaré también a discursos especialmente subjetivos para demostrar la distancia que existe entre la percepción del cuerpo como propiedad y la percepción del cuerpo como vivencia reprimida de acuerdo a pautas culturales vigentes.
El texto siguiente está sacado de un libro poco conocido y se denomina “Noche de monjas”. Fue escrito por una mujer en los años setenta pero el hecho que narra ocurrió justo al finalizar la primera mitad del siglo XX. La autora describe su experiencia personal tal como la recuerda
“(…) Demás está decir que muchas de las virtudes burguesas que poseo: disciplina, perseverancia, concentración, pulcritud, orden y la tendencia al ahorro, las debo a mi estadía -durante dos años- en el colegio "Jesús de Nazareth", en la ciudad de Buenos Aires.
(…)Todos los días cumplíamos con la siguiente rutina: lavarnos la cara y peinarnos; formar fila para que nos entregaran los respectivos guardapolvos y nos prendieran el moño - grande y duro como si fuera de cartón-, en la cabeza; esperar que nos repartieran el velo o mantilla que nos cubriría la cabeza. Todas las niñas rogábamos que nos tocara en suerte una mantilla que fuera más grande que un pañuelo así nos pareceríamos mejor a las Santas de las estampitas. Después de escuchar la Santa Misa, desayunar, devolver los velos y salir -ordenadamente en fila de a dos- para el otro colegio. (…) -justo el día anterior a tomar la Primera Comunión- sucedió algo especial e inolvidable. Las monjas nos adoctrinaban en la idea de vivir sin pecados; todos los días del año. Sabíamos que cumpliendo con todo lo que nos decían, nuestro nombre –escrito un pedacito de paño lenci rojo- iría subiendo por el corazón de Jesús en la lámina que estaba colgada en una de las paredes del comedor diario. Nuestro objetivo era el estado de pureza total para el día fijado en que tomaríamos -por primera vez- la comunión. La noche de la víspera, las hermanitas nos hicieron formar fila, después del último recreo, para ir a bañarnos. Nunca nos sacábamos ni la bombachita ni la camiseta para recibir el baño. Las monjas nos lavaban con esas prendas puestas. Refregaban nuestros cuerpecitos por encima de ellas. Luego, cuando salíamos de la ducha, otra monja nos envolvía en una gran toalla. Debajo de ella -con la dificultad obvia que ofrece el hecho de tener que sacarse una prenda que se pega al cuerpo-, teníamos que tironear la ropa mojada. Envueltas en la toalla nos mandaban -corriendo por el patio- a la habitación inmensa y llena de camas-cuchetas. Ahí, teníamos que
esperar, quietecitas y tapaditas con la ropa de cama, a que nos repartieran nuestras ropas interiores, y luego... limpias y puras, ¡a dormir para el gran día que llegaba! ¡Recibiríamos por primera vez el cuerpo de Jesucristo!
Nuestro cuerpo debía ser un templo apropiado para esa llegada. Meses que nos veníamos preparando para estar listas, puras, santas...Las hermanitas insistían e insistían con la misma cantinela... "Niñas buenas, sin malos pensamientos, obedientes, debíamos ser para que Jesús nos amara..." Algo pasó, sin embargo, que hizo que nunca olvidara ese día. Algo que parecía producto de mentes poseídas más que de niñas de 6 o 7 años... Era diciembre y la noche nos acariciaba cálidamente. Estábamos bastante excitadas por lo que sucedería al día siguiente. (…)
Cuando llegamos a la habitación y vimos que las monjitas encargadas de repartirnos la ropa interior limpia todavía no habían llegado,... nos sacamos las toallas que nos envolvían y nos pusimos a saltar de cama en cama, ¡desnudas! ...¡totalmente desnudas! y... gozando como diablillos de tan inapropiada travesura. ¡Todo se convirtió en gritos y risas...!”
El texto nos habla de la enseñanza que se les daba a las niñas en la primera mitad del siglo XX, sobre el cuerpo propio. Es cierto que se está hablando de un colegio religioso y posiblemente en las escuelas públicas, con una fuerte orientación positivista, no sucediera lo mismo. En ese colegio se enseñaba que el cuerpo era un templo que se poseía; en él habitaba el alma de cada niña durante toda su vida y hasta la muerte. Debía mantenerse limpio físicamente, velado y oculto a las miradas propias y ajenas. Tan oculto que se lo debía bañar sin desvestirlo. Posiblemente -y de acuerdo al desenlace de la narración- todavía no se había internalizado el hábito de ocultar el cuerpo ni se había conscientizado en profundidad la idea del mismo como fuente de pecado. La diversión obedecía más al hecho de andar saltando de cama en cama en lugar de estar acostadas que a la desnudez.
Si durante años y hasta avanzado el siglo XX, la mujer fue preparada para no ostentar su cuerpo, no verlo ni mostrarlo, no tocarlo ni pensarlo, es difícil suponer que le cabe la afirmación de Merleau-Ponty cuando dice: “Hemos aprendido de nuevo a sentir nuestro cuerpo. Hemos reencontrado –bajo el saber objetivo y distante del cuerpo-, este otro saber que del mismo tenemos, porque está siempre con nosotros y porque somos cuerpo”. [Las bastardillas me pertenecen
El autor publica su libro en 1945 y los hechos que se narran en el texto leído nos remite justamente a unos cuatro años más tarde que esa fecha: 1949.
Además, los aportes fenomenológicos de Merleau-Ponty cuestionan el “saber objetivo” ya que en ese tipo de saber, el mundo es puesto por el que conoce ante él mismo y no se tiene en cuenta que el sujeto de conocimiento también está en ese mundo. Estamos ignorando al sujeto de la percepción. Y el sujeto de la percepción es quien moldea la percepción. Por eso quise realizar el análisis sobre la experiencia hecha por una mujer tal como ella la percibió y como la recuerda muchos años después.
Como afirma Nelly Schnaith, todos los a priori de la construcción del percepto: historia personal, profesión, ubicación social operan como determinantes de la percepción en general. A esta lista podríamos agregarle –en especial y fundamentalmente- su pertenencia de género.
La idea de la dicotomía entre mi conciencia y mi cuerpo, -o como lo planteara el pensamiento griego: soma y sema: el cuerpo (soma) es tumba
(sema) para el alma- es fusionado sincréticamente en el Renacimiento con el pensamiento cristiano y lleva a una educación en la que el cuerpo debe
negarse para que el alma se salve. Pero es sabido que social y culturalmente, esta educación sólo se mantuvo vigente para la mujer.
Entonces es válido pensar que, si todos los estudios demuestran que desde la perspectiva de género, el cuerpo de la mujer fue reprimido por la educación y la formación social en general, difícilmente podríamos reconocerle la posesión de la “consciencia encarnada”.
Para comprender aquello que motiva este trabajo, nos detendremos en el aspecto que más ha padecido la negación o represión social y moral en la mujer. Nos referimos al cuerpo como ser sexuado, al contexto de la experiencia afectiva para el ser humano en general. Merleau-Ponty hace hincapié en la importancia del cuerpo en la construcción del mundo. El autor compara al ser humano normal con un enfermo y marca las diferencias: En el ser humano normal la sexualidad, el conocimiento y la acción son los tres sectores del comportamiento; y manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral. En este aspecto, es interesante destacar que Merleau-Ponty reivindica el aporte del psicoanálisis freudiano, al descubrir en las funciones que se tenían por 'puramente corpóreas', su relación dialéctica con los demás comportamientos.
Recordemos que cuando mencionamos lo sexual no estamos hablando de lo genital. Cito al autor: "Un espectáculo tiene para mí una significación sexual, no cuando me represento, siquiera confusamente, su relación posible con los órganos sexuales o con los estados de placer, sino cuando existe para mi cuerpo, para esta potencia siempre pronta a trabar los
estímulos dados en una situación erótica y ajustar una conducta sexual a la
misma. Se da una 'comprensión erótica' que no es del orden del entendimiento, porque el entendimiento comprende advirtiendo una experiencia bajo una idea, mientras que el deseo comprende ciegamente vinculando un cuerpo a un cuerpo. Incluso con la sexualidad que, no obstante, ha pasado mucho tiempo por ser el tipo de la función corpórea, nos enfrentamos, no a un automatismo periférico, sino a una intencionalidad que siga el movimiento general de la existencia y que ceda con ella."
En realidad, nos estamos refiriendo -dice el autor- al “poder general que tiene el sujeto psico-físico de adherirse a unos medios contextuales diferentes, de fijarse mediante experiencias diferentes, de adquirir unas estructuras de conducta” Y lo más importante, afirma, “Es lo que hace que un hombre posea historia” . En el caso del enfermo, que menciona Merleau-Ponty, la percepción ha perdido la estructura erótica, Sus perturbaciones resultan de una herida circunscrita en la esfera occipital y esa patología altera la estructura de la percepción o de la experiencia erótica. Eso le impide dar valor o significación erótica o sexual a los estímulos exteriores. Dice merleau-Ponty, “lo que ha desaparecido en el enfermo es el poder de proyectar delante de sí un mundo sexual”, un mundo afectivo normal. Esta falta de intencionalidad para el enfermo le impide ponerse en situación sexual, tanto como afectiva o ideológica.
Veamos ahora qué sucede con el comportamiento sexual y, en consecuencia, con el mundo afectivo femenino. Me remitiré para ello al famoso Informe Kinsey, de 1963 . En él se afirma que existe un menor interés de la mujer respecto a las relaciones sexuales; además, que las mujeres tienden a aceptar más fácilmente las formas sociales porque no
son tan accesibles como los hombres a los estímulos psíquicos o no son tan sometidas como ellos a reacciones inducidas. Con lo valioso que fue el aporte de ese informe, las conclusiones a las que arriba respecto al comportamiento sexual de las mujeres, según Igor Caruso-, son cuestionables. Para este autor, la cultura de occidente favorece una conducta “femenina” pasiva. Podemos preguntarnos ¿es pasiva por ser femenina o a la inversa, es femenina por ser pasiva?
Sabemos que en la Grecia antigua la homosexualidad era común pero no se la discriminaba y, en cambio, sí se lo hacía respecto a la mujer. Los generales de todos los ejércitos antiguos eran homosexuales, los marineros y los cazadores lo eran también según las estaciones del año. Occidente acentuó la sumisión de la mujer en la Edad Moderna en el mismo momento en que comenzó a discriminar la homosexualidad como contaminación de la amistad viril. Es decir, la discriminación de la homosexualidad es simultánea a la subordinación de la mujer.
Dice Diana Mafia: “(…) pero es con los contractualitas con quienes el discurso universalista nos genera una expectativa a las mujeres que luego se ve decepcionada, y sobre ese trasfondo se hace más visible el prejuicio androcéntrico que genera una ‘ceguera de genero’. Hobbes, Locke y Rousseau no inventan el poder de los varones y la intangibilidad de la familia patriarcal, pero de ellos esperamos al menos que no lo legitimen y lo consagren, y eso no ocurre.”
Ante esa identidad masculina, se decía que las mujeres presentaban un escaso interés y curiosidad sexual en comparación con los hombres.
También se ha dicho que esa pasividad de la mujer se corresponde con el comportamiento de las hembras entre los mamíferos superiores. Por lo tanto, lo convierte en algo biológico. El análisis cuantitativo de los datos que relevó el informe Kinsey avala esta afirmación. Las estadísticas, por auténticas y válidas que sean pueden ser interpretadas erróneamente si no se las contextualizan. Es lo que resulta del informe Kinsey en este aspecto, ya que la disposición de la mujer a reprimir la afectividad y el interés sexual hacia candidatos no aceptados legalmente por la sociedad se relaciona con las normas culturales de tipo patriarcal.
Además, se sumó el hecho de considerarlas menos troqueladas sexualmente que los hombres, por relaciones anteriores. Debemos considerar que la tendencia de la mujer -aun hoy y a pesar de ciertas transformaciones básicas-, favorecida y reforzada por una tradición patriarcal, promueve el tipo de la ‘mujer de un solo amor’, la ‘buena madre para sus hijos’, la ‘esposa femeninamente fiel’. Ella misma por anticipado tiende a racionalizar sus sentimientos de modo tal que se acomoden a los arquetipos propios de esa tradición.
Vayamos a la ejemplificación. El otro texto que extraje del mismo libro es un poema y fue escrito en la segunda mitad del siglo XX, más precisamente en 1977. Nos encontramos en él con una descripción que gira alrededor del cuerpo. Está escrito por la misma persona que escribió el texto anteriormente leído.
Confesión
En esta tu ausencia presente
quiero confesarte cosas...
Cosas que, sin que yo lo quiera,
se me ríen en el cuerpo y en la piel.
Mi cuerpo,
ese que conociste
antes de quedarse huérfano,
parado en una nube,
como un pájaro triste
hoy se ve.
Cansado de andar solo,
dueño de sí mismo y del tiempo,
pidiéndome disculpas,
anda buscando un límite.
Se interna en los espacios vitales
de los otros
y anda como los gatos,
de noche bajo la luna,
recorriendo ágil,
uno tras otro,
el aliento de los patios.
Mi cuerpo...ese que conociste...
Lo dejo que se vaya,
como si no fuera mío
que me deje el alma dormida y triste
conmigo.
Por razones ajenas a la pareja, los amantes están separados por más de dos años y la joven lamenta esa separación al mismo tiempo que no puede dejar de confesar el deseo que recorre su joven cuerpo. El nombre mismo del poema, Confesión, nos remite a una institución propia del mundo religioso católico que está gravitando en la exteriorización del sentimiento. El cuerpo es -para la autora- algo que posee y que la lleva por caminos de “perdición”. No puede aceptar en la representación consciente que los deseos tensionen su corporeidad. No puede admitir que ella es su cuerpo y, por lo tanto, no se hace cargo de sus vivencias eróticas. No se lo permite su consciencia y –gracias a su formación en una cultura que reprime el placer sensible en la mujer-, apela al desdoblamiento entre cuerpo y alma. Tanto en el primer ejemplo, el del baño corporal con el cuerpo vestido, experimentado en la primera mitad del siglo XX, como ahora, en la confesión se evidencia la represión de la intencionalidad hacia lo afectivo. Se traduce esto en el desdoblamiento, que como en las tragedias griegas el Deux ex machina viene a solucionar el conflicto.
Retomemos:
En la percepción en general, existe un fenómeno denominado ‘regulación compensatoria’ que tiende a agregar y a corregir en función de la experiencia anterior del sujeto. Esta afirmación está hecha teniendo como objeto de estudio la percepción humana en general.
Cuando esta afirmación es aplicada a la percepción específica de un sujeto femenino, la compensación de lo que percibe siempre obedecerá a las normas culturales pero, -en este caso- serán las que rigen el lugar simbólico específico de la mujer en su cultura. Lugar simbólico éste que nunca respondió a la vivencia personal e individual de la mujer sino a lo que se esperó o se espera históricamente de ella.
Es válido preguntarnos, entonces, ¿desde dónde se opera la mencionada “compensación regulatoria” en el caso de la percepción de un sujeto construido como mujer? Analizando la obras de mujeres artistas, escritoras, plásticas, etcétera, dice Eva Klein Bouzaglo, que las obras de estas mujeres nos interpelan con la pregunta clave que también nosotros nos hacemos acá: ¿pueden las mujeres elaborar una estética del cuerpo cuando tenemos la sospecha -y hasta la certeza diría yo- de que la dominación, la circulación desigual del poder, la marginación laboral y la violencia cotidiana pasan por la forma del discurso y están presentes en la forma misma de la lengua que usamos?
Lo que queremos resaltar es que existe una falacia al suponer la superioridad intrínseca de la experiencia inmediata que postula el realismo ingenuo. Decir: “yo estaba ahí”, “nadie me lo contó” no deja de ser una adaptación de lo observado a los propios esquemas; y en la mayoría de los casos, a los esquemas culturales hegemónicos. Lo que percibo como mujer no es el resultado de una experiencia inmediata. Mi percepción está determinada por mi formación religiosa, moral cultural. La mujer puede destinar horas de su vida a planchar con dedicación la línea del pantalón de su marido o de sus hijos.
Habíamos dicho, siguiendo a Merleau-Ponty que, sexualidad, conocimiento y acción, los tres sectores del comportamiento, manifiestan una única estructura típica propia del ser humano integral. Ahora bien, el dilema se presenta cuando queremos definir la percepción del propio cuerpo en la mujer. Si por siglos la mujer no ha podido hablar por sí misma, convencida de que ella no podía conocerse por sus limitaciones intelectuales, es comprensible que asumiera lo que de ella se dijera, y de esa forma actuara
y pensara en consecuencia. Será necesario que la memoria del cuerpo
negado se aleje de esa representación internalizada desde su temprana infancia, para que libremente su cuerpo intencione como cuerpo habitual.
Según lo que afirma Roberto Inda simultáneamente con los cambios operados en el rol social de la mujer, se vio afectado el rol del hombre. Poco a poco, éste fue tomando consciencia de no ser “el dueño de la sexualidad, ni del saber.” En la sociedad antropocéntrica, dichos valores apuntalaron la autoestima del varón y permitieron la construcción de una identidad humana hegemónica y dominante. Pero es evidente que la pareja humana es una unidad fundamental, sus dos mitades se necesitan mutuamente tanto desde lo biológico como desde lo social. Dice Simone de Beauvoir, “(…) al interior de esta unidad, para el hombre, la mujer es el Otro, en cambio, para la mujer, ella es el Otro en el interior de esa totalidad cuyos dos términos se necesitan. La mujer se percibe como lo otro del hombre por lo tanto, ella es el Otro doblemente.” Tocamos acá un sentido de la alteridad como un absoluto “a pesar de que la necesidad biológica pone al macho bajo la dependencia de la hembra” Según la autora, hay una tendencia de la mujer a continuar siendo el otro porque en definitiva aspirar a ser sujeto conlleva un riesgo económico y –lo que es más importante- implica el riesgo metafísico de tener que justificar su existencia, inventar sus propios fines.
Nunca seré mi cuerpo si no puedo ser yo la que decido o no qué hacer conmigo misma. Después de la Declaración de los Derechos Humanos donde leemos en el Artículo 2, inciso l, que todas las personas tienen los derechos y libertades proclamados en esa Declaración sin distinción alguna de raza, color, sexo,( la bastardilla es nuestra), idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, habrá que seguir bregando para que las declaraciones no se queden en los papeles.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli
viernes, 26 de marzo de 2010
Arte y Ciencia
Autora: Martha Alicia Lombardelli
Licenciada en Filosofía
Docente en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Nacional La Plata
El presente trabajo fue realizado a partir de dos proyectos de investigación en el marco del Programa de Incentivos a la Investigación Docente, denominados:
“LAS HUELLAS DE LA MEMORIA EN LOS ESPACIOS PÚBLICOS”
“INNOVACIÓN EN LA ENSEÑANZA DE LOS LENGUAJES ARTÍSTICOS”
ARTE Y CIENCIA SU RELACIÓN ACTUAL
La distancia y diferenciación entre arte y ciencia se instaló en el imaginario social del hombre occidental como parte de un paradigma dominante que -a pesar de haber perdido su hegemonía- aún perdura. Me refiero al paradigma de la modernidad.
El propósito de este trabajo es reflexionar sobre las características de ese paradigma y las transformaciones que ha experimentado su esquema normativo y figurativo acerca del arte y la ciencia. Pienso que ese es un buen punto de partida para -como resultado de algunas ideas direccionales- ir construyendo una nueva concepción de artista, y en correspondencia con esa concepción, la resignificación total o parcial del rol que le cabe a la especificidad de su hacer en la sociedad actual.
I.- PERSPECTIVA HISTÓRICA
Remitiéndonos al pensamiento de Max Weber podemos caracterizar a este paradigma como un ámbito de tres dimensiones diferentes. La delimitación de las mismas fue el resultado del criticismo kantiano: ciencia, moralidad y justicia, arte. Cada una de esas dimensiones se concibió regida por un principio: la verdad, la justicia y la belleza, respectivamente.
La manifiesta tendencia a la claridad y la precisión presente en la época, llevó a fragmentar la misma subjetividad en facultades bien diferenciadas como la razón, la afectividad y la voluntad. Este hombre y sus actividades: cognitivas, morales y artísticas, estaba inserto en un proyecto de racionalización de la vida cotidiana tendiente a lograr la comprensión del mundo, el progreso moral, la justicia y hasta la felicidad de la humanidad.
Según Habermas, la institucionalización de estos compartimentos estancos significó que el tratamiento profesional de la tradición cultural, se convirtiera en cosa de especialistas. Lo cual trajo como consecuencia un corte con el legado cultural y, por tanto, un empobrecimiento del hecho cultural mismo.[1] Para aclarar esta idea recordemos la visión del Iluminismo sobre el mundo medieval.
Esta cosmovisión concibe una connotación legalista en la cual “pareciera -como dice Prigogine- que la naturaleza está obligada a seguir ciertas leyes.[2]
Nos preguntamos -son las leyes las relaciones necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas y de los hombres?. La respuesta a esta pregunta fue lo que escindió al arte de las ciencias; aún de las ciencias sociales. Tomemos como ejemplo a la disciplina histórica -una de las más antiguas-, la que deja de ser arte y se aleja de la retórica cuando se establecen reglas para el análisis de la historia.
Concebir una legalidad en la naturaleza supone una temporalidad reversible, o lo que es lo mismo, una atemporalidad, pues elimina la “flecha del tiempo”. En este paradigma se evidencia una paradoja respecto del tiempo en la medida en que, el pasado y el futuro representan un diferente papel en todos los fenómenos que observamos.
El problema que se plantea puede formularse así: ¿La experiencia subjetiva del tiempo es una mera ilusión de la mente, la cual no puede ser expresada objetivamente? ¿Hay en la naturaleza un proceso temporal real?
Para Prigogine existe por doquier una flecha del tiempo, la cual es comprobada a partir de inferencias que le marcan la 2da. Ley de la Termodinámica formulada por Clausius en 1865, vinculada con la “entropía”; el experimento conocido como de “difusión térmica”; el de la “distribución aleatoria de las trayectorias”, etc. Al trabajar con haces de trayectorias comprueba que tiene una descripción de probabilidades, con lo cual se rompe la simetría temporal.
Gracias a los aportes de Poincaré y su teoría de las resonancias, comprueba que los sistemas no son isomórficos sino que presentan divergencias, disipaciones. A partir de la teoría KAM (Kolmogorov-Arnold y Moser), Prigogine concluye que las trayectorias que involucran resonancias, conducen a trayectorias aleatorias impredecibles.
Por eso se -pregunta- ¿cómo del no-tiempo propio de la visión de las leyes de la naturaleza del paradigma positivista, puede emerger una flecha del tiempo?
Los lenguajes son formadores de los fenómenos y no sólo instrumentos para describirlos. Así pues, se puede decir que el lenguaje científico, a pesar de nombrar el tiempo en su explicación de los fenómenos, en realidad se manejaba con una concepción de tiempo reducida a “duración”. Es el concepto de tiempo físico introducido en la Filosofía Natural por Galileo. Es un concepto geométrico del tiempo basado en el concepto “entre”. Esta noción es reversible, porque si B está entre A y C, está también entre C y A.
Ese es un tiempo esencialmente distinto al tiempo subjetivo de la experiencia humana, en la cual la “tendencia “, o “la flecha del tiempo”, -como dice Prigogine- tiene que ver con el “más tarde”, el “antes”, el “después”. La concepción de Prigogine le otorga historicidad también a la naturaleza.
La legalidad en la ciencia -queremos dejar bien establecido- estipula una atemporalidad.
II.- PERSPECTIVA DE LA PRODUCCIÓN ARTÍSTICA
Situémonos ahora en la perspectiva del arte. Desde este lugar, la idea de la libertad, la imaginación, la fantasía, genera también una paradoja con la idea de estilo presente en el mismo paradigma positivista del siglo XVIII. En términos de Wölfflin, estilo significa una organización determinada de la forma- lo que incluye una legalidad. Además, según este autor, hay una especie de eterno recomienzo de los estilos producidos por autogénesis, lo que implicaría una atemporalidad.
Esta definición de estilo es la más difundida; se encuentran de ella innumerables variaciones. Pero también es la que más expresa la atemporalidad en el arte. A nuestro entender los estilos constituyen normativas en la producción artística y también en la interpretación y teorización de esa producción.
Estas ideas de atemporalidad, legalidad, normatividad, son propias y comunes de una determinada y misma concepción de ciencia y de arte, que, sin embargo, se nos aparecen como compartimentos estancos generando una fisura entre arte y ciencia.
Si tomamos la estética romántica aún sustentada en ámbitos académicos, podemos percibir una profundización en el carácter de generalidad y “omnilateralidad” en el arte que lo escinde de lo histórico situado. Dice Galvano Della Volpe, en relación al trabajo de Benedetto Croce: La Poesía, que esta última etapa del pensamiento crocceano “estaría caracterizada por la concepción extrema de una ‘cosmicidad’ o universalidad meramente intuitiva del arte como tal, universalidad de lo cual se diferenciaría la universalidad ‘secundaria’ -‘mediada por la poesía’- propia del pensamiento y de la historia, que no tienen la omnilateralidad del arte”.[3]
Esta idea de omnilateralidad que extraemos de la estética romántica cuando quiere diferenciar la poesía de la historia, a qué otra cosa nos remite sino al concepto de reversibilidad en el tiempo?
Aquí corresponde hacer una breve disquisición. Nuestra posición no se identifica con la sustentada por Della Volpe, en el sentido de encontrar la racionalidad como el único criterio que liga al arte, la historia y la ciencia. En la medida en que consideramos que la misma facultad intelectual es propia de arte y ciencia, como así también, la misma facultad o dimensión estética es común a la ciencia y al arte. Cuando decimos ciencia estamos comprendiendo también en tal concepto, a las ciencias sociales en su conjunto.
El nuevo paradigma científico, en clave prigogiana, así como las nuevas tendencias historiográficas sustentadas por el pensamiento foucaultniano, eluden el pensamiento racionalista positivista que, -de alguna manera- estaría presente en el discurso de Della Volpe.
Corroboremos lo anterior tomando, por ejemplo, el trabajo de George Duby, Mujeres del siglo XII. Son sus palabras:
“Lo que intento mostrar no es lo real, lo vivido; eso es inaccesible. Estas mujeres serán siempre sombras indecisas, sin contorno, sin acento. Son reflejo, lo que reflejan testimonios escritos, de la época, oficiales, entregados al público, nunca replegados en la intimidad; son textos escritos por hombres, hechos para ser dichos en voz alta y comprensible, para enseñar...
Sólo me es posible reconstruir un sistema de valores y reconocer en ese sistema el lugar que el poder masculino asignó a las mujeres.”[4]
Ese sistema de valores que el historiador reconstruye y que nos contacta con el lugar subordinado -en el orden del mundo- que el poder masculino asignó a la mujer en ese orden-, también se nos hace presente en las esculturas de la portada de la iglesia de Moissac; en uno de los arcos del pórtico de la Gloria, de la catedral de Santiago de Compostela; en la puerta de las Platerías de la catedral santiaguesa y en un capitel de Santa Marta de Tera.
En todas ellas, el artista medieval representa a la mujer como poder demoníaco, teniendo que ver con lo peligroso, lo prohibido, lo censurado. Lo femenino está -en ambas lecturas, la representativa y la cognitiva- ubicado de acuerdo con las jerarquías que según el plan divino constituyen los miembros de la creación.
Duby se refiere a Leonor de Aquitania, Eloísa, la amante de Abelardo; Iseo, heroína de Tristán e Isolda y a la bíblica María Magdalena que en el siglo XII constituye el emblema de un tipo de mujer. Sin embargo, la mentalidad de la época reconoce en la misma negatividad de lo femenino, un valor positivo; de su pulsión a lo carnal propia de su fragilidad nace lo fundante, lo tierno, que lleva al amor.
En el pensamiento agustiniano sobre las relaciones de lo masculino y lo femenino encontramos que Eva, fue puesta en la mano de Adán no sólo para engendrar hijos sino para lograr un engendramiento espiritual, que son las buenas obras.
En el arte, la equivalencia de este aspecto positivo -paralelo a la visión pecaminosa-, que se evidencia en la mentalidad de la época respecto de la mujer, generando un equilibrio, se encuentra reflejado en la imagen de la Virgen María.
La ambigüedad de lo femenino en el feudalismo se verifica también en cuanto a los derechos de la mujer. Comprobémoslo en lo que afirma Simone de Beauvoir en El segundo sexo: “lo que caracteriza al derecho feudal es una confusión entre el derecho de soberanía y el de propiedad, entre los derechos públicos y los privados, lo que explica que la mujer se encuentre alternativamente rebajada y elevada por ese régimen”. En efecto, heredaba el feudo pero no podía administrarlo.[5]
Desde esta nueva perspectiva hemos visto como el lenguaje de la historia y el del arte nos permiten comprender valores epocales, situados y por tanto, culturales. En esta lectura ambos lenguajes se unen.
CONCLUSIÓN
Retomemos el hilo conductor de nuestra exposición: El nuevo paradigma científico ya no nos permite colocar en las antípodas arte y ciencia. En el aquí y ahora, nos preguntamos - ¿cómo se manifiesta esa relación?
Se hace necesaria la búsqueda de una nueva identidad epistemológica porque el uso de las nuevas tecnologías de la imagen “definen -como dice Alain Renaud- un nuevo régimen de discursividad y por tanto del saber, traduciéndose en la integración generalizada de la imagen en la metodología científica; (...) lo discursivo, orden del concepto, construye, instruye lo visible (orden de la imagen calculada a partir de la escritura de un modelo matemático)”.
Más adelante afirma, refiriéndose también a la utilización de las nuevas tecnologías de la imagen: “Indican (aunque discretamente) los confines de un nuevo régimen de sentido, de goce y de aisthésis, hacia una estética de procedimientos en los que el proceso predomina sobre el objeto, la forma cede el paso a la morfogénesis, vivimos el fin de la hegemonía del espectáculo cerrado y estable; la escenografía se subordina a la escenología. Hacia relaciones inéditas entre el Cuerpo, la materialidad y lo Artificial, hacia el traslado tecno-estético del orden representativo analógico.”[6]
Desde nuestra situacionalidad, nos parece que no es esta -por lo menos- la única posibilidad de la relación ciencia-arte en los 90’. Es posible que esta ecuación se verifique también en otros ámbitos diferenciados de lo exclusivamente mediático. Cabe entonces buscar fuera de las nuevas tecnologías de la imagen. Por ejemplo, comparar la puesta en juego -desde el punto de vista del arte- de valores, de códigos visuales de nuestra cultura, en un partido de fútbol con la mirada proveniente de la sociología, y, fundamentalmente, de la antropología social.
Reafirmamos, arte y ciencia, ambos productos del hombre, son temporales y situados. Al menos, es eso lo que hemos pretendido demostrar brevemente en este trabajo. Sabemos que esta idea puede ser -y necesita ser- enriquecida desde otros abordajes y nos parece el lugar apropiado estas jornadas de reflexión sobre el arte.
Notas
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[1] Cfr . Habermas, Jürgen : Modernidad, un proyecto incompleto, en AAVV: El debaste modernidad - posmodernidad. Ed. Punto Sur, Bs. As. 1991.
[2] Prigogine, Ilya: El fin de la ciencia? en Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad, AAVV, Paidós, Bs. As.1994.
[3] Della Volpe, G. Crisis de la Estética Romántica, Jorge Álvarez Editor, Bs. As. 1964, trad.R.Raschella. pág.48.
[4] Cfr. Duby, Georges; Mujeres del siglo XII, Editorial Andrés Bello, Bs. As. 1996.
[5] Cfr. de Beauvoir, Simone: El segundo sexo, Bs. As. editorial siglo XX, 1984.
[6] Renaud, Alain: Comprender la imagen hoy. Nuevas imágenes, nuevo régimen de lo visible, nuevo imaginario. En Videoculturas de fin de siglo. AAVV. Bs. As. Cátedra. 1989. pág. 12,ss.
Bibliografia específica
- De Beauvoir, Simone: El segundo sexo, Bs. As. editorial siglo xx, 1984
- Della Volpe, G.: Crisis de la Estética Romántica,Jorge Alvarez Editor, Bs.As. 1964, trad. R. Raschella. pág.48.
- Duby, Georges: Mujeres del siglo XII, Editorial Andrés Bello, Bs. As. 1996.
- Habermas, Jürgen : Modernidad, un proyecto incompleto, en AAVV: El debate modernidad-posmodernidad. Ed. Punto Sur, Bs. As. 1991.
- Poster, H; Foucault, el marxismo y la historia. Editorial Punto de vista. Bs. As. 1995.
- Renaud, Alain: Comprender la imagen hoy. Nuevas imágenes, nuevo régimen de lo visible, nuevo imaginario, en Videoculturas de fin de siglo. AAVV. Bs. As. Cátedra. 1989. pág. 12,ss.
- Prigogine, Ilya: El fin de la ciencia? en Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad, AAVV, Paidós, Bs. As.1994.
- Veine, Paul: La historia conceptualizante, en AAVV, Hacer la historia, Le Goff, J. y P. Nora, Laia, Barcelona, Volumen I. 1984.
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marthalic@yahoo.com
Licenciada en Filosofía
Docente en la Facultad de Bellas Artes, Universidad Nacional La Plata
El presente trabajo fue realizado a partir de dos proyectos de investigación en el marco del Programa de Incentivos a la Investigación Docente, denominados:
“LAS HUELLAS DE LA MEMORIA EN LOS ESPACIOS PÚBLICOS”
“INNOVACIÓN EN LA ENSEÑANZA DE LOS LENGUAJES ARTÍSTICOS”
ARTE Y CIENCIA SU RELACIÓN ACTUAL
La distancia y diferenciación entre arte y ciencia se instaló en el imaginario social del hombre occidental como parte de un paradigma dominante que -a pesar de haber perdido su hegemonía- aún perdura. Me refiero al paradigma de la modernidad.
El propósito de este trabajo es reflexionar sobre las características de ese paradigma y las transformaciones que ha experimentado su esquema normativo y figurativo acerca del arte y la ciencia. Pienso que ese es un buen punto de partida para -como resultado de algunas ideas direccionales- ir construyendo una nueva concepción de artista, y en correspondencia con esa concepción, la resignificación total o parcial del rol que le cabe a la especificidad de su hacer en la sociedad actual.
I.- PERSPECTIVA HISTÓRICA
Remitiéndonos al pensamiento de Max Weber podemos caracterizar a este paradigma como un ámbito de tres dimensiones diferentes. La delimitación de las mismas fue el resultado del criticismo kantiano: ciencia, moralidad y justicia, arte. Cada una de esas dimensiones se concibió regida por un principio: la verdad, la justicia y la belleza, respectivamente.
La manifiesta tendencia a la claridad y la precisión presente en la época, llevó a fragmentar la misma subjetividad en facultades bien diferenciadas como la razón, la afectividad y la voluntad. Este hombre y sus actividades: cognitivas, morales y artísticas, estaba inserto en un proyecto de racionalización de la vida cotidiana tendiente a lograr la comprensión del mundo, el progreso moral, la justicia y hasta la felicidad de la humanidad.
Según Habermas, la institucionalización de estos compartimentos estancos significó que el tratamiento profesional de la tradición cultural, se convirtiera en cosa de especialistas. Lo cual trajo como consecuencia un corte con el legado cultural y, por tanto, un empobrecimiento del hecho cultural mismo.[1] Para aclarar esta idea recordemos la visión del Iluminismo sobre el mundo medieval.
Esta cosmovisión concibe una connotación legalista en la cual “pareciera -como dice Prigogine- que la naturaleza está obligada a seguir ciertas leyes.[2]
Nos preguntamos -son las leyes las relaciones necesarias que derivan de la naturaleza de las cosas y de los hombres?. La respuesta a esta pregunta fue lo que escindió al arte de las ciencias; aún de las ciencias sociales. Tomemos como ejemplo a la disciplina histórica -una de las más antiguas-, la que deja de ser arte y se aleja de la retórica cuando se establecen reglas para el análisis de la historia.
Concebir una legalidad en la naturaleza supone una temporalidad reversible, o lo que es lo mismo, una atemporalidad, pues elimina la “flecha del tiempo”. En este paradigma se evidencia una paradoja respecto del tiempo en la medida en que, el pasado y el futuro representan un diferente papel en todos los fenómenos que observamos.
El problema que se plantea puede formularse así: ¿La experiencia subjetiva del tiempo es una mera ilusión de la mente, la cual no puede ser expresada objetivamente? ¿Hay en la naturaleza un proceso temporal real?
Para Prigogine existe por doquier una flecha del tiempo, la cual es comprobada a partir de inferencias que le marcan la 2da. Ley de la Termodinámica formulada por Clausius en 1865, vinculada con la “entropía”; el experimento conocido como de “difusión térmica”; el de la “distribución aleatoria de las trayectorias”, etc. Al trabajar con haces de trayectorias comprueba que tiene una descripción de probabilidades, con lo cual se rompe la simetría temporal.
Gracias a los aportes de Poincaré y su teoría de las resonancias, comprueba que los sistemas no son isomórficos sino que presentan divergencias, disipaciones. A partir de la teoría KAM (Kolmogorov-Arnold y Moser), Prigogine concluye que las trayectorias que involucran resonancias, conducen a trayectorias aleatorias impredecibles.
Por eso se -pregunta- ¿cómo del no-tiempo propio de la visión de las leyes de la naturaleza del paradigma positivista, puede emerger una flecha del tiempo?
Los lenguajes son formadores de los fenómenos y no sólo instrumentos para describirlos. Así pues, se puede decir que el lenguaje científico, a pesar de nombrar el tiempo en su explicación de los fenómenos, en realidad se manejaba con una concepción de tiempo reducida a “duración”. Es el concepto de tiempo físico introducido en la Filosofía Natural por Galileo. Es un concepto geométrico del tiempo basado en el concepto “entre”. Esta noción es reversible, porque si B está entre A y C, está también entre C y A.
Ese es un tiempo esencialmente distinto al tiempo subjetivo de la experiencia humana, en la cual la “tendencia “, o “la flecha del tiempo”, -como dice Prigogine- tiene que ver con el “más tarde”, el “antes”, el “después”. La concepción de Prigogine le otorga historicidad también a la naturaleza.
La legalidad en la ciencia -queremos dejar bien establecido- estipula una atemporalidad.
II.- PERSPECTIVA DE LA PRODUCCIÓN ARTÍSTICA
Situémonos ahora en la perspectiva del arte. Desde este lugar, la idea de la libertad, la imaginación, la fantasía, genera también una paradoja con la idea de estilo presente en el mismo paradigma positivista del siglo XVIII. En términos de Wölfflin, estilo significa una organización determinada de la forma- lo que incluye una legalidad. Además, según este autor, hay una especie de eterno recomienzo de los estilos producidos por autogénesis, lo que implicaría una atemporalidad.
Esta definición de estilo es la más difundida; se encuentran de ella innumerables variaciones. Pero también es la que más expresa la atemporalidad en el arte. A nuestro entender los estilos constituyen normativas en la producción artística y también en la interpretación y teorización de esa producción.
Estas ideas de atemporalidad, legalidad, normatividad, son propias y comunes de una determinada y misma concepción de ciencia y de arte, que, sin embargo, se nos aparecen como compartimentos estancos generando una fisura entre arte y ciencia.
Si tomamos la estética romántica aún sustentada en ámbitos académicos, podemos percibir una profundización en el carácter de generalidad y “omnilateralidad” en el arte que lo escinde de lo histórico situado. Dice Galvano Della Volpe, en relación al trabajo de Benedetto Croce: La Poesía, que esta última etapa del pensamiento crocceano “estaría caracterizada por la concepción extrema de una ‘cosmicidad’ o universalidad meramente intuitiva del arte como tal, universalidad de lo cual se diferenciaría la universalidad ‘secundaria’ -‘mediada por la poesía’- propia del pensamiento y de la historia, que no tienen la omnilateralidad del arte”.[3]
Esta idea de omnilateralidad que extraemos de la estética romántica cuando quiere diferenciar la poesía de la historia, a qué otra cosa nos remite sino al concepto de reversibilidad en el tiempo?
Aquí corresponde hacer una breve disquisición. Nuestra posición no se identifica con la sustentada por Della Volpe, en el sentido de encontrar la racionalidad como el único criterio que liga al arte, la historia y la ciencia. En la medida en que consideramos que la misma facultad intelectual es propia de arte y ciencia, como así también, la misma facultad o dimensión estética es común a la ciencia y al arte. Cuando decimos ciencia estamos comprendiendo también en tal concepto, a las ciencias sociales en su conjunto.
El nuevo paradigma científico, en clave prigogiana, así como las nuevas tendencias historiográficas sustentadas por el pensamiento foucaultniano, eluden el pensamiento racionalista positivista que, -de alguna manera- estaría presente en el discurso de Della Volpe.
Corroboremos lo anterior tomando, por ejemplo, el trabajo de George Duby, Mujeres del siglo XII. Son sus palabras:
“Lo que intento mostrar no es lo real, lo vivido; eso es inaccesible. Estas mujeres serán siempre sombras indecisas, sin contorno, sin acento. Son reflejo, lo que reflejan testimonios escritos, de la época, oficiales, entregados al público, nunca replegados en la intimidad; son textos escritos por hombres, hechos para ser dichos en voz alta y comprensible, para enseñar...
Sólo me es posible reconstruir un sistema de valores y reconocer en ese sistema el lugar que el poder masculino asignó a las mujeres.”[4]
Ese sistema de valores que el historiador reconstruye y que nos contacta con el lugar subordinado -en el orden del mundo- que el poder masculino asignó a la mujer en ese orden-, también se nos hace presente en las esculturas de la portada de la iglesia de Moissac; en uno de los arcos del pórtico de la Gloria, de la catedral de Santiago de Compostela; en la puerta de las Platerías de la catedral santiaguesa y en un capitel de Santa Marta de Tera.
En todas ellas, el artista medieval representa a la mujer como poder demoníaco, teniendo que ver con lo peligroso, lo prohibido, lo censurado. Lo femenino está -en ambas lecturas, la representativa y la cognitiva- ubicado de acuerdo con las jerarquías que según el plan divino constituyen los miembros de la creación.
Duby se refiere a Leonor de Aquitania, Eloísa, la amante de Abelardo; Iseo, heroína de Tristán e Isolda y a la bíblica María Magdalena que en el siglo XII constituye el emblema de un tipo de mujer. Sin embargo, la mentalidad de la época reconoce en la misma negatividad de lo femenino, un valor positivo; de su pulsión a lo carnal propia de su fragilidad nace lo fundante, lo tierno, que lleva al amor.
En el pensamiento agustiniano sobre las relaciones de lo masculino y lo femenino encontramos que Eva, fue puesta en la mano de Adán no sólo para engendrar hijos sino para lograr un engendramiento espiritual, que son las buenas obras.
En el arte, la equivalencia de este aspecto positivo -paralelo a la visión pecaminosa-, que se evidencia en la mentalidad de la época respecto de la mujer, generando un equilibrio, se encuentra reflejado en la imagen de la Virgen María.
La ambigüedad de lo femenino en el feudalismo se verifica también en cuanto a los derechos de la mujer. Comprobémoslo en lo que afirma Simone de Beauvoir en El segundo sexo: “lo que caracteriza al derecho feudal es una confusión entre el derecho de soberanía y el de propiedad, entre los derechos públicos y los privados, lo que explica que la mujer se encuentre alternativamente rebajada y elevada por ese régimen”. En efecto, heredaba el feudo pero no podía administrarlo.[5]
Desde esta nueva perspectiva hemos visto como el lenguaje de la historia y el del arte nos permiten comprender valores epocales, situados y por tanto, culturales. En esta lectura ambos lenguajes se unen.
CONCLUSIÓN
Retomemos el hilo conductor de nuestra exposición: El nuevo paradigma científico ya no nos permite colocar en las antípodas arte y ciencia. En el aquí y ahora, nos preguntamos - ¿cómo se manifiesta esa relación?
Se hace necesaria la búsqueda de una nueva identidad epistemológica porque el uso de las nuevas tecnologías de la imagen “definen -como dice Alain Renaud- un nuevo régimen de discursividad y por tanto del saber, traduciéndose en la integración generalizada de la imagen en la metodología científica; (...) lo discursivo, orden del concepto, construye, instruye lo visible (orden de la imagen calculada a partir de la escritura de un modelo matemático)”.
Más adelante afirma, refiriéndose también a la utilización de las nuevas tecnologías de la imagen: “Indican (aunque discretamente) los confines de un nuevo régimen de sentido, de goce y de aisthésis, hacia una estética de procedimientos en los que el proceso predomina sobre el objeto, la forma cede el paso a la morfogénesis, vivimos el fin de la hegemonía del espectáculo cerrado y estable; la escenografía se subordina a la escenología. Hacia relaciones inéditas entre el Cuerpo, la materialidad y lo Artificial, hacia el traslado tecno-estético del orden representativo analógico.”[6]
Desde nuestra situacionalidad, nos parece que no es esta -por lo menos- la única posibilidad de la relación ciencia-arte en los 90’. Es posible que esta ecuación se verifique también en otros ámbitos diferenciados de lo exclusivamente mediático. Cabe entonces buscar fuera de las nuevas tecnologías de la imagen. Por ejemplo, comparar la puesta en juego -desde el punto de vista del arte- de valores, de códigos visuales de nuestra cultura, en un partido de fútbol con la mirada proveniente de la sociología, y, fundamentalmente, de la antropología social.
Reafirmamos, arte y ciencia, ambos productos del hombre, son temporales y situados. Al menos, es eso lo que hemos pretendido demostrar brevemente en este trabajo. Sabemos que esta idea puede ser -y necesita ser- enriquecida desde otros abordajes y nos parece el lugar apropiado estas jornadas de reflexión sobre el arte.
Notas
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[1] Cfr . Habermas, Jürgen : Modernidad, un proyecto incompleto, en AAVV: El debaste modernidad - posmodernidad. Ed. Punto Sur, Bs. As. 1991.
[2] Prigogine, Ilya: El fin de la ciencia? en Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad, AAVV, Paidós, Bs. As.1994.
[3] Della Volpe, G. Crisis de la Estética Romántica, Jorge Álvarez Editor, Bs. As. 1964, trad.R.Raschella. pág.48.
[4] Cfr. Duby, Georges; Mujeres del siglo XII, Editorial Andrés Bello, Bs. As. 1996.
[5] Cfr. de Beauvoir, Simone: El segundo sexo, Bs. As. editorial siglo XX, 1984.
[6] Renaud, Alain: Comprender la imagen hoy. Nuevas imágenes, nuevo régimen de lo visible, nuevo imaginario. En Videoculturas de fin de siglo. AAVV. Bs. As. Cátedra. 1989. pág. 12,ss.
Bibliografia específica
- De Beauvoir, Simone: El segundo sexo, Bs. As. editorial siglo xx, 1984
- Della Volpe, G.: Crisis de la Estética Romántica,Jorge Alvarez Editor, Bs.As. 1964, trad. R. Raschella. pág.48.
- Duby, Georges: Mujeres del siglo XII, Editorial Andrés Bello, Bs. As. 1996.
- Habermas, Jürgen : Modernidad, un proyecto incompleto, en AAVV: El debate modernidad-posmodernidad. Ed. Punto Sur, Bs. As. 1991.
- Poster, H; Foucault, el marxismo y la historia. Editorial Punto de vista. Bs. As. 1995.
- Renaud, Alain: Comprender la imagen hoy. Nuevas imágenes, nuevo régimen de lo visible, nuevo imaginario, en Videoculturas de fin de siglo. AAVV. Bs. As. Cátedra. 1989. pág. 12,ss.
- Prigogine, Ilya: El fin de la ciencia? en Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad, AAVV, Paidós, Bs. As.1994.
- Veine, Paul: La historia conceptualizante, en AAVV, Hacer la historia, Le Goff, J. y P. Nora, Laia, Barcelona, Volumen I. 1984.
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marthalic@yahoo.com
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Autora: Martha Alicia Lombardelli
martes, 22 de diciembre de 2009

Seguimos experimentando con la digital y mi rostro. La foto que muestro es de octubre de 2009 y me gusta.
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miércoles, 28 de octubre de 2009
Acerca del libro La historia de vida - El encuentro con nuestra subjetividad
Hace unos días dejé la imagen del libro La historia de vida.El encuentro con nuestra subjetividad en este blog.
Confieso que en ese momento lo más importante para mi lo constituía el hecho de que mi nombre figurara entre sus autores.
Luego comencé a leerlo y ¡oh, sorpresa! me fue atrapando desde su Presentación misma. Para los que Trabajan en las Ciencias Sociales, lo recomiendo. Es un interesante texto de estudio sobre cómo opera la metodología cualitativa. Los Distintos textos que lo componen Constituye la materia de estudio.
Dice Anita Barabtarlo, compiladora y especialista en este tipo de metodología:: "En la narración, el lenguaje se liga a la construcción de la identidad. Los significados pueden ampliar, restringir, cuestionar la definición que hemos hecho de nosotros y de los demás , por lo que al observar, contar e interpretar los hechos, podemos trabajar sobre la construcción de identidades ".
Este libro es útil porque aporta gran cantidad y diversidad de experiencias, reflexiones, análisis de la relación entre maestros y alumnos, el trabajo grupal o individual, la vivencia del cuerpo femenino y la incidencia de la educación sobre el mismo en posteriores creaciones poéticas, etcétera .
Podría continuar enumerando los méritos del libro, pero al ser parte integrante de sus autores, no se si pueda mantener la objetividad ...
Estoy orgullosa de formar parte de él gracias a la gentil invitación que me hiciera la Dra. .. Anita Barabtarlo.
Confieso que en ese momento lo más importante para mi lo constituía el hecho de que mi nombre figurara entre sus autores.
Luego comencé a leerlo y ¡oh, sorpresa! me fue atrapando desde su Presentación misma. Para los que Trabajan en las Ciencias Sociales, lo recomiendo. Es un interesante texto de estudio sobre cómo opera la metodología cualitativa. Los Distintos textos que lo componen Constituye la materia de estudio.
Dice Anita Barabtarlo, compiladora y especialista en este tipo de metodología:: "En la narración, el lenguaje se liga a la construcción de la identidad. Los significados pueden ampliar, restringir, cuestionar la definición que hemos hecho de nosotros y de los demás , por lo que al observar, contar e interpretar los hechos, podemos trabajar sobre la construcción de identidades ".
Este libro es útil porque aporta gran cantidad y diversidad de experiencias, reflexiones, análisis de la relación entre maestros y alumnos, el trabajo grupal o individual, la vivencia del cuerpo femenino y la incidencia de la educación sobre el mismo en posteriores creaciones poéticas, etcétera .
Podría continuar enumerando los méritos del libro, pero al ser parte integrante de sus autores, no se si pueda mantener la objetividad ...
Estoy orgullosa de formar parte de él gracias a la gentil invitación que me hiciera la Dra. .. Anita Barabtarlo.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Acerca de las fotografías...
Tengo un libro de John Berger: Mirar, al que consulto cuando quiero despejar alguna de mis dudas sobre la percepción humana.Sabe decir las cosas con tanta claridad y sin rodeos que me resulta valioso.
Actualmente lo estoy releyando por dos tema en especial:fotos y animales.
"Ninguna pintura o dibujo , por muy naturalista que sea, pertenece a su sujeto de la manera en que lo hace la fotografía."
La fotografía -en síntesis-, es una huella de la realidad; es un sustituto de la memoria.
Más adelante agrega algo importante: las fotografías no conservan en sí mismas significado alguno. Nos proporcionan apariencias que sólo tomarán significado cuando comprendemos sus funciones.
"Sólo lo que es capaz de narrar puede hacernos comprender."
He aquí el valor de la historia.
Podemos jugar con la experiencia exploratoria de captar instantes y alinearlos: Rodolfo Walsh en "Fotos". También resulta interesante lo que hizo Raymond Roussel en "Impresiones de Africa"
Pero ambos apelan a la historia en última instancia.
Actualmente lo estoy releyando por dos tema en especial:fotos y animales.
"Ninguna pintura o dibujo , por muy naturalista que sea, pertenece a su sujeto de la manera en que lo hace la fotografía."
La fotografía -en síntesis-, es una huella de la realidad; es un sustituto de la memoria.
Más adelante agrega algo importante: las fotografías no conservan en sí mismas significado alguno. Nos proporcionan apariencias que sólo tomarán significado cuando comprendemos sus funciones.
"Sólo lo que es capaz de narrar puede hacernos comprender."
He aquí el valor de la historia.
Podemos jugar con la experiencia exploratoria de captar instantes y alinearlos: Rodolfo Walsh en "Fotos". También resulta interesante lo que hizo Raymond Roussel en "Impresiones de Africa"
Pero ambos apelan a la historia en última instancia.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli
lunes, 14 de septiembre de 2009
Poema de Magalí Martínez Barletta
Magalí es hija de una amiga de muchos años. Más de los que tiene Magalí.
Me encanta la sutil poesía de sus versos. Leyéndolos uno se siente envuelto en esa bruma y se termina convirtiendo en bruma, mezcla de sal, aroma, arena y vapor...
I.
Bruma del mar,
bruma de espuma.
Hija del mar y del sol,
deja la sal en la arena como única huella imborrable.
Bruma que alguna vez fue mar,
que alguna vez fue ola mezclada con sal.
Bruma que vuela hacia el cielo como una simple nube de vapor.
Bruma que enceguece al marinero y hace ver al ciego mar.
Bruma cargada de aroma,
arrastrada por el viento costero hacia algún lugar.
Bruma que nace y que muere
y vuelve a nacer...
Me encanta la sutil poesía de sus versos. Leyéndolos uno se siente envuelto en esa bruma y se termina convirtiendo en bruma, mezcla de sal, aroma, arena y vapor...
I.
Bruma del mar,
bruma de espuma.
Hija del mar y del sol,
deja la sal en la arena como única huella imborrable.
Bruma que alguna vez fue mar,
que alguna vez fue ola mezclada con sal.
Bruma que vuela hacia el cielo como una simple nube de vapor.
Bruma que enceguece al marinero y hace ver al ciego mar.
Bruma cargada de aroma,
arrastrada por el viento costero hacia algún lugar.
Bruma que nace y que muere
y vuelve a nacer...
domingo, 13 de septiembre de 2009
Los animales y nosotros

Dice John Berger: "Con sus vidas paralelas, los animales ofrecen al hombre un tipo de compañía diferente de todas las que pueda aportar el intercambio humano. Diferente porque es una compañía ofrecida a la soledad del ser humano en cuanto especie"
viernes, 11 de septiembre de 2009
MONÓLOGO DE BATUKE
1º de diciembre de 2008
Después de que mi dueña me trajera a casa empecé a experimentar sus abrazos y palabras acariciantes. Todo eso me regusta porque soy por naturaleza muy, pero muy mimozón. Cuando vamos de paseo, me gusta saludar a la gente. ¡Pero saludarla de verdad! Nada de aceptar que me miren de lejos y digan; ¡Qué lindo! ¿Cómo se llama? Porque mi sana intención es acercarme y dar muchos besos de lengua y meter mi hocico húmedo por debajo del pelo, detrás de las orejas, y todo eso. También espero una cosquillita en la panza, rascaditas en la cabeza y todo acompañado por un dulce sonido. Son palabras pero yo lo único que percibo es si la voz es de esas que te arrullan cuando llegan a tus oidos o sólo es una voz inexpresiva.
A veces me impaciento un poco porque algunas personas ni acusan recibo de mi saludo. Y eso que es totalmente efusivo… Mi colita se sacude como un banderín al viento; salto y me paro en mis patitas para que el saludo se note más. Ladro un poco pero cuando lo hago me retan, me parece que es porque me sale un ladrido muy agudo y molesto para los oídos de los seres humanos.
Pero yo insisto y como lo hago con amor, terminan –aunque no todos- acercándose y rascándome la cabeza. Cuando hacen eso, yo me balanceo de un costado para el otro con la cabecita baja como buscando y acompañando la mano. Es que me produce mucho placer. Esa es mi debilidad: la búsqueda incesante de placer. Me gusta escuchar a la gente, no porque los entienda sino porque algunas veces el único que anda cerca del que habla soy yo y me parece que se siente mejor cuando muevo la cabeza a un costado como si estuviera comprendiendo lo que dice. Miro fijo a los ojos y muevo la cabeza. Eso me da un aire de estar muy atento
Sí,… mi tamaño es mini y eso hace que me pongan toda clase de apodos y sobrenombres cariñosos: la fiera, el llavero, el enano, el chiquitín… Todos por el estilo. A mí no me molesta ser tan diminuto porque me da la ventaja de meterme en cualquier sitio y también acomodarme hecho una rosca en la falda de mi dueña. Cuando llegué a la que sería ¡mi casa! , me encontré con dos seres amistosos que se convirtieron en mis amigos. Lobo, el más viejo, al principio ni me miraba. Supe que tenía 12 años pero era tierno como un cachorro. Con el tiempo y después de hacerle muchos mimos en el hocico y meterme en su cucha apenas me despertaba, la relación se incrementó. La otra, Sofía, es una pichicha de 4 años pero por su tamaño parece una gigante. Eso es lo que más me molesta. Ya contaré más adelante porqué…
Mi dueña me lleva en el coche a todas partes, lo jodido es cuando me tengo que quedar solito esperando que vuelva. Se me oprime el corazón y empiezo a desesperarme. Lloriqueo un poco y ella se pone firme para que me acostumbre. Pero, ¡cómo me cuesta! La miro alejarse del coche por la ventanilla de un costado,... por la del otro lado,... por el vidrio delantero y también por el de atrás. Cuando no la veo más, me enrosco en el piso y me duermo. Así, el tiempo pasa más rápido. Cuando ella vuelve, ¡es una fiesta! Me acaricia, me besa y yo hago lo mismo con ella.
Después de que mi dueña me trajera a casa empecé a experimentar sus abrazos y palabras acariciantes. Todo eso me regusta porque soy por naturaleza muy, pero muy mimozón. Cuando vamos de paseo, me gusta saludar a la gente. ¡Pero saludarla de verdad! Nada de aceptar que me miren de lejos y digan; ¡Qué lindo! ¿Cómo se llama? Porque mi sana intención es acercarme y dar muchos besos de lengua y meter mi hocico húmedo por debajo del pelo, detrás de las orejas, y todo eso. También espero una cosquillita en la panza, rascaditas en la cabeza y todo acompañado por un dulce sonido. Son palabras pero yo lo único que percibo es si la voz es de esas que te arrullan cuando llegan a tus oidos o sólo es una voz inexpresiva.
A veces me impaciento un poco porque algunas personas ni acusan recibo de mi saludo. Y eso que es totalmente efusivo… Mi colita se sacude como un banderín al viento; salto y me paro en mis patitas para que el saludo se note más. Ladro un poco pero cuando lo hago me retan, me parece que es porque me sale un ladrido muy agudo y molesto para los oídos de los seres humanos.
Pero yo insisto y como lo hago con amor, terminan –aunque no todos- acercándose y rascándome la cabeza. Cuando hacen eso, yo me balanceo de un costado para el otro con la cabecita baja como buscando y acompañando la mano. Es que me produce mucho placer. Esa es mi debilidad: la búsqueda incesante de placer. Me gusta escuchar a la gente, no porque los entienda sino porque algunas veces el único que anda cerca del que habla soy yo y me parece que se siente mejor cuando muevo la cabeza a un costado como si estuviera comprendiendo lo que dice. Miro fijo a los ojos y muevo la cabeza. Eso me da un aire de estar muy atento
Sí,… mi tamaño es mini y eso hace que me pongan toda clase de apodos y sobrenombres cariñosos: la fiera, el llavero, el enano, el chiquitín… Todos por el estilo. A mí no me molesta ser tan diminuto porque me da la ventaja de meterme en cualquier sitio y también acomodarme hecho una rosca en la falda de mi dueña. Cuando llegué a la que sería ¡mi casa! , me encontré con dos seres amistosos que se convirtieron en mis amigos. Lobo, el más viejo, al principio ni me miraba. Supe que tenía 12 años pero era tierno como un cachorro. Con el tiempo y después de hacerle muchos mimos en el hocico y meterme en su cucha apenas me despertaba, la relación se incrementó. La otra, Sofía, es una pichicha de 4 años pero por su tamaño parece una gigante. Eso es lo que más me molesta. Ya contaré más adelante porqué…
Mi dueña me lleva en el coche a todas partes, lo jodido es cuando me tengo que quedar solito esperando que vuelva. Se me oprime el corazón y empiezo a desesperarme. Lloriqueo un poco y ella se pone firme para que me acostumbre. Pero, ¡cómo me cuesta! La miro alejarse del coche por la ventanilla de un costado,... por la del otro lado,... por el vidrio delantero y también por el de atrás. Cuando no la veo más, me enrosco en el piso y me duermo. Así, el tiempo pasa más rápido. Cuando ella vuelve, ¡es una fiesta! Me acaricia, me besa y yo hago lo mismo con ella.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Ideas fijas...
Fotografía de Joel Peter Witkin
No quiero seguir pensando en todo aquéllo. Pero me cuesta apartarlo de la mente. Algunas veces pienso que mi otro yo fabuló toda esa historia para entretenerse. Pero, también aparece otra idea que refuta lo anterior. Entonces me doy cuenta que tiene el mismo peso, gravita de la misma forma una u otra de las dos posibilidades. Y ese es el gran dilema. Si nunca hubiera sucedido ¿por qué es tan claro su recuerdo, por qué hasta revivo la sensación del miedo que sentí a que nos atraparan con eso en el bául? Además, odio la complicidad que se estableció con mi hermano porque sin su ayuda nunca hubiera participado en algo así. La mayoría de las veces me siento más motivada cuando trabajo en grupo o en equipo. Pero, después de revivir la intensidad de esa vivencia, respiro y me digo, ¡vamos, si eso no sucedió nunca! Si todo fue el producto de tu imaginación o el contenido de uno de los tantos sueños-pesadilla que por esa época me atormentaban. Era una época de muerte y terror...
Cuando estábamos entre amigos, sólamente en esos momentos, nos animábamos a comentar lo que sabíamos: quienes habían escapado, quienes habian "sido boleta" quienes habián sido "chupados",... Y si sabíamos algo muy serio, hasta optábamos por hacer como el perro que se comió los chorizos del asado. Desde esa época ,me quedó la inclinación por una proposición que dice: Más vale callar y pasar por tonto que hablar y despejar las dudas. Algo mencionábamos como si estuviéramos hablando de un buen libro que habíamos terminado de leer.
En fín, esos momentos funcionaban como descansos de la tensión permanente en que nos hacía vivir el miedo. Pero el descanso duraba poco, siempre duraba muy poco. Pegado al último beso y abrazo de la despedida, se nos ganaba nuevamente en el alma el dolor que produce el miedo intenso.
Recuerdo que costó un gran esfuerzo hacerlo entrar en el baúl del coche.
Pesaba y se nos escapaba de las manos, ¡agarralo fuerte! ¡que se te cae otra vez! ¡por favor, apurate! ¡no doy más, tengo miedo!
Después salgo de ese pozo oscuro; me alejo de la sombra de ese recuerdo,... No existe nada de todo eso que aparece en mi mente; nunca existió; nunca lo comenté ni siquiera con la persona que aparece como mi cómplice.
Ahora me pregunto: ¿por qué uso ese término: "cómplice"? ¿Es que realmente hubo algo donde alguien me ayudó o fui yo quien ayudó?
Tampoco puedo ir por la vida preguntando a mis amistades si en el pasado me ví envuelta en algo parecido a un crimen... ¿Quién puede hacer eso? Nadie.
Es cierto que dos o tres años después del tiempo de hierro y horror, yo caí en una histeria, padecí amnesias parciales,... y decidí iniciar un tratamiento psiquiátrico.
El tiempo como una gasa pesada fue velando capa tras capa, el pasado.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Poesía de Martha Crosby
Entre el azul y el verdor
sin fin del tiempo elegido
laboriosa en la imagen que tímida
en vano cubre
lo que yace a flor de piel.
Así te percibo en el atardecer
en el día radiante
en la mañana apacible
en la noche serena
sigue allí revelando
el misterio que de Humano
tiene el ser.
No se acerca, no se aleja
¿Para qué?
si con sólo acto de presencia
tributo rinde, a la vida
portando la esencia
y el dulce sabor
de hacerte querer.
No es un momento,
no es estrella fugaz,
es alma
dilema,
sensibilidad;
es conciencia y ante todo
es... verdad.
sin fin del tiempo elegido
laboriosa en la imagen que tímida
en vano cubre
lo que yace a flor de piel.
Así te percibo en el atardecer
en el día radiante
en la mañana apacible
en la noche serena
sigue allí revelando
el misterio que de Humano
tiene el ser.
No se acerca, no se aleja
¿Para qué?
si con sólo acto de presencia
tributo rinde, a la vida
portando la esencia
y el dulce sabor
de hacerte querer.
No es un momento,
no es estrella fugaz,
es alma
dilema,
sensibilidad;
es conciencia y ante todo
es... verdad.
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Mi amiga la Dra. Martha Crosby de Perú.
martes, 21 de julio de 2009
La mujer rota...
La Asociación Civil “La Casa del Encuentro” emitió un informe preliminar sobre feminicidio en Argentina, correspondiente al primer semestre de 2009. Como el informe del año anterior -que denuncio el asesinato de 208 mujeres y niñas- esta vez utilizaron las mismas fuentes: Las agencias Télam y DyN y 43 diarios de distribución nacional y/o provincial.
En los primeros seis meses, la organización social, registró 82 feminicidio de mujeres y otros seis por conexión. Más de la mitad de estas muertes se produjo a manos de un familiar: parejas, novios, amantes, esposos, ex parejas. El rango de edades donde se registran mayor cantidad de victimas es entre 2 y 50 años.
Estos informes realizados por organizaciones sociales denuncian que anualmente alrededor de 200 mujeres y niñas mueren violentamente en la Argentina
En los primeros seis meses, la organización social, registró 82 feminicidio de mujeres y otros seis por conexión. Más de la mitad de estas muertes se produjo a manos de un familiar: parejas, novios, amantes, esposos, ex parejas. El rango de edades donde se registran mayor cantidad de victimas es entre 2 y 50 años.
Estos informes realizados por organizaciones sociales denuncian que anualmente alrededor de 200 mujeres y niñas mueren violentamente en la Argentina
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Mala femina
martes, 7 de julio de 2009
“Tiempo de soledades”
^Página 12- Domingo, 21 de Junio de 2009
“Hay que poner en revisión el diagnóstico de la subjetividad de nuestro tiempo –sostiene el autor–. No creo que todavía podamos hablar de neurosis: acertaríamos más si ubicáramos en el tejido social de nuestra época el predominio de formas narcisistas y perversas.”
Por Luis Vicente Miguelez *
“Incapaces de atrapar
el tiempo por la cola,
persiguen el suyo propio, girando ciegamente en
un solo momento
que abarca toda su vida.
¿Cuánto puede contener,
pues, un momento?”
John Berger
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He tomado la cita del libro Un hombre afortunado, donde John Berger realiza una profunda y sentida narración de la vida de un médico rural y del lazo que lo une a la pequeña comunidad en la que ejerce su profesión. Este texto constituye a mi modo de ver un lúcido ensayo sobre el oficio de curar. La manera en que este médico aborda la consulta pone de relieve lo que generalmente ésta evade. Berger comenta que se percibe en él la voluntad férrea del hombre que intenta reconocer al otro, y, aunque a veces fracase, se lo considera un buen médico porque, sobre todo, satisface las tácitas expectativas de fraternidad del enfermo. A lo que se está refiriendo no es, por supuesto, a que se comporte como un hermano real: lo que se le pide implícitamente al médico es que reconozca a su paciente con la certeza de un hermano ideal.
Berger reflexiona sobre un aspecto que excede el dominio de la medicina propiamente y entra en el terreno más amplio de lo clínico. Dice que Sassall, que es el nombre del protagonista, hace algo más que tratarlos cuando están enfermos: es el testigo objetivo de sus vidas. Sassall no es el árbitro último de sus litigios. Le cabe una denominación más humilde: la de archivero, el archivero de su historia. Lo que Sassall archive, sigue relatando Berger, nunca se elevará a una instancia superior: sencillamente mantiene los archivos para que ellos mismos puedan consultarlos.
Manera, a mi entender, sutil y perspicaz de hablar sobre el quehacer clínico. Archivero de la historia es una metáfora que ilumina el lugar reservado al psicoanalista, desde el cual se generan las interpretaciones más logradas, las que no se sostienen en lo sabido sino en lo verdadero que surge del decir sobre lo dicho.
Si he tomado como punto de partida estas reflexiones es porque considero que en nuestra época escasea, por no decir que se va perdiendo irremediablemente, este vínculo con el otro. Expectativas de fraternidad y reconocimiento son, hoy día, más bien asuntos de alguna reflexión filosófica que de la práctica cotidiana.
Pareciera que nuestra época quisiera aferrarse a ese no-tiempo, hacer de él un ideal de vida, donde, mientras todo simula ocurrir a altas velocidades, el tiempo verdaderamente no transcurre y se experimenta una especie de sucesión eternizada sin acontecer.
Se nos ofrece habitar ese notiempo de la imagen perpetuada, exasperada hasta el extremo de su enrarecimiento. El sujeto del siglo XXI estaría bien dispuesto a dejarse acondicionar por una batería de píldoras, implantes y emparches, que se le prometen como amortiguación tecnológica al impacto del vivir, del transcurrir temporal de la existencia.
Considero que, en estos tiempos que nos tocan vivir, un nuevo objeto viene a ocupar el lugar vacío del ideal del yo, distinto de aquellos que anunció Freud: ni el hipnotizador, ni el líder, ni el amado, sino el cuerpo bello y eternamente joven, exhibido a la contemplación del gran ojo social.
El ideal de nuestra época se ha vuelto esencialmente visual, con tal énfasis que está dejando de ser escópico para volverse pornográfico. Una imagen simultáneamente venerada y sustituida prontamente, es decir eternamente descartable, suplanta hoy la producción de relatos, de narración y de historia.
No hace mucho, alguien podía anunciar y saludar el fin de los grandes relatos de la historia, aquellos que, habiendo perdido supuestamente su potencial utópico, encadenaban el existir y el goce del cuerpo a ideales que se fueron convirtiendo en pesados lastres para la vida y para la economía del placer. Me refiero al optimismo posmoderno, que duró unos pocos años; esa esperanza fallida de dar libertad al cuerpo que se suponía, no del todo equivocadamente, prisionero en la cárcel del alma.
Pero, a contramano de lo esperado, de la ilusión de la entronización del deseo y de una vida menos gravosa, encontramos que, junto al culto a la imagen del cuerpo, proliferó la ortopedia farmacológica del bienestar y la pornografía mediática, donde el placer por la actividad compartida fue reemplazado por la orfandad del espejo.
La fábula del Narciso de nuestro tiempo queda bien ilustrada por la vuelta de tuerca que Oscar Wilde hace del mito (citado por Emilio Rodrigué en Gigante por su propia naturaleza):
Narciso era un hermoso joven que todos los días contemplaba su belleza reflejada en el lago. Estaba tan fascinado por su imagen que un día cayó en el lago y murió ahogado. En ese lugar surgió una flor que lleva su nombre. Oscar Wilde dice que, cuando Narciso murió, las flores silvestres se sintieron desconsoladas y le pidieron al lago algunas gotas de agua para llorar por él.
–¡Oh! –exclamó el lago–. Si todas mis gotas de agua fuesen lágrimas, yo no tendría suficientes lágrimas para llorar a Narciso.
–No nos sorprende que llores por Narciso –respondieron las flores silvestres–. El era tan hermoso.
–¿Pero Narciso era bello? –preguntó el lago.
–¿Quién mejor que tú podría saberlo? –exclamaron las flores, sorprendidas–. Era sobre tu margen que él se contemplaba todos los días.
El lago permaneció en silencio por algún tiempo. Por fin dijo:
–Lloro por Narciso pero jamás noté que Narciso fuese bello. Lloro porque todas las veces que él se inclinaba sobre mis márgenes yo podía, en el fondo de sus ojos, ver mi propia belleza reflejada.
Como se puede observar, en esta dimensión del amor, que no es ajena a la de cierta clínica, cada uno cuenta como espejo para el otro. La reciprocidad amorosa no sería más que la de dos espejos enfrentados, destinados a reproducir hasta el infinito la imagen idealizada de uno mismo.
Dioniso era un dios griego diferente. Era el que figuraba al otro, al extranjero. Era el vagabundo, el errante, el viajero que llega a la ciudad de Tebas viniendo de lejos; vuelve a su lugar natal buscando ser aceptado, acogido, queriendo encontrar ahí un lugar de culto para él, pero choca con la incomprensión de una ciudad que no supo establecer un vínculo entre el país y los extranjeros, ni entre los sedentarios y los viajeros, ni entre la identidad consigo mismo y el distinto, el otro. Y cuentan que, entonces, los que rechazaban a lo diferente, los que rechazaban a aquello que podía servirles, que podía convidarlos a echar una mirada distinta sobre ellos mismos, los campeones de la identidad como inmutable, los convencidos de su superioridad, caen en actos de barbarie y de salvajismo: en la monstruosidad, la alteridad absoluta. Pierre Vernant comenta esto con una frase que me parece iluminadora para pensar la hora actual, para entender nuestra cotidianidad: “El horror se proyecta en el rostro de quien no ha sabido hacerle lugar al otro”. Cuando un grupo humano no acepta al otro, se vuelve extraño para sí.
La mirada es una de las formas principales en las que el otro se hace presente. Estamos bajo la mirada del otro y ponemos al otro bajo nuestra propia mirada. Hay miradas que acarician, miradas que constituyen espacios y otras que los niegan, que los ocultan. Donde hay miradas de miradas, se produce la atracción de un objeto evanescente, que no alcanzamos a percibir pero que nos anima, nos llama al deseo.
Cuando se descubre la posibilidad de otra mirada, cuando se produce el encuentro, no tanto con el objeto sino con lo que con éste se da a ver, se descorre la pantalla que esconde al mundo. Alberto Giacometti, ese extraordinario artista plástico del siglo pasado, propone despojarse de esa mirada configurada por los modos de ver instituidos, ir más allá de la pantalla que enceguece. Eso lo lleva en su obra a encontrarse con algo que se le hace difícil de representar y con lo que trabaja artísticamente. Es como si hiciese un agujero en la pantalla que recubre al mundo para que nosotros podamos ver y para poder ver él también, o por lo menos vislumbrar, a través de ese agujero que es su obra, algo de lo real.
Cada época, cada sector social, cada grupo humano participan de una mirada dominante que ordena y determina las maneras de ver las cosas del mundo, que da forma peculiar a los datos: la que hoy es dominante es un poco menos lúcida, más escotomizadora de la realidad y más fijada a la pantalla. El hecho artístico y también el acto psicoanalítico, aunque vayan por diferentes carriles, se hermanan en una función que es la de hacer abrir los ojos, no tanto porque nos provean de cosas nuevas, sino porque permiten ver lo distinto, lo alter, en lo conocido, en lo familiar, en uno mismo. Esto abre verdaderamente las puertas a la posibilidad de un lazo con los otros, más allá de la proyección narcisista que hace del semejante y de uno mismo sólo una imagen consumible o descartable.
Es nuestro prójimo quien puede acercar, a través del excedente que porta su mirar, el descubrimiento jubiloso de que no somos solamente una imagen reflejada en el espejo, y también aquello que ni la fotografía, ni el espejo, ni ningún otro artilugio tecnológico pueden mostrar: que mis ojos, al mirar los ojos de un otro, pueden encontrar, más allá del reflejo de uno mismo, mundos distintos.
Freud, cerca del final de Malestar en la cultura, se pregunta si estaría justificado diagnosticar que muchas culturas, aun la humanidad toda, ha devenido neurótica bajo el influjo de las aspiraciones culturales, es decir, ideales convertidos en mandatos superyoicos, al estilo de: “deberás amar a tu prójimo como a ti mismo”. Hoy, hay que poner en revisión el diagnóstico de la subjetividad de nuestro tiempo. No creo que todavía podamos hablar de neurosis: acertaríamos más si ubicáramos en el tejido social de nuestra época el predominio de formas narcisistas y perversas, en el sentido de un pacto fundado más en la desmentida de lo real que en la desmesura de la exigencia del ideal, y más en la supresión del otro como semejante que en el reconocimiento del impedimento que éste puede provocar a mis aspiraciones.
La desorientación de este tiempo de soledades se hace sentir irremediablemente en los cuerpos. El padecimiento psíquico, que en la época de la neurosis social se manifestaba en síntomas ruidosos, hoy se expresa mayormente en enfermedades silenciosas que no interpelan a nada ni a nadie y que se nutren de píldoras narcotizantes.
La experiencia del análisis puede ser una de las que permiten transformar las preguntas inconmensurables, ¿qué sentido tiene la vida?, ¿vale la pena vivir?, en términos de la experiencia del tiempo: ¿qué valor tiene el momento?, ¿cuánto puede contener, pues, un momento?
* Psicoanalista. Texto extractado del trabajo “La clínica psicoanalítica en tiempos de exclusión”.
“Alberto Giacometti propone ir más allá de la pantalla que enceguece.”
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“Hay que poner en revisión el diagnóstico de la subjetividad de nuestro tiempo –sostiene el autor–. No creo que todavía podamos hablar de neurosis: acertaríamos más si ubicáramos en el tejido social de nuestra época el predominio de formas narcisistas y perversas.”
Por Luis Vicente Miguelez *
“Incapaces de atrapar
el tiempo por la cola,
persiguen el suyo propio, girando ciegamente en
un solo momento
que abarca toda su vida.
¿Cuánto puede contener,
pues, un momento?”
John Berger
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He tomado la cita del libro Un hombre afortunado, donde John Berger realiza una profunda y sentida narración de la vida de un médico rural y del lazo que lo une a la pequeña comunidad en la que ejerce su profesión. Este texto constituye a mi modo de ver un lúcido ensayo sobre el oficio de curar. La manera en que este médico aborda la consulta pone de relieve lo que generalmente ésta evade. Berger comenta que se percibe en él la voluntad férrea del hombre que intenta reconocer al otro, y, aunque a veces fracase, se lo considera un buen médico porque, sobre todo, satisface las tácitas expectativas de fraternidad del enfermo. A lo que se está refiriendo no es, por supuesto, a que se comporte como un hermano real: lo que se le pide implícitamente al médico es que reconozca a su paciente con la certeza de un hermano ideal.
Berger reflexiona sobre un aspecto que excede el dominio de la medicina propiamente y entra en el terreno más amplio de lo clínico. Dice que Sassall, que es el nombre del protagonista, hace algo más que tratarlos cuando están enfermos: es el testigo objetivo de sus vidas. Sassall no es el árbitro último de sus litigios. Le cabe una denominación más humilde: la de archivero, el archivero de su historia. Lo que Sassall archive, sigue relatando Berger, nunca se elevará a una instancia superior: sencillamente mantiene los archivos para que ellos mismos puedan consultarlos.
Manera, a mi entender, sutil y perspicaz de hablar sobre el quehacer clínico. Archivero de la historia es una metáfora que ilumina el lugar reservado al psicoanalista, desde el cual se generan las interpretaciones más logradas, las que no se sostienen en lo sabido sino en lo verdadero que surge del decir sobre lo dicho.
Si he tomado como punto de partida estas reflexiones es porque considero que en nuestra época escasea, por no decir que se va perdiendo irremediablemente, este vínculo con el otro. Expectativas de fraternidad y reconocimiento son, hoy día, más bien asuntos de alguna reflexión filosófica que de la práctica cotidiana.
Pareciera que nuestra época quisiera aferrarse a ese no-tiempo, hacer de él un ideal de vida, donde, mientras todo simula ocurrir a altas velocidades, el tiempo verdaderamente no transcurre y se experimenta una especie de sucesión eternizada sin acontecer.
Se nos ofrece habitar ese notiempo de la imagen perpetuada, exasperada hasta el extremo de su enrarecimiento. El sujeto del siglo XXI estaría bien dispuesto a dejarse acondicionar por una batería de píldoras, implantes y emparches, que se le prometen como amortiguación tecnológica al impacto del vivir, del transcurrir temporal de la existencia.
Considero que, en estos tiempos que nos tocan vivir, un nuevo objeto viene a ocupar el lugar vacío del ideal del yo, distinto de aquellos que anunció Freud: ni el hipnotizador, ni el líder, ni el amado, sino el cuerpo bello y eternamente joven, exhibido a la contemplación del gran ojo social.
El ideal de nuestra época se ha vuelto esencialmente visual, con tal énfasis que está dejando de ser escópico para volverse pornográfico. Una imagen simultáneamente venerada y sustituida prontamente, es decir eternamente descartable, suplanta hoy la producción de relatos, de narración y de historia.
No hace mucho, alguien podía anunciar y saludar el fin de los grandes relatos de la historia, aquellos que, habiendo perdido supuestamente su potencial utópico, encadenaban el existir y el goce del cuerpo a ideales que se fueron convirtiendo en pesados lastres para la vida y para la economía del placer. Me refiero al optimismo posmoderno, que duró unos pocos años; esa esperanza fallida de dar libertad al cuerpo que se suponía, no del todo equivocadamente, prisionero en la cárcel del alma.
Pero, a contramano de lo esperado, de la ilusión de la entronización del deseo y de una vida menos gravosa, encontramos que, junto al culto a la imagen del cuerpo, proliferó la ortopedia farmacológica del bienestar y la pornografía mediática, donde el placer por la actividad compartida fue reemplazado por la orfandad del espejo.
La fábula del Narciso de nuestro tiempo queda bien ilustrada por la vuelta de tuerca que Oscar Wilde hace del mito (citado por Emilio Rodrigué en Gigante por su propia naturaleza):
Narciso era un hermoso joven que todos los días contemplaba su belleza reflejada en el lago. Estaba tan fascinado por su imagen que un día cayó en el lago y murió ahogado. En ese lugar surgió una flor que lleva su nombre. Oscar Wilde dice que, cuando Narciso murió, las flores silvestres se sintieron desconsoladas y le pidieron al lago algunas gotas de agua para llorar por él.
–¡Oh! –exclamó el lago–. Si todas mis gotas de agua fuesen lágrimas, yo no tendría suficientes lágrimas para llorar a Narciso.
–No nos sorprende que llores por Narciso –respondieron las flores silvestres–. El era tan hermoso.
–¿Pero Narciso era bello? –preguntó el lago.
–¿Quién mejor que tú podría saberlo? –exclamaron las flores, sorprendidas–. Era sobre tu margen que él se contemplaba todos los días.
El lago permaneció en silencio por algún tiempo. Por fin dijo:
–Lloro por Narciso pero jamás noté que Narciso fuese bello. Lloro porque todas las veces que él se inclinaba sobre mis márgenes yo podía, en el fondo de sus ojos, ver mi propia belleza reflejada.
Como se puede observar, en esta dimensión del amor, que no es ajena a la de cierta clínica, cada uno cuenta como espejo para el otro. La reciprocidad amorosa no sería más que la de dos espejos enfrentados, destinados a reproducir hasta el infinito la imagen idealizada de uno mismo.
Dioniso era un dios griego diferente. Era el que figuraba al otro, al extranjero. Era el vagabundo, el errante, el viajero que llega a la ciudad de Tebas viniendo de lejos; vuelve a su lugar natal buscando ser aceptado, acogido, queriendo encontrar ahí un lugar de culto para él, pero choca con la incomprensión de una ciudad que no supo establecer un vínculo entre el país y los extranjeros, ni entre los sedentarios y los viajeros, ni entre la identidad consigo mismo y el distinto, el otro. Y cuentan que, entonces, los que rechazaban a lo diferente, los que rechazaban a aquello que podía servirles, que podía convidarlos a echar una mirada distinta sobre ellos mismos, los campeones de la identidad como inmutable, los convencidos de su superioridad, caen en actos de barbarie y de salvajismo: en la monstruosidad, la alteridad absoluta. Pierre Vernant comenta esto con una frase que me parece iluminadora para pensar la hora actual, para entender nuestra cotidianidad: “El horror se proyecta en el rostro de quien no ha sabido hacerle lugar al otro”. Cuando un grupo humano no acepta al otro, se vuelve extraño para sí.
La mirada es una de las formas principales en las que el otro se hace presente. Estamos bajo la mirada del otro y ponemos al otro bajo nuestra propia mirada. Hay miradas que acarician, miradas que constituyen espacios y otras que los niegan, que los ocultan. Donde hay miradas de miradas, se produce la atracción de un objeto evanescente, que no alcanzamos a percibir pero que nos anima, nos llama al deseo.
Cuando se descubre la posibilidad de otra mirada, cuando se produce el encuentro, no tanto con el objeto sino con lo que con éste se da a ver, se descorre la pantalla que esconde al mundo. Alberto Giacometti, ese extraordinario artista plástico del siglo pasado, propone despojarse de esa mirada configurada por los modos de ver instituidos, ir más allá de la pantalla que enceguece. Eso lo lleva en su obra a encontrarse con algo que se le hace difícil de representar y con lo que trabaja artísticamente. Es como si hiciese un agujero en la pantalla que recubre al mundo para que nosotros podamos ver y para poder ver él también, o por lo menos vislumbrar, a través de ese agujero que es su obra, algo de lo real.
Cada época, cada sector social, cada grupo humano participan de una mirada dominante que ordena y determina las maneras de ver las cosas del mundo, que da forma peculiar a los datos: la que hoy es dominante es un poco menos lúcida, más escotomizadora de la realidad y más fijada a la pantalla. El hecho artístico y también el acto psicoanalítico, aunque vayan por diferentes carriles, se hermanan en una función que es la de hacer abrir los ojos, no tanto porque nos provean de cosas nuevas, sino porque permiten ver lo distinto, lo alter, en lo conocido, en lo familiar, en uno mismo. Esto abre verdaderamente las puertas a la posibilidad de un lazo con los otros, más allá de la proyección narcisista que hace del semejante y de uno mismo sólo una imagen consumible o descartable.
Es nuestro prójimo quien puede acercar, a través del excedente que porta su mirar, el descubrimiento jubiloso de que no somos solamente una imagen reflejada en el espejo, y también aquello que ni la fotografía, ni el espejo, ni ningún otro artilugio tecnológico pueden mostrar: que mis ojos, al mirar los ojos de un otro, pueden encontrar, más allá del reflejo de uno mismo, mundos distintos.
Freud, cerca del final de Malestar en la cultura, se pregunta si estaría justificado diagnosticar que muchas culturas, aun la humanidad toda, ha devenido neurótica bajo el influjo de las aspiraciones culturales, es decir, ideales convertidos en mandatos superyoicos, al estilo de: “deberás amar a tu prójimo como a ti mismo”. Hoy, hay que poner en revisión el diagnóstico de la subjetividad de nuestro tiempo. No creo que todavía podamos hablar de neurosis: acertaríamos más si ubicáramos en el tejido social de nuestra época el predominio de formas narcisistas y perversas, en el sentido de un pacto fundado más en la desmentida de lo real que en la desmesura de la exigencia del ideal, y más en la supresión del otro como semejante que en el reconocimiento del impedimento que éste puede provocar a mis aspiraciones.
La desorientación de este tiempo de soledades se hace sentir irremediablemente en los cuerpos. El padecimiento psíquico, que en la época de la neurosis social se manifestaba en síntomas ruidosos, hoy se expresa mayormente en enfermedades silenciosas que no interpelan a nada ni a nadie y que se nutren de píldoras narcotizantes.
La experiencia del análisis puede ser una de las que permiten transformar las preguntas inconmensurables, ¿qué sentido tiene la vida?, ¿vale la pena vivir?, en términos de la experiencia del tiempo: ¿qué valor tiene el momento?, ¿cuánto puede contener, pues, un momento?
* Psicoanalista. Texto extractado del trabajo “La clínica psicoanalítica en tiempos de exclusión”.
“Alberto Giacometti propone ir más allá de la pantalla que enceguece.”
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Estamos pensando...
lunes, 6 de julio de 2009
Importancia de la educación en la erradicación de la violencia de género
Erradiquemos la violencia de género formando a las personas
06/07/2009
Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres
La ley contra la violencia de género establece su inclusión en la formación del profesorado, como requisito imprescindible para su erradicación. Las universidades están incumpliendo la ley. Exijamos su inclusión en los nuevos planes de formación universitaria de las y los profesionales de la educación.
El año 2004 se aprobaba la Ley orgánica 1/2004 de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género. El artículo 7 de dicha ley en el cual se hace referencia a la formación inicial y permanente del profesorado dice:
Artículo 7.Formación inicial y permanente del profesorado.
Las Administraciones educativas adoptarán las medidas necesarias para que en los planes de formación inicial y permanente del profesorado se incluya una formación específica en materia de igualdad, con el fin de asegurar que adquieren los conocimientos y las técnicas necesarias que les habiliten para:
a. La educación en el respeto de los derechos y libertades fundamentales y de la igualdad entre hombres y mujeres y en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad dentro de los principios democráticos de convivencia.
b. La educación en la prevención de conflictos y en la resolución pacífica de los mismos, en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social.
c. La detección precoz de la violencia en el ámbito familiar, especialmente sobre la mujer y los hijos e hijas.
d. El fomento de actitudes encaminadas al ejercicio de iguales derechos y obligaciones por parte de mujeres y hombres, tanto en el ámbito público como privado, y la corresponsabilidad entre los mismos en el ámbito doméstico.
Desde la Plataforma unitaria contra la violencia de género aplaudimos en su momento esta propuesta, pues cumple uno de los requerimientos básicos que se valoran para la erradicación de la violencia de género: la prevención, formando a los y las profesionales de la educación para que puedan desarrollar acciones directas en los centros educativos. El punto 5 de nuestro manifiesto exige la educación y socialización.
Tomado de:
http://www.e-mujeres.net
06/07/2009
Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres
La ley contra la violencia de género establece su inclusión en la formación del profesorado, como requisito imprescindible para su erradicación. Las universidades están incumpliendo la ley. Exijamos su inclusión en los nuevos planes de formación universitaria de las y los profesionales de la educación.
El año 2004 se aprobaba la Ley orgánica 1/2004 de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la violencia de género. El artículo 7 de dicha ley en el cual se hace referencia a la formación inicial y permanente del profesorado dice:
Artículo 7.Formación inicial y permanente del profesorado.
Las Administraciones educativas adoptarán las medidas necesarias para que en los planes de formación inicial y permanente del profesorado se incluya una formación específica en materia de igualdad, con el fin de asegurar que adquieren los conocimientos y las técnicas necesarias que les habiliten para:
a. La educación en el respeto de los derechos y libertades fundamentales y de la igualdad entre hombres y mujeres y en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad dentro de los principios democráticos de convivencia.
b. La educación en la prevención de conflictos y en la resolución pacífica de los mismos, en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social.
c. La detección precoz de la violencia en el ámbito familiar, especialmente sobre la mujer y los hijos e hijas.
d. El fomento de actitudes encaminadas al ejercicio de iguales derechos y obligaciones por parte de mujeres y hombres, tanto en el ámbito público como privado, y la corresponsabilidad entre los mismos en el ámbito doméstico.
Desde la Plataforma unitaria contra la violencia de género aplaudimos en su momento esta propuesta, pues cumple uno de los requerimientos básicos que se valoran para la erradicación de la violencia de género: la prevención, formando a los y las profesionales de la educación para que puedan desarrollar acciones directas en los centros educativos. El punto 5 de nuestro manifiesto exige la educación y socialización.
Tomado de:
http://www.e-mujeres.net
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Autora: Martha Alicia Lombardelli
domingo, 5 de julio de 2009
La belleza de Alma Mahler

Algo más que belleza hizo que los hombres la desearan y adoraran.
He leído sobre ella y comprobé que se le reprocha el que haya tenido amores con Gropius, simultáneamente a su matrimonio con el genial (me encanta su música) Mahler. Pero este músico al casarse con ella, le impuso el abandono de sus inquietudes artísticas en la pintura y la música para dedicarse plenamente a su matrimonio, aunque fue copista y lectora de pruebas de las obras de su esposo.
También leí que era antisemita, como si fuera una novedad y el caso Deyfus nunca hubiera existido.
Me atrevo a pensar que su belleza impedía a los hombres que la trataron, reconocerle algún talento aunque la cláusula del contrato matrimonial con Mahler,
lleva a pensar que, aparte de tener una cautiva de lujo, se prevenía acerca del posible talento de ella.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Historia de mujeres
martes, 30 de junio de 2009
Sentido y Poder
En estos días estamos todos tratando de interpretar el resultado de las elecciones legislativas.
La interpretación está -más allá de toda determinación cultural, profesional, de historia de vida- íntimamente ligada al poder.
Para ejemplificar ésto transcribiré un diálogo entre Alicia y Humpty Dumpty:
-Es la cosa... más... ofensiva... cuando una persona no distingue una corbata de un cinturón!- dijo por fin-
-Sé que se trata de una ignorancia de mi parte -repuso Alicia, con tanta humildad que aplacó a Humpty Dumpty.
-Es una corbata, hija, y una muy hermosa corbata, como tú dices. Es un regalo de no-cumpleaños.
-¿Perdón? -dijo Alicia con aire perplejo.
-No estoy ofendido -dijo Humpty Dumpty.
-Quiero decir, ¿qué es un regalo de no-cumpleaños?
-Un regalo que te hacen cuando no cumples años, por supuesto.
Alicia lo pensó un poco.
-Me gustan más los regalos de cumpleaños -dijo por fin.
-¡No sabes de qué estás hablando! -gritó Humpty Dumpty. ¿Cuántos días hay en un año?
-Trescientos sesenta y cinco - dijo Alicia.
-¿Y cúantas veces cumples años?
-Una.
- ¿Y si les restas uno a trescientos sesenta y cinco, qué queda?
-Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.
Humpty Dumpty parecía dudar.
-Me gustaría ver eso escrito -dijo.
Alicia no pudo contener una sonrisa mientras sacaba su cuaderno de apuntes y hacía la cuenta para él.
365
- 1
-----
364
Humpty Dumpty tomó el cuaderno y lo miró cuidadosamente.
-Parece estar bien hecha... -empezó.
-¡Lo está teniendo al revés!-interrumpió Alicia
-¡Seguro que sí! -dijo jovialmente Humpty Dumpty, mientras ella se daba vuelta-. Ya me parecía que se veía un poco extraño. Como estaba diciendo, parece estar bien hecha...aunque no tenga tiempo para revisarla a fondo ahora... Y eso demuestra que existen trescientos sesenta y cuatro días en los que podrías tener regalos de no-cumpleaños...
-Sin duda -dijo Alicia.
-Y sólo uno para regalos de cumpleaños. ¡Debe ser la gloria para ti!
-No sé qué quiere decir con "gloria".
Humpty Dumpty sonrió desdeñosamente.
-Por supuesto que no... hasta que yo te lo diga. ¡Quise decir "debe ser un argumento aplastante para tí"!
-Pero "gloria" no significa "un argumento aplastante" -objetó Alicia
-Cuando yo uso una palabra -dijo Humpty Dumpty, en tono algo despectivo-, esa palabra significa exactamente lo que yo decidí que signifique... Ni más ni menos.
La interpretación está -más allá de toda determinación cultural, profesional, de historia de vida- íntimamente ligada al poder.
Para ejemplificar ésto transcribiré un diálogo entre Alicia y Humpty Dumpty:
-Es la cosa... más... ofensiva... cuando una persona no distingue una corbata de un cinturón!- dijo por fin-
-Sé que se trata de una ignorancia de mi parte -repuso Alicia, con tanta humildad que aplacó a Humpty Dumpty.
-Es una corbata, hija, y una muy hermosa corbata, como tú dices. Es un regalo de no-cumpleaños.
-¿Perdón? -dijo Alicia con aire perplejo.
-No estoy ofendido -dijo Humpty Dumpty.
-Quiero decir, ¿qué es un regalo de no-cumpleaños?
-Un regalo que te hacen cuando no cumples años, por supuesto.
Alicia lo pensó un poco.
-Me gustan más los regalos de cumpleaños -dijo por fin.
-¡No sabes de qué estás hablando! -gritó Humpty Dumpty. ¿Cuántos días hay en un año?
-Trescientos sesenta y cinco - dijo Alicia.
-¿Y cúantas veces cumples años?
-Una.
- ¿Y si les restas uno a trescientos sesenta y cinco, qué queda?
-Trescientos sesenta y cuatro, naturalmente.
Humpty Dumpty parecía dudar.
-Me gustaría ver eso escrito -dijo.
Alicia no pudo contener una sonrisa mientras sacaba su cuaderno de apuntes y hacía la cuenta para él.
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Humpty Dumpty tomó el cuaderno y lo miró cuidadosamente.
-Parece estar bien hecha... -empezó.
-¡Lo está teniendo al revés!-interrumpió Alicia
-¡Seguro que sí! -dijo jovialmente Humpty Dumpty, mientras ella se daba vuelta-. Ya me parecía que se veía un poco extraño. Como estaba diciendo, parece estar bien hecha...aunque no tenga tiempo para revisarla a fondo ahora... Y eso demuestra que existen trescientos sesenta y cuatro días en los que podrías tener regalos de no-cumpleaños...
-Sin duda -dijo Alicia.
-Y sólo uno para regalos de cumpleaños. ¡Debe ser la gloria para ti!
-No sé qué quiere decir con "gloria".
Humpty Dumpty sonrió desdeñosamente.
-Por supuesto que no... hasta que yo te lo diga. ¡Quise decir "debe ser un argumento aplastante para tí"!
-Pero "gloria" no significa "un argumento aplastante" -objetó Alicia
-Cuando yo uso una palabra -dijo Humpty Dumpty, en tono algo despectivo-, esa palabra significa exactamente lo que yo decidí que signifique... Ni más ni menos.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Producción personal
domingo, 21 de junio de 2009
Película Felicitas

Ayer fui a ver Felicitas. ¿Qué me pareció?
Paso a detallar, toda evaluación es subjetiva:
Vestuario: muy bueno.
Ambientación: buena.
Me llamó la atención que el carruaje saliera por lugares donde ni había huella de carruajes. Eso sucede a pleno día por eso se nota tanto.
Los diálogos me parecen casi impersonales: son meros parlamentos.
El trabajo actoral es muy desparejo:
Luis Brandoni: ¡excelente! Correcto como corresponde a su personaje, medido y pleno de sentimiento. Dice las cosas con tanta verosimilitud que es imposible no creerle.
Sabrina Garciarena: Presenta altibajos en su actuación: cuando está al lado de Brandoni se luce; no parece creíble su amor por el joven Enrique Ocampo. Esto es comprensible porque la actuación de Gonzalo Heredia es igualmente despareja y, en definitiva, no aporta nada a su personaje. Lo podía haber actuado cualquier otro actor.
Los personajes secundarios: padres, primos, nana y capataz y peones no convencen a nadie con su trabajo actoral. Finjen los gestos para demostrar sentimientos. Cuando el padre mira con rabia u odio o ¡vaya a saber qué!, a Enrique Ocampo, no es nada creíble. Se mirada no se sabe a qué obedece; si a tenerlo bajo la mira o porque ha sospechado algo...
Gonzalo Heredia y Alejandro Awada: no son creibles porque utilizan la misma gestualidad para demostrar sentimientos de distinta intensidad.
Me pareció rescatable la actuación del actor que hace el papel de último pretendiente. Es breve y eso le permite no repetirse en su actuación.
El guión es pobre, casi anodino.
Me pareció valioso el intento de abordar la historia esa, pero guión y actuación totalmente débiles.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Historia de mujeres
miércoles, 10 de junio de 2009
Tratando de comprender...
Por la emergencia inminente del fascismo, Husserl propondrá para la ciencia un acercamiento al mundo de la vida. La ciencia no es teoría pura. Aparentemente, a las ciencias se les aparece el mundo objetivamente como un universo de hechos. La descripción científica captará la conexión legal entre los hechos.
Lo que Husserl propondrá en primera instancia, es que ese saber del mundo aparentemente objetivo, nace de un mundo precientífico. Eso que se constituirá como objeto de conocimiento para la ciencia, están presentes de antemano en las autocomprensiones de nuestro mundo vital primario.
Hasta aquí, la fenomenología propone una subjetividad dadora de sentido.
Pero luego, Husserl intentará mostrar que esa subjetividad desaparece bajo la apariencia de una autocomprensión objetivista porque, según observa Husserl, las ciencias conservan el peso de los intereses del mundo de la vida.
Ante eso, sólo la fenomenología romperá con la actitud ingenua (supongo que con la epojé) y propone una actitud contemplativa y rigurosa, liberando al conocimiento del interés.
Ahora Husserl equipara esa autorreflexión trascendental, que denominará descripción fenomenológica con la teoría pura. Teoría liberada de los intereses, similar a la platónica: impráctica.
Según Husser, esta teoría "depurada", a la larga orientará la acción. Al ejercitarla, se reconcilia con la práctica"
Esto permitirá que se produzca una praxis nueva, que tiende a elevar la humanidad , mediante la razón científica universal, a normas de verdad; una nueva praxis que trabaja por lograr una nueva humanidad fundamentalmente nueva: apta para la autoresponsabilida absoluta, fundada en perspectivas teóricas absolutas"
Sin embargo, esta apelación a la descripción fenomenológica, no se deja fundamentar.
En todo caso, sólo es un paso necesario para la labor trascendental de la conciencia.
Como diría Kant, sólo describe leyes de razón pura.
Lo valioso de Husserl es su crítica a la ilusión objetivista de la ciencia. Pero:
hacer consciente que la objetuación está sujeta a intereses del mundo práctico, -que hace necesario practicar el recorte de la epojé-, no garantiza la desconexión del saber con los intereses de la vida ni perfecciona la praxis o el obrar.
Por hoy, seguiré rumiando estas ideas que- en definitiva- aparecen sustentando el discurso de los políticos en sus propuestas como candidatos elegibles.
Lo que Husserl propondrá en primera instancia, es que ese saber del mundo aparentemente objetivo, nace de un mundo precientífico. Eso que se constituirá como objeto de conocimiento para la ciencia, están presentes de antemano en las autocomprensiones de nuestro mundo vital primario.
Hasta aquí, la fenomenología propone una subjetividad dadora de sentido.
Pero luego, Husserl intentará mostrar que esa subjetividad desaparece bajo la apariencia de una autocomprensión objetivista porque, según observa Husserl, las ciencias conservan el peso de los intereses del mundo de la vida.
Ante eso, sólo la fenomenología romperá con la actitud ingenua (supongo que con la epojé) y propone una actitud contemplativa y rigurosa, liberando al conocimiento del interés.
Ahora Husserl equipara esa autorreflexión trascendental, que denominará descripción fenomenológica con la teoría pura. Teoría liberada de los intereses, similar a la platónica: impráctica.
Según Husser, esta teoría "depurada", a la larga orientará la acción. Al ejercitarla, se reconcilia con la práctica"
Esto permitirá que se produzca una praxis nueva, que tiende a elevar la humanidad , mediante la razón científica universal, a normas de verdad; una nueva praxis que trabaja por lograr una nueva humanidad fundamentalmente nueva: apta para la autoresponsabilida absoluta, fundada en perspectivas teóricas absolutas"
Sin embargo, esta apelación a la descripción fenomenológica, no se deja fundamentar.
En todo caso, sólo es un paso necesario para la labor trascendental de la conciencia.
Como diría Kant, sólo describe leyes de razón pura.
Lo valioso de Husserl es su crítica a la ilusión objetivista de la ciencia. Pero:
hacer consciente que la objetuación está sujeta a intereses del mundo práctico, -que hace necesario practicar el recorte de la epojé-, no garantiza la desconexión del saber con los intereses de la vida ni perfecciona la praxis o el obrar.
Por hoy, seguiré rumiando estas ideas que- en definitiva- aparecen sustentando el discurso de los políticos en sus propuestas como candidatos elegibles.
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Autora: Martha Alicia Lombardelli,
Estamos pensando...
domingo, 31 de mayo de 2009
Acuario
Acuario - humanitario
signo de aire. (Razón y comunicación)
Sentido de universalidad. Muy humanitario, pero individual. No desea invadir.
Rompe todas las estructuras nuevas. Es fijo en la inestabilidad.
Todo en el universo muta. Defiende utopías. Tiene capacidad de captación y saber. Chispasos de genialidad. Excéntricos y rebeldes. La libertad, es una urgencia. Contactos humanos, más que prácticos. Revolucionarios.
En el amor es apasionado, comunicativo, pero con ansia de libertad.
Defectos principales: obstinación, terquedad, demasiado utópico. Agitador, fantasioso, prototípico del insatisfecho.
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¿Será cierto?...,
Autora: Martha Alicia Lombardelli
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